28 de mayo 2014 - 00:00

Lo que se dice en las fábricas

Lo que se dice en las fábricas
Dos sectores, uno consolidado y otro donde se preveía estaría parte del futuro energético del país, están hoy de capa caída: la industria automotriz y la producción de biodiésel. Dos empresarios, uno de cada uno de estos rubros, se cruzaron el lunes pasado a intercambiar información y chequear la capacidad de lobby para revertir la situación. La conclusión fue una: "No hay ninguna posibilidad". Lo que pretendía es que el ministro Axel Kicillof dé marcha atrás en decisiones que él mismo implementó. En el caso de las terminales automotrices, se asegura que no hay forma para que Kicillof comprenda el daño que provocó el impuestazo más la devaluación de enero. "Lo que pasa es que no nos cree. Kicillof piensa que le estamos mintiendo con los números que le llevamos y que queremos engañarlos con pérdidas que no son reales", se apenaba el gerente de una terminal. "Nosotros le dijimos que el impacto de la devaluación y del impuestazo es de casi un 30% y él nos contestó que, a lo sumo, es de menos del 5%". Para peor, alguien que estaba cerca del ministro afirmaba que las explicaciones sobre la situación terminal de algunas autopartistas era presión de las automotrices para arrancarle de prepo la reducción del impuesto. El empresario creía, a esa altura de la charla con un colega, que sólo podría haber alguna novedad positiva si la presión venía desde el sindicato de Ricardo Pignanelli que aparentemente ayer comenzó a estallar al lanzar un "tengo una calentura perra, parece que estamos en un país de sordos y de caprichosos"; sin explicar muy bien a quién o qué se refería. La esperanza era que señalara al Gobierno.



Desde el otro lado de la mesa del restorán de Pilar, el responsable de un emprendimiento de biodiésel en la provincia de La Pampa, no tenía datos mejores. Era un exdirectivo de una petrolera líder que hacia 2010 eligió creerle al Gobierno en el apoyo irrestricto que le daría al desarrollo de los combustibles ecológicos. Abandonó la multinacional, acordó un buen salario en la nueva planta que se levantaba para procesar soja y transformarla en combustibles a la espera de un futuro revolucionario. El hombre ahora había viajado a Buenos Aires para seguir de cerca las desventuras del proyecto oficial de eliminación de parte de los impuestos al sector que el Senado debería hoy mismo y eventualmente convertirla en ley. El CEO era optimista en la aprobación, pero igualmente se quejaba contra Kicillof. Recordaba que Kicillof cuando era viceministro de Hernán Lorenzino, había impulsado un régimen de retenciones que directamente liquidó el sector. Esto, más las trabas para las exportaciones de biocombustibles que impuso España a través de la Unión Europea como represalia de la reestatización de Repsol, "directamente fulminaron la posibilidad de desarrollar los biocombustibles en la Argentina", aseguraba. Un dato de color: entre los que en su momento decidieron invertir en esta alternativa está la gloria del arco paraguayo José Luis Chilavert.



Una buena para la industria. En general se ponderó el anuncio y posterior reglamentación del régimen de facilidades de pago para deudas impositivas, aduaneras y previsionales que lanzó el Gobierno la semana pasada. Según la visión conjunta de la Unión Industrial Argentina (UIA) y la mayoría de las cámaras industriales del país, el "salvavidas" llegó en el momento justo, antes de que comenzaran a multiplicarse los embargos de la AFIP de las cuentas con deudas con el organismo. Igual hay críticas. Según los empresarios, debería haberse implementado por un plazo mayor a los 24 meses y con intereses menores al 1%. Además, se pedía también algún plan de pagos para los autónomos y monotributistas.

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