En el Festival de Televisión de Montecarlo, la producción española sobre “ladrones buenos” se convirtió en la vedette. Su responsable reflexionó sobre algunas de las características que la llevaron a ser boom en Netflix.
Alex Pina. “El mensaje político es la última cosa de la que queremos hablar. La fuerza de la serie es descolocar moralmente al espectador”.
Mónaco - "El espectador es cada vez más experto, ve muchísimas horas de ficción al día. En la tercera temporada de ' La casa de papel' puede que lleguemos a manejar cinco tiempos en un mismo capítulo", dijo a la prensa Alex Pina, creador de la serie española que es la más vista en habla no inglesa en Netflix.
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En el Festival de Televisión de Montecarlo, Pina reconoció que en un principio tanto él como los guionistas pensaron en no aceptar una tercera temporada por una razón sensata: no tenían claro cómo traer de vuelta a los asaltantes devenidos millonarios. "Tomar la decisión de seguir fue realmente duro. Nos llamaron de Netflix con la propuesta y les dijimos que esperaran a ver si se nos ocurría cómo seguir. Dos meses después creímos que teníamos una buena idea. Lo primero que hubo que pensar fue en un incentivo que los lleve a dejar esta nueva y acomodada vida para retornar a la acción. ¿Cuál será la motivación de los atracadores para cometer otro robo si lograron huir como millonarios del atraco anterior? Necesitábamos encontrar una razón poderosa para que volvieran a robar, algo emocional, y ahora lo tenemos".
Cuando Netflix empezó a difundir el año pasado esta serie española sobre un espectacular atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de Madrid, la convirtió inesperadamente en oro. Y es que previamente, su exhibición en Antena 3 había cosechado una audiencia limitada. Apoyada en una simbología fuerte, como la canción de resistencia "Bella ciao" (Adiós bella), a la que la serie ha dado una segunda vida, o las caretas de Dalí que llevan los atracadores y se venden a raudales en la calle. Producto paradigmático que arrastra a los televidentes con el ingrediente adictivo del suspense, los ladrones de buen corazón tienen nombres de ciudades como "Nairobi", "Denver" y "Rio" y congregan en las redes sociales hordas de fans. Una de ellas, Úrsula Corberó ("Tokio" y novia del Chino Darín), bate récords con 5,4 millones de seguidores en Instagram.
Según Marjolaine Boutet, especialista francesa en series de TV, "La casa de papel" rompe "todos los códigos" del género porque, en vez de "ir muy rápido", sucede prácticamente hora por hora. Además no se roba dinero de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, sino que se fabrica, "en una cantidad tan monumental que no tiene ningún sentido". El espectador espera una serie de violencia y finalmente se topa con una "reflexión sobre la sociedad y cómo podemos reinventarnos". Denuncia el poder del dinero y se hace eco del sentimiento antiliberal. "De la derecha a la izquierda, hay un rechazo del sistema" actual, como lo demuestran las "últimas elecciones" en el mundo. Los propios candidatos, surgidos del populismo, se presentan como antisistema para conquistar el electorado. Hay un cerebro, el Profesor, que prepara a todo el equipo de atracadores, pero que también "les hace ser conscientes de que van a hacer algo por una causa, no solo para su interés particular". Es una "búsqueda de un compromiso en una causa común, frente al individualismo, el capitalismo". Este componente se dirige sobre todo a los jóvenes. El Profesor es un hombre sumamente inteligente, que lo tiene todo calculado en el plano intelectual, pero "no había previsto" enamorarse de Raquel, la negociadora de la policía.
Periodista: Su serie se inspiró en el movimiento de protesta de los indignados en España. ¿Hasta qué punto están llamando al público a la resistencia?
Alex Pina: El mensaje político es la última cosa de la que queremos hablar. Tenemos una banda de desencantados, de gente perdedora, una "Tokio" que no tiene adonde ir, una "Nairobi" que tiene una historia tremenda, todos los personajes tienen un pozo de una realidad muy dura, donde tú te sumas a ellos porque quieres que ganen. La fuerza de la serie reside en descolocar moralmente al espectador.
P.: Netflix no difunde datos sobre audiencias. ¿Conocen ustedes a su público?
A.P.: No está muy claro el perfil, porque le gusta a mucha gente. Netflix no da datos, pero hoy de alguna manera no se necesitan porque las redes sociales te sitúan en lugares: la comunicación es directa. Brasil, la Argentina, Francia, Turquía son los países en que tenemos éxito.
P.: Así que es en las redes sociales donde dan con su audiencia.
A.P.: Las redes dan mucha información, pero por ejemplo había un gran sector de la gente que quería matar a Arturo y que realmente lo odiaba. Y sin embargo Netflix ha hecho un muestreo entre los fans de la serie y una de las cosas más fascinantes es que a la gente le gusta odiar a Arturo. Hay mensajes muchas veces que son contradictorios. No sabe si "Berlín" es un tipo al que hay que odiar, es despreciable, cruel, y luego lo adoras. Estamos cambiando el foco moral y manipulando al espectador y creo que al espectador le gusta que hagamos eso.
P.: ¿Plantean las series como una competencia al cine?
A.P.: Sí. Noto como espectador que lo que me está ocurriendo con las series es que cuando voy al cine parece que se está quedando como el hermano menor. Las series son la nueva literatura por fascículos, lo veo en mi casa con mi hija, que no lee, ve series. Vamos pasando por fases en la narrativa. Hay épocas en que era más interesante la comedia, lo lúdico, los géneros y finalmente hemos llegado a un lugar donde la gente está muy interesada en la vida de los personajes. Y las posibilidades que tiene una serie que al menos tiene 10 capítulos son infinitamente mayores que las que pueda tener una película en 90 minutos.
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