- ámbito
- Edición Impresa
Llega la hora de la encrucijada para Netanyahu
Benjamín Netanyahu
Gente desesperada en medio de montañas de escombros, imágenes espantosas de niños muertos: la operación militar israelí en la Franja de Gaza se transforma cada vez más en un baño de sangre. Desde el miércoles, la operación «Pilar de Defensa» se ha cobrado alrededor de cien muertos.
Y ahora, Israel se encuentra en una encrucijada y debe decidir si apuesta por un alto el fuego con Hamás o si inicia una ofensiva terrestre en el territorio palestino. Sus tropas, bien equipadas, ya están preparadas al margen de la angosta franja de costa. Y el Ejército ha alistado a unos 40.000 reservistas.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, volvió a comunicar ayer por Twitter que Israel está «dispuesto a ampliar su intervención» y convertirla en una ofensiva terrestre. «Seguiremos haciendo todo lo necesario para proteger a nuestros ciudadanos». Y ahora todos se preguntan si esas palabras son sólo amenazas para hacer entrar en razón o algo más.
Un comentarista de la televisión israelí señaló ayer que Israel se está comportando como un bruto que pide a sus amigos que lo separen de una pelea. «Párenme, párenme», sugiere Israel en estos momentos a sus aliados occidentales.
El mensaje parece que ha llegado y los esfuerzos de mediación marchan a toda velocidad: el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Guido Westerwelle, han llegado a la región para intentar evitar lo peor.
Israel ha accedido a dar una oportunidad a los esfuerzos de mediación. «Por distintos motivos no queremos una ofensiva terrestre, entre otras cosas por las posibles pérdidas en ambos lados», dijo ayer un portavoz de la Cancillería israelí. «Pero si Hamás no está dispuesto a frenar el disparo de cohetes contra Israel por un largo período, nosotros sí lo estamos a ampliar la operación y convertirla en una ofensiva terrestre».
Israel tiene un objetivo claro: poner fin al continuo disparo de cohetes desde la Franja de Gaza. Y si se consigue mediante un acuerdo de alto el fuego con Hamás negociado en El Cairo, mejor. Pero si los líderes de Gaza realizan reivindicaciones en las negociaciones que Israel considera demasiado grandes, podría producirse una nueva guerra.
Una guerra también alberga, sin embargo, para Israel grandes riesgos. De registrarse pérdidas importantes del lado israelí, podría romperse la ola de apoyo al Gobierno de Netanyahu, y eso es algo que el premier no puede permitirse justo antes de las elecciones de enero.
Además, cuantas más víctimas haya en la parte palestina, menos comprensión mostrará Occidente por el comportamiento de Israel. Ya fue catastrófico el ataque aéreo contra la casa de la familia Dalu en Gaza, en la que perdieron la vida once personas el domingo, entre ellas nueve miembros de una familia y cinco niños. Las imágenes dieron la vuelta al mundo.
Al precio político del conflicto se unen inmensos costos financieros para un país que además enfrenta protestas sociales. Cada día de guerra le cuesta a Israel unos 60 millones de euros, calculó ayer un experto en economía en la radio israelí.
La última guerra de Gaza a finales de 2008 y comienzos de 2009, que duró 22 días, le costó a Israel 3.800 millones de shekels (algo menos de 1.000 millones de dólares). Las armas de alta tecnología israelí son efectivas, pero caras: sólo una hora de vuelo de un jet de combate cuesta, según el diario económico The Marker, 15.000 dólares.
Agencia DPA


Dejá tu comentario