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Lavaine: la comida como una de las bellas artes
Eric Lavaine: “‘Entre tragos y amigos’ se inspira en esos grupos de amigos que siempre se juntan a comer, que comparten el placer de la mesa, algo que se da mucho en Francia”.
Periodista: En su nueva obra parece que los actores están comiendo de veras, ¿es así?
Eric Lavaine: Así es. Y en algunas escenas no daban más, porque a cada repetición les llenaba el plato de nuevo. Pero beben de mentira. Jugo de cassis en vez de tinto, y de manzana en vez de champagne. En cuanto a Lambert Wilson, él se llevaba la copa a los labios, nosotros le íbamos bajando el nivel en postproducción. Es un efecto especial muy sencillo. También mejoré el color verde del peppermint, adensé algunos vinos (soy extremadamente sensible a la sensación de espesor de los vinos) y, ya que estaba borré las ojeras de Sophie Duez, un cable que molestaba en la decoración, y agregué una persiana que no existía. Al paisaje y el resto de la casa no los tocamos, son así de lindos.
P.: La casona adonde van todos de vacaciones en las sierras parece de película.
E.L.: Y es de veras, salvo la persiana. Pensábamos ir a una casa muy elegante cerca de Saint-Tropez, pero no me veía cómodo. Faltando tres semanas para iniciar el rodaje pensé en Le Vigan, ahí en la Civelles. El equipo me miraba con recelo. Pocos franceses conocen ese lugar. Piense que la ciudad más cercana, Montpellier, está a 80 kms., lo demás son pueblitos perdidos. Pero después estaban tan contentos que no querían irse.
P.: ¿Y usted cómo lo conocía?
E.L.: En 1968 mis padres compraron 20 hectáreas por lo que hoy serían 9.000 euros. Mi padre murió hace dos años, le hubiera gustado verme filmando en esas sierras que él amaba, y que abren el apetito. El era juez, mamá secretaria, y yo estaba en una agencia de publicidad. Por casualidad pasé a escribir gags para una serie televisiva, "Les guignols de l'Info", una cosa llevó a la otra, terminé como guionista de otra serie, y cuatro años más tarde hice mi primera comedia, "Poltergay".
P.: ¿Parodia de "Poltergeist"?
E.L.: Algo así, solo que en el lugar donde se instala una pareja había habido un nightclub gay. A esa siguieron otras comedias de diversa índole, no muchas, de tipo policial, turístico, etc. "Entre tragos y amigos" se inspira en esos grupos de amigos que siempre se juntan a comer, que comparten el placer de la mesa, algo que se da mucho en Francia. Es interesante ver la evolución de sus integrantes, porque a veces hay algo de violencia, cuando uno tiene problemas de plata, o se quedó por debajo del nivel de los otros, o simpatiza con otro club, o una pareja del grupo se separa, y los demás no saben cómo tratar a cada uno por separado, etc. Filmar todo eso requiere un casting adecuado y espacios amplios para filmar a todos juntos. Además los espacios amplios dan un efecto agradable. Por eso, una discusión la filmé en un espacio más chico, donde estaban medio apretados. La situación es desagradable, entonces el lugar contribuye a esa sensación.
P.: ¿En cuanto al casting?
E.L.: En una película coral como ésta, el problema es cuando un actor está en la escena pero no le toca hablar, y como no habla no se molesta en actuar. ¡Hay que tenerlos con el látigo! Con los actores no se puede ser amigo. Solo piensan en ellos, y si los elogiás un poco ya se la creen. Además, si les sale un contrato mejor, pueden traicionarte de un día para otro. Los técnicos son otra cosa, por eso soy bastante fiel con ellos, casi siempre tengo el mismo equipo.
P.: ¿Y con el libretista? En todas sus películas aparece el mismo.
E.L.: Si, Héctor Cabello Reyes, un chileno afincado en Paris, muy divertido, lleno de frases ocurrentes. Vez pasada vamos por la calle, pasa una de esas mujeres gordas llenas de rollos bien marcados, y él dice de golpe "Parece una oruga frenando". Además, para seguirle el tren, me obliga a hablar rapidísimo, lo que es bueno para el ritmo de las comedias. Pero tiene un defecto: elegir restaurantes no es uno de sus dones.
P.: ¿Ahora hicieron una nueva versión de "El viaje de monsieur Perrichon"?
E.L.: Si, una de las piezas más solicitadas de Eugene Labiche, el mismo de "Un sombrero de paja de Italia". En 1860, un vendedor se retira, sale de vacaciones a la montaña con esposa e hija casadera (son de los primeros turistas) y aparecen dos pretendientes de la nena, cada uno con sus estrategias. El tema es bastante universal, responde a la vieja pregunta "¿Te perdonará, aquel a quien le diste una mano?" Quien haya prestado plata entiende lo que digo. Me gustó filmar esos personajes fatuos, con vestuario de época, en lindos lugares de otros tiempos. Es una producción televisiva, ojalá ustedes puedan verla por TV5. Pero después hice otra película en un departamento. Esa no es necesario que la vean.
Entrevista de Paraná Sendrós


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