12 de noviembre 2012 - 00:00

Ligia Piro, libre del corset del jazz, siempre exquisita

La estupenda cantante ha expandido su repertorio y se muestra cada vez más libre y más sólida como para recorrer todos los géneros, y hacerlo bien.
La estupenda cantante ha expandido su repertorio y se muestra cada vez más libre y más sólida como para recorrer todos los géneros, y hacerlo bien.
Ligia Piro (voz). Con P. Spatocco (piano, teclados, arreglos, dir.mus.), F. Guevara (percusión), O. Giunta (batería), G. Delgado (bajo, contrabajo), A. Plachta (guitarras) y V. Skorupski (sa-xo, clarinete). Invitados: A. Piro (voz) y R. Lew (guitarra). (Teatro ND/Ateneo; repite el 16/11).

TM Hace rato ya que Ligia Piro abandonó el rótulo de «cantante de jazz» con que se la supo encasillar tiempo atrás. Ha crecido artísticamente, se ha independizado en ese sentido de los lazos familiares (como se sabe es hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro), ha expandido su repertorio y se muestra cada vez más libre y más sólida como para hacer lo que se le da la gana; y hacerlo bien.

Lo primero que llama la atención viéndola actuar en un teatro porteño un año después de sus anteriores presentaciones por aquí -cuando presentaba su último disco, «Las flores buenas»-, es cómo sigue evolucionando vocalmente. Su técnica es exquisita. Su afinación es impecable. Sus saltos de registro están tan cuidados y estudiados que no se notan. Sin embargo, pese a esa solvencia de recursos no es jamás fría ni artificiosa.

Lo siguiente tiene que ver con la amplitud de la lista de temas. De los «standards» jazzeros como «The Man I Love», «Love Me or Leave Me», «Sophisticated Lady», a la canción brasileña («Tiempo perdido», «Wave»), en sus dos horas de canciones caben además una bellísima musicalización de Alfredo Zitarrosa para un poema de Idea Vilariño («La canción y el poema»), una desgarrada canción de Consuelo Velázquez («Verdad amarga»), un par de piezas latinoamericanas para niños («El monigote», «O pato»), algo de folklore («Zamba para olvidarte»), un inoxidable vals de Maderna y Homero Expósito que compartió con su hermano Alfredo («Pequeña»), una composición de Spinetta («Barro tal vez»), un par de Los Beatles («Get Back», «Day Tripper»), y un cierre imponente con una traducción al castellano de ese monumento a la canción popular que es «Construcción» de Chico Buarque.

Y un último aspecto saliente en la actuación de Ligia Piro es su inteligencia para elegir músicos. La banda, dirigida desde el piano por Popi Spatocco, es un auténtico seleccionado que, afortunamente, deja lugar al lucimiento personal de cada uno de sus integrantes. Y ni siquiera faltó la presencia de un guitarrista como Ricardo Lew, en carácter de invitado para un par de momentos, que tuvo una noche particularmente inspirada.

Dejá tu comentario