18 de agosto 2011 - 00:00

Lecciones para Europa de Hamilton y Cardoso

David Wessel, periodista de The Wall Street Journal, publicó ayer el artículo «Lecciones en América para Europa», en el que señaló que «los europeos se comportan como si la única historia que importa es la propia: Grecia y Roma, las dificultades tras la Primera Guerra Mundial, y la recuperación después de la Segunda Guerra Mundial, la caída del Muro de Berlín y el actual boom exportador alemán». Agregó que, «sin embargo, las lecciones más importantes para Europa pueden encontrarse del otro lado del

Atlántico, en la América del siglo XVIII y Brasil del siglo XX». A continuación, las frases más importantes del artículo.



Por meses, Europa estuvo incapacitada por lo que un observador experimentado de la economía global describe como las tres «No».

No a las devaluaciones: ni Grecia ni Portugal pueden dejar el euro para depreciar sus monedas en pos de una mayor competitividad.

No a los defaults: los acreedores de deuda deben ser compensados en su totalidad.

No a las transferencias: los contribuyentes en países ricos como Francia y Alemania no ayudarán a los países del sur en problemas.

En las últimas semanas Europa ha flexibilizado los dos últimos principios para proteger el primero. Si alguno de los países de la eurozona fuera a librarse de las penurias de la moneda común, el experimento europeo se vería amenazado. La unión monetaria es el lazo más fuerte entre las economías de Europa, y el Banco Central Europeo es una de las pocas instituciones funcionando a nivel paneuropeo.

Pero las tensiones de compartir una moneda y un banco central mientras se busca una gran independencia nacional a nivel fiscal son ahora dolorosamente evidentes. En 1790, el Gobierno norteamericano tenía una deuda de u$s 54 millones y los 13 estados individuales debían u$s 25 millones. La deuda combinada equivalía al 42% del PBI de la nación.

El entonces secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, propuso que el Gobierno asumiera la deuda pendiente de la Guerra Revolucionaria de los Estados. James Madison y Thomas Jefferson se opusieron a esta medida. Entre los argumentos: Virginia, su estado, había repagado más deuda que cualquier otro estado. Pero Madison y Jefferson terminaron acordando, y Hamilton, como contrapartida, accedió a mover la capital desde Nueva York hacia Washington.

El resultado fue un Gobierno central más fuerte, el nacimiento de lo que sería el mayor mercado de bonos del mundo y un nivel de crédito lo suficientemente fuerte como para comprarle a Francia el estado de Louisiana.

Unos 200 años después, el Brasil de Henrique Cardoso enfrentaba crisis en México, Argentina y Asia. Además, muchos de sus Gobiernos estatales estaban fuertemente endeudados.

Le llevó a Cardoso unos cinco años llegar a un acuerdo con los estados y principales municipios, pero finalmente el Gobierno nacional pudo refinanciar su deuda a cambio de modificaciones en el manejo de las cuentas estatales, gasto y recaudación. Brasil tuvo sus altibajos desde entonces, y ése no fue su único cambio significativo en política económica, pero ayudó al país a sobreponerse a la crisis de 2008 mejor que muchos otros. En ambos casos, el Gobierno central utilizó la reestructuración de las deudas estatales para imponer mesura y disciplina fiscal, e impulsar su poder.

Para Europa, el precio de una unión monetaria continuada será una mayor unión fiscal. Finalmente, el dinero fluirá de los más fuertes hacia los más débiles, ya sea de manera directa o a través de rescates de los bancos de países ricos.

Los europeos considerados entienden esto. El periodista Jon Hilsenrath publicó que el presidente del BCE, Jean-Cleaude Trichet, estaba leyendo la biografía de Hamilton escrita por Ron Chernow. Angela Merkel y Nicolas Sarkozy están hablando de la necesidad de un centro europeo más fuerte, aunque no se están moviendo muy rápido hacia la creación de eurobonos u otros factores de cambio.

Pero el problema es político. A diferencia de EE.UU. y Brasil, Europa no tiene, todavía, un gobierno central, ni estados, ni está lista para crear uno. Tampoco tiene otro ingrediente crucial: un líder con el coraje y la sagacidad de Alexander Hamilton o Fernando Henrique Cardoso.

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