Primero los números. En la semana el Dow retrocedió un 1,67% al cerrar en 12.820,6 puntos (el viernes -0,27%), el Nasdaq cedió un 0,76%; el S&P 500, un 1.15%; el precio del petróleo, el 2,4%; el oro un 3,71%, la tasa a 10 años retrocedió 4 puntos básicos a 1,88%, etc. Motivos y excusas para explicar el desánimo general, que se vivió en prácticamente todos los mercados y la consiguiente búsqueda de seguridad, hay de todos los colores. Pero lo que más nos llama la atención es algo que venimos advirtiendo: el derrumbe de los precios de los commodities. Casi sin que nadie se diera cuenta, las materias básicas marcaron en promedio la semana pasada el mínimo en dos años. Dejemos de lado las fuertes pérdidas que vienen evidenciando el oro y el petróleo en lo que va del año, el cobre retrocede casi un 8% desde febrero. Con la economía china en franca desaceleración, los EE.UU. acercándose a una recesión, y los inventarios de muchas materias primas a tope en prácticamente todo el mundo, el panorama no es de lo mejor. Si no le gusta este argumento van otros números: la producción de petróleo aumentó en lo que va del siglo un 16%; la de cobre, un 28%; la de aluminio, el 94%, etc. Otro: sabemos que los árboles no crecen hasta el cielo y 9 años de subas en los últimos 12 tal vez sean demasiados. Si la economía no crece, el rally de los commodities que se inició en 2009 corre serios riesgos. Y si los riesgos se materializan, tal vez convenga pensar qué pasa con las acciones.
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