30 de septiembre 2015 - 00:00

Llega un Dvorák nunca visto en Buenos Aires

Daniela Tabernig: “‘Rusalka’ es una ópera en la que nadie puede quedar ajeno ni insensible.”
Daniela Tabernig: “‘Rusalka’ es una ópera en la que nadie puede quedar ajeno ni insensible.”
La temporada de Buenos Aires Lírica finalizará este año con un esperado estreno argentino: "Rusalka", la ópera de Antonin Dvorák con libreto de Jaroslav Kvapil. La producción cuenta con puesta en escena de Mercedes Marmorek y dirección musical de Carlos Vieu, y el elenco está encabezado por Daniela Tabernig, Eric Herrero, Elisabeth Canis, Homero Pérez Miranda y Marina Silva. Habrá cuatro funciones en el Teatro Avenida: viernes 2, jueves 8 y sábado 10 de octubre a las 20 y el domingo 4 a las 18. Dialogamos con Tabernig.

Periodista: ¿Qué significa para usted este protagónico?

Daniela Tabernig
: La ópera es una maravilla, música y el libreto. Como la mayoría de las personas, yo sólo conocía la "Canción a la luna", pero cuando empecé a estudiar la obra en profundidad descubrí una obra de arte, y el aria queda en segundo plano. Hay otras dos arias que son preciosas, lo mismo que el dúo final. Es una obra en la que nadie puede quedar ajeno ni insensible. Haber cantado "Jenufa" me ayuda a sentirme más cómoda con el checo, aunque es un idioma muy difícil de pronunciar y muy diferente del nuestro.

P.: La "Canción a la luna" es uno de los fuertes de su repertorio. Se puede imaginar que a partir de ahora su interpretación del fragmento será distinta.

D. T.:
Sí, con ella ingresé al instituto del Colón y la canté en la final del concurso del Colón en 2004. Además tiene una gran significación para mí porque mi abuela era hija de checos, y hasta sus últimos días le canté esta aria. Tengo una relación personal con este fragmento, y me siento cercana a la música eslava porque mi sangre checa y austríaca. A partir de ahora la versión será absolutamente diferente. Incluso el haber cantado algo durante muchos años va enviciando, y yo con el aria estoy haciendo un trabajo diferente del que hago con el resto de la obra, que está virgen; en cambio con el aria tengo que limpiar y ordenar el fraseo, el idioma, la dinámica.

P.: ¿Cuál es su visión del personaje?

D. T.:
Las rusalki son almas en pena de mujeres que han sufrido por amor y se han suicidado en los lagos. Tiene elementos de "La sirenita" de Andersen, pero es diferente. Ella es un espíritu del agua que no tiene cuerpo, es ola, espuma. Lo que quiere es volver a sentir ese amor y ser humana, y termina siendo una mujer que sufre por amor. Pero su espíritu se puede comparar al de una adolescente: tiene una visión del amor muy naïve. Cuando se enamora del príncipe lo único que le importa es que él la mire y la tome en sus brazos, y no le importan las advertencias de la Jezibaba, la bruja: ella tiene confianza en que eso va a suceder. Cuando llega el momento se encuentra con una realidad que no puede manejar y no entiende. Ahí también vuelve a comportarse como una adolescente, y cuando tiene la posibilidad de volver a ser lo que era antes, porque en un momento se encuentra con que no es ni ninfa ni humana, la bruja le ofrece volver a su situación original siempre que mate al príncipe. Ahí se devela una vez más el alma noble de ella, que decide sufrir el resto de su vida y no matarlo. Rusalka es un alma romántica, una ninfa enamorada que sólo quería experimentar el amor humano y ser algo más que un elemento de la naturaleza. Su sufrimiento se ve en la música. Hay ironía en la forma en la que algunos personajes se dirigen a ella.

P.: ¿Qué otro aspecto musical le interesa destacar?

D. T.:
La parte orquestal es armónicamente muy rica y acompaña el texto, no es un adorno. La música es un espejo de la acción. Se escuchan elementos de canciones populares, bien al estilo de Dvorák, y sobre todo en esta ópera que está contada como un cuento, y tanto en la fonética de las palabras como en la orquesta se puede ver un elemento hasta lúdico que refleja algo infantil en las palabras que utilizan. El elemento mágico siempre está presente en la obra.

P.: Usted viene interpretando grandes protagónicos, muchas veces con exigencias vocales diferentes. ¿Qué factores pone en la balanza a la hora de aceptar o no un papel?

D. T.:
Primero me encuentro con la partitura, y en general ya sé si puedo o no, porque voy llevando un registro actual de mi situación de madurez vocal y psicológica: cantar un papel no sólo implica tener la voz sino resistir el dramatismo y no morir en el intento. Y sobre todo veo si puedo hacer frente a todo eso y tener resto. Si veo que la puedo cantar pero que en el escenario no voy a tener resto, digo que no. A la hora de estar ahí arriba en una producción pasan muchas situaciones y se generan conflictos, desde producción hasta personales, y a lo largo de los ensayos ese resto se va consumiendo. Es la única manera de pasarla bien y que la gente lo pase bien. Más allá de que uno está en constante aprendizaje, y no es lo mismo debutar un papel como Madama Butterfly que la siguiente: uno siempre tiene que mejorar cosas pero dentro de un nivel. El límite es que yo lo pase bien, más allá de los nervios, y no estar sufriendo y depender de si me va a salir o no el agudo o si voy a llegar bien al general. Eso me genera un grado de inestabilidad tal que prefiero quedarme en casa.

Entrevista de Margarita Pollini

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