16 de mayo 2011 - 00:00

Lavado y fondos de campaña, rehenes de peligrosa sesión

Ernesto Sanz, Miguel Pichetto
Ernesto Sanz, Miguel Pichetto
El Congreso sesiona con cuentagotas y eso no parece preocupar a nadie. Salvo cuando al oficialismo y a la oposición, que armaron un esquema casi escandaloso de sesiones para justificar el trabajo este año electoral, se les va la mano. Es el caso del Senado por estos días. El país está al borde de un papelón internacional, que puede complicar seriamente al Estado y a particulares, con la amenaza del GAFI de quitarle la calificación de «confiable» si no se vota antes de junio la modificación en la legislación antilavado. En Diputados hubo trabajo sobre el tema desde enero, discusiones, acuerdos, rupturas, presiones y modificaciones que hicieron peligrar la ley. Pero finalmente votó la inclusión del delito de lavado como tipo autónomo en el Código Penal y otros cambios que llegan incluso a la conducción de la UIF, aunque mucho menos que lo esperado por la oposición.

El Senado hizo rondas de consulta en comisión y finalmente hubo dictamen. Al mismo tiempo, se detectaron errores en el texto de la sanción de Diputados que complican seriamente a contadores, abogados y otros sujetos obligados. Para no demorar la ley, se acordó aprobar una norma correctiva paralela, un vicio bastante común en el Congreso, y así despejar el fantasma de la sanción en la cumbre del GAFI de México. Hasta ahora, tanto Miguel Pichetto como Ernesto Sanz anunciaron la voluntad de modificar el proyecto dentro de una correctiva y no entorpecer la sanción.

Franco

Pero la votación en el Senado pasó al 1 de junio. ¿Por qué, entonces, tres semanas más de demora? Muy simple: los senadores acordaron sesionar cada dos semanas, por esto de demostrar que algo están haciendo, y este miércoles tocaba franco. El próximo, que si hubiera correspondido para una sesión, es 25 de mayo y, por lo tanto, feriado. Así, no quedó otra que dejar todo para el 1 de junio. Inexplicable que no hubiera podido modificar la agenda.

De esta forma, el Congreso ingresó desde el miércoles pasado en una parálisis extraña; no hay conflictos internos en esto, sólo el acuerdo de no sesionar.

Por lo tanto, todo se juega el 1 de junio. Peligrosamente, ese día el oficialismo deberá garantizarse el quórum (Pichetto lo recuperó desde hace meses) para despejar la posibilidad de una nueva demora en la votación de la ley antilavado. No es que la oposición esté en contra (en realidad, todos los bloques anunciaron que estarán presentes), pero no será la primera vez que una sesión falla porque todos confían en contar con senadores de sobra.

Lo mismo puede pensarse para el segundo tema que está pendiente de definición en el Gobierno y en el Congreso: el pago del aporte estatal para la campaña. Si no se aprueba en junio, complicará seriamente a los partidos, pero tampoco parece haber apuro (ver nota aparte).

Personal doméstico

Para ese mismo día hay otro tema pendiente: el proyecto de ley que propone un nuevo régimen laboral para el personal de servicio doméstico. Ya se votó en Diputados y en general en el Senado, pero quedó pendiente la aprobación en particular.

Allí, quieren volver a incluir algunas quitas que se le hicieron en Diputados, como el artículo que obligaba al empleador a pagar los estudios de los empleados de entre 16 y 18 años.

Si esos temas no se aprueban en esa fecha, el cronograma de «trabajo» del Senado prevé dos sesiones más, el 29 de junio y el 13 de julio, ambas demasiado tarde para solucionar los problemas pendientes. De lo contrario, todo pasará para después de las primarias de agosto.

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