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Leyendas urbanas y mitos sobre las cuentas del BCRA
Las reservas en dólares se acumulan como resultado de los superávits en cuenta corriente y de los ingresos (influjos) de capital, incluidos los préstamos en los mercados internacionales. Durante la última década, la acumulación de reservas en la Argentina se debió, fundamentalmente, a los saldos positivos en la cuenta corriente. Es interesante notar que si el Tesoro tuviera los pesos necesarios para cancelar la deuda (lo que implica tener un superávit fiscal financiero de varios puntos del Producto) y con ellos le «comprara» al BCRA los dólares para cancelar los intereses y las amortizaciones de la deuda, las reservas hubiesen caído en la misma cuantía. La única forma de evitar la reducción en las reservas producto del pago de la deuda es por la vía de mayor endeudamiento externo. Por eso las críticas a la política de desendeudamiento necesariamente implican recomendaciones en la dirección de un brutal ajuste fiscal (para lograr los pesos para «comprar» las reservas) y/o (dependiendo de las proporciones) propician un incremento del endeudamiento externo.
Como resultado de la política de desendeudamiento todos los indicadores de la deuda externa argentina han mejorado notablemente. Por ejemplo, la proporción de los intereses de la deuda externa respecto de las exportaciones ha caído de casi un 70% en 2000 a cerca del 16% en 2010, según indican los últimos datos publicados por el Banco Mundial. Con estos indicadores, la posibilidad de una crisis externa como la que ocurrió después de la «tablita» de Martínez de Hoz o de la convertibilidad es nula.
El segundo aspecto que se critica es el otorgamiento de Adelantos Transitorios para financiar al Tesoro. Aquí hay varias cuestiones a considerar. En primer lugar, la capacidad que el BCRA tiene para financiar al Tesoro no es nueva y estuvo, bajo formatos diferentes, en todas las Cartas Orgánicas de la Argentina. No debería sorprendernos porque, de hecho, esto es lo que los bancos centrales siempre hicieron aquí y en el mundo. Por lo menos fue lo que se hizo mientras las economías hoy industrializadas avanzaban en su proceso de desarrollo. Luego vinieron algunas décadas en las que primó la teoría de los bancos centrales independientes que -casualidad mediante- se condice con el período de mayor crecimiento de los mercados financieros internacionales, y donde la posibilidad de que los bancos centrales financien al Gobierno quedó en el terreno de las malas prácticas. Las «buenas prácticas» propiciaban el endeudamiento. A partir de la crisis internacional iniciada a fin de 2007, los países -con mayor o menor entusiasmo- han recuperado esta posibilidad. En muchos casos el financiamiento no se produce de manera directa sino por la vía de la inyección de liquidez a los bancos comerciales para que éstos a su vez compren títulos soberanos. Por último, si no se utilizan las fuentes locales de financiamiento la opción es otra vez la del endeudamiento externo o, en su defecto, un ajuste fiscal de proporciones con su consecuente impacto en el crecimiento y la distribución del ingreso.
Una cuestión secundaria, pero que también emerge de las críticas al balance del BCRA es que pareciera sugerirse que sólo se podrían contar como activos genuinos del BCRA aquellos que tienen mercados secundarios. Como los Adelantos Transitorios y las Letras intransferibles del Tesoro no tienen mercado secundario entonces deben restarse del activo. Es un caso curioso de contabilidad creativa. A ninguno de los que propician este «ajuste» en las cuentas del BCRA se les ocurriría restar los redescuentos (o préstamos por ventanilla) a los bancos comerciales por el hecho de que no existe un mercado secundario de redescuentos. Los balances de los bancos centrales no pueden ni deben ser interpretados como si fueran los de un banco comercial, porque un banco central tiene que crear la liquidez necesaria para garantizar el funcionamiento de la economía.
En la misma línea argumental se insiste con el vínculo entre la emisión monetaria y la inflación. Es importante notar que, en lo que va del año, la emisión monetaria está explicada fundamentalmente por la compra de dólares por parte del BCRA -en el marco de la política de flotación administrada del tipo de cambio- y por el aumento del crédito, mientras que la porción explicada por el financiamiento al Tesoro ocupa el tercer lugar en importancia. Pero volviendo al meollo de la cuestión, cuando la emisión financia gastos que expanden la capacidad productiva no hay por qué esperar que esto resulte en un mayor nivel de inflación. Los que repiten que la emisión es inflacionaria presuponen que la economía argentina está utilizando plenamente todos sus factores. También postulan que la única variable explicativa del incremento de los precios es la demanda y dejan de lado otros factores tanto o más importantes como el impacto del aumento de los precios internacionales y los problemas por el lado de la oferta.
Los que defienden políticas monetarias y fiscales contractivas con el objeto de proteger el valor del peso se olvidan que éstas tienen un efecto negativo, como lo sabemos los argentinos y lo están descubriendo dolorosamente nuestros colegas europeos. Endeudarse en dólares en los mercados internacionales y no usar reservas para pagar deuda conlleva al riesgo de aumentar todavía más el peso de los intereses en el futuro que, como también lo saben griegos y troyanos, digo argentinos, es una pésima política. Mejor seguir creciendo con políticas expansivas e intensificar la sustitución de importaciones, fortaleciendo el mercado interno como lo hace China. La política económica de este Gobierno defiende la producción y el empleo nacional. Los críticos de lo que se ha hecho ¿a quién defienden?
(*) Gerente Principal de Investigación del BCRA.

