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Levantar el cepo cambiario es antiinflacionario
Quizás tenga razón. Desde el punto de vista moral el levantamiento es un imperativo porque su existencia implica el cercenamiento de libertades tan básicas que no puede desligarse del profundo sentido de los derechos humanos. Pero dejemos la moral, porque hace tiempo que no nos preocupa, siendo éste el verdadero problema nacional, no la ideología, la política ni la falta de educación.
Salvo Macri todos parecen oficialistas porque hasta el propio Gobierno sabe que en algún momento habrá que levantarlo, y todos coinciden con el oficialismo en que no podría hacerse rápidamente, entre otras cosas, porque habría que encarar una devaluación -o se produciría de hecho- y eso sería inflacionario.
Se confunde inflación con aumento del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Para empezar, señalemos que existen distintos métodos de medición del IPC -y distintas muestras- que dan resultados diferentes y, por tanto, habría inflaciones diferentes según quién mida. La variación de los precios no sólo es normal en un mercado, sino necesaria porque estos indican a dónde deben derivarse las inversiones y, por tanto, estas variaciones nunca deben ser reprimidas ni desalentadas. Sí es cierto que, si los precios aumentan mucho y generalizadamente, esto podría estar explicitando un proceso inflacionario.
La inflación es una degradación del signo monetario como resultado directo de un exceso de oferta por sobre lo que el mercado demanda en tiempo real. Lo del tiempo real no es una nimiedad, sino la razón por la que la moneda estatal es necesariamente inflacionaria (o deflacionaria) porque no es manejada por operadores privados (dentro del mercado) con afán de lucro que motive la eficiencia, sino por burócratas que toman decisiones lentas y sin que importe el lucro, la eficiencia, sino la política.
De modo que, bajo el supuesto de que el levantamiento del cepo provoque una devaluación de la moneda y esto traiga aparejado un movimiento de precios, no se le debería temer porque sería un sano movimiento en búsqueda de la eficiencia del mercado que no solo no provocaría un descenso en el poder adquisitivo de los trabajadores sino que, por el contrario, sería un punto de inflexión hacia arriba.
Uno de los pilares de la "política antiinflacionaria" del Gobierno consiste en atrasar el precio del dólar en momentos en que la moneda estadounidense se revalúa en todo el mundo. Según Miguel Ángel Boggiano, dentro de los principales países latinoamericanos, en promedio, ha crecido el poder adquisitivo del dólar un 10% en términos reales, mientras que en Argentina ha bajado un 21%. Este desfase provoca serios daños que se corregirían automáticamente levantado el cepo, trayendo más eficiencia inmediata a la economía en general: más exportaciones, menos importaciones espurias, más turismo receptivo, etc.
Por ejemplo, un escenario probable es que, al dejar libre de forma inmediata al dólar éste se ubique en un entorno medio entre el actual oficial y el "blue". Disminuirían consumos en el exterior debido a la brecha cambiaria -vía on line o de viajeros- con plásticos que le absorben al BCRA unos u$s$ 400 millones mensuales -casi u$s 4.200 millones durante todo 2014- cifra que duplica lo que se comprometió a darle a las automotrices y armadores de Tierra del Fuego para importar insumos y que retacea perjudicando severamente la cadena productiva. Por otro lado desaparecería el dólar "ahorro" que consume una cantidad igual que las micro importaciones.
Esta suba del dólar no necesariamente se traduciría en un aumento de los precios importados. De hecho, hay productos electrónicos o de indumentaria que, aún pagando el 35% de recargo impuesto por la AFIP y el correspondiente impuesto aduanero, cuestan un 120% más en la Argentina que en Miami. Bastaría con bajar estos impuestos para que el precio de los insumos importados no sufriera variación. A mediados de 2014, el salario neto promedio nacional equivalía a 1.250 dólares oficiales y ahora, con una mejora salarial prevista del 30% y considerando una cotización en niveles actuales, un sueldo medio pasará a rendir casi 1.500 dólares oficiales. Obviamente el salario en términos de dólares bajaría pero se compensaría con el aumento del poder adquisitivo del dólar.
Por otro lado, en enero cayeron tanto las exportaciones (18%) como las importaciones (19%), dejando un saldo comercial positivo de sólo u$s 73 millones, según el INDEC. La consultora Ledesma proyecta una contracción del 15% de los valores exportados durante 2015 redondeando u$s 61.000 millones, el más bajo nivel de exportaciones desde 2009, mientras que el saldo comercial 2015 sería de sólo u$s 5.400 millones, un 22% inferior al de 2014. Sin cepo esta tendencia se revertiría provocando una mayor entrada de dólares lo mismo que un aumento en la entrada de capitales al aumentar la eficiencia en general de la economía.
En este marco, de mayor entrada de dólares y mayor eficiencia de la economía en general, la demanda de pesos por parte del mercado aumentaría bajando la inflación sin perjuicio, por cierto, de que se hiciera algo tan saludable como bajar drásticamente el gasto público que se financia con emisión.
(*)del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California https://twitter.com/alextagliavini (@alextagliavini)


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