25 de septiembre 2009 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

Semana agitada para operadores con visitas de hedge funds y bancos indagando si realmente vale la pena invertir en la Argentina. Morgan Stanley llegó con un grupo de inversores, y la semana próxima aterrizará uno de los fondos de inversión más importantes del mundo. Pidieron pasar de incógnito. ¿Puede la Argentina seguir subiendo? ¿Qué tan serio es el Plan Boudou? Por lo pronto, ya la plaza local se quedó sin nafta. Los papeles se mueven en función de lo que pasa en Wall Street. Hace un par de semanas, la Argentina subía por más que el Dow Jones retrocediera. Es que todos estaban comprando. Ahora quieren ver concretar las promesas. De aire, con declaraciones y propuestas, ya no alcanza.

c Los que se mantienen en alza son los «warrants» o cupones del PBI. Estos papeles pagan en función del crecimiento de la economía argentina, y ahora está de moda en las principales consultoras y bancos subir las estimaciones sobre lo que será la performance de la economía local. Por otra parte, la posible propuesta del Gobierno a bonistas para la reapertura del canje generó todo tipo de comentarios. Un banco europeo, que no participa en el consorcio de entidades que asesora al Gobierno, calificó como «una oferta generosa» la que la Argentina les estaría haciendo a los acreedores. Centra el comentario en el ofrecimiento de las unidades ligadas al crecimiento, que hasta hace pocas semanas se sostenía que no formarían parte de la transacción. Y efectúa al respecto una lectura sugestiva: «En 2005 se trataba de una suerte de derivado que no garantizaba pago alguno, sino que dependía de la evolución de la economía. Ahora, quien lo reciba ya sabrá cuánto le corresponde por el crecimiento acumulado en los últimos tres años». Se trata, en definitiva, de una ventaja para el que entra ahora en relación con la incertidumbre de quien lo hizo hace cuatro años. La presencia del cupón PBI eleva el precio de la oferta a un valor que se ubica entre u$s 40 y u$s 45, contra un valor de u$s 28 de los actuales bonos en default.

Pero incluso una oferta que aparentemente podría encajar para los grandes fondos acreedores de la Argentina volverá a tener dificultades entre los pequeños inversores, tanto en Estados Unidos como en Europa. Por lo pronto, Robert Shapiro, titular de la combativa American Task Force Argentina, escribió un artículo repudiando esta nueva propuesta y, entre otras cuestiones, le pide a la presidente Cristina de Kirchner que «por decoro, mantenga un bajo perfil en las reuniones del G-20». El mayor inconveniente que tendría la nueva propuesta para convencer a los minoristas es la obligación de suscribir un nuevo bono en dólares. Esto puede encajar para los grandes inversores, pero difícilmente sea aceptado por los pequeños bonistas, salvo que sean los propios bancos colocadores los que terminen suscribiendo parte de la emisión que llegaría a los u$s 1.000 millones.

Mientras el ministro de Economía, Amado Boudou, sueña con volver a colocar deuda a los mercados, un objetivo que aparece algo lejano en el horizonte, los países vecinos consiguen dinero barato y a largo plazo sin inconvenientes. A las decenas de emisiones que efectúa tanto el Gobierno brasileño como el sector privado, esta semana se sumó Uruguay. El Gobierno de Tabaré Vázquez colocó un título por u$s 500 millones, pero lo notable resultaron las ofertas recibidas, que llegaron nada menos que a u$s 2.689 millones, es decir, quintuplicaron lo que había disponible. El título vence en 2025, y la tasa se ubicó en un 6,87% anual. Ante semejante fortaleza, crece el número de entidades de la City porteña con ganas de «cruzar el charco» y comenzar a operar en el mercado uruguayo. «Estamos esperando el resultado de la elección, porque si gana el Pepe (por José Mujica), no sabemos qué puede pasar», explicaba con un dramatismo quizás algo exagerado un importante banquero de inversión porteño. Luego de la experiencia kirchnerista, es lógico que la posible llegada al poder de un ex tupamaro genere cuanto menos un signo de alarma.

En sintonía con el desplome de las tasas de interés en pesos (se paga menos del 12% anual en plazos fijos), también cayó muy fuerte en los últimos días el dólar a futuro. La divisa a fin de setiembre de 2010 se opera a $ 4,22, esto representa una tasa implícita de apenas un 10% para un plazo de doce meses. La clave pasa por saber qué definirá el Central con el dólar, ya que es probable que a medida que se acerque fin de año lo deje subir levemente. Pocos apuestan a que quede «planchado» en estos valores, $ 3,85 en las casas de cambio, hasta diciembre. Mientras tanto, la tasa de fideicomisos y la de cheques diferidos se estabilizó en torno al 12,5%.

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