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Lo diverso distingue Proyecto Circular II
«Se pasó el tiempo y lo metí en una caja», sugerente y delicada obra de Alejandra Kejayouglou que integra el segundo Proyecto Circular del Palais de Glace.
Como ya es habitual en exposiciones colectivas actuales hay gran diversidad de lenguajes, técnicas, materiales y, lo que parece ser un denominador común en cuanto a pintura, es el agrupamiento de obras de pequeño formato, sin mayor nexo aparente entre unas y otras; por lo menos registramos más de siete casos que han elegido expresarse de esta manera.
En general, parecen ejercicios de taller que debieran «esperar» un tiempo, una pintura de tipo adolescente ligada a la publicidad. lo que es bien entendible porque forma parte de la cultura urbana y tampoco escapa a esta tendencia que quiere ser desenfadada, algún mingitorio fotografiado. Preguntamos, ¿hasta cuándo? considerando que ya ha perdido su carga controvertida y forma parte de la historia del arte.
En el rubro pintura pero en 1.70 X 2.00 destacamos «Strumdrumdrugs», acrílico sobre tela de Agustín Sirai (Prov. de Buenos Aires), onírico, por momentos un paisaje lunar con delfines a lo Disney, geometrías, pirámides, una especie de cuento fantástico.
De Gabriel Chaile (Tucumán) que presentó una irónica fotografía sobre la Casa de Tucumán (reproducida recientemente en esta columna con motivo del Premio Itaú) hay una escultura, por llamarla de alguna manera, de un niño de cabeza grande, peinado afro y ojos asombrados, una estética de muñequito de comic que presentada solitariamente en la esquina de una base, no produce ningún significado.
Dos videos excelentes: Laura Aguilera (Tierra del Fuego), un registro de esa Ushuaia que el turista no ve. La palabra «sin» se intercala con la visión de casa, aire, calle, tierra, agua, techo, montaña, bosque, palabras, presente, final. Muy conmovedor.
Guido Yannitto (Ciudad de Buenos Aires) realizó «Oro en el Viento»: un personaje vestido con el diseño de una ruta asfaltada que camina por ella y parece no llegar a ninguna parte, una situación que roza lo angustioso.
Con seis cuadros de pequeño formato, la serie «Ming», papel, liquid paper, acrílico, lápiz, de Georgina Ricci (Santa Fe) demuestra su capacidad narrativa y dibujística, adjetivos que también pueden emplearse para los dibujos eróticos de Victoria Eidelsztein (Buenos Aires).
Excelente fotografía de Celeste Martínez (Córdoba), un díptico que denuncia la violencia doméstica, la imagen del cuerpo de la mujer y la del registro periodístico de los asesinatos con fechas y modos en que ocurrieron.
Un tríptico de Josefina Carón (Salta), revela su inclinación por la tradición pictórica. A manera de repisas cubiertas con piedras, polvo de piedras, carbón, en la parte superior la artista revaloriza el trabajo humilde y su entorno con una imagen queda, de gran dignidad.
Alejandra Kejayouglou tituló su obra «Se pasó el tiempo y lo metí en una caja»: caja de madera, fotografía, arena, luz, sillas en miniatura. O un recuerdo de infancia de veraneos en la playa, o un amor que ya no es frente al mar o recuerdos de tiempos felices. No importa, una caja que uno quisiera llevársela, sugerente, delicada, y que provoca cierta nostalgia.
Como lo señaló el crítico de arte Jorge López Anaya, en este siglo XXI se va confirmando aquello de la dispersión de comportamientos estéticos iniciada a fines de la última década del XX; todos los lenguajes conviven y hay una gran tolerancia de parte del contemplador que ya está en general inserto en una sociedad trivializada. Cuando hablamos de contemplador, se incluye también al crítico que tampoco puede escapar a los dictados de los que manipulan los «hilos» del mundo del arte y todo aquello que lo contamina.
De todas maneras, proyectos como éste, ayudarán en un futuro no muy lejano, a revelar al artista capaz de lograr esa trascendencia tan ligada al concepto de arte como algo transformador.
Hasta el 1 de agosto.


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