13 de agosto 2010 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

En el mercado hoy sólo se habla de una trampa: la de la liquidez y los miedos que ella genera. Referido a lo que se enseña en Macroeconomía I, de nuevo se pone a Japón como ejemplo y, como en 2008, la posibilidad de que Estados Unidos caiga en la misma. Cuando bajan demasiado las tasas de interés, la política monetaria pierde su eficacia y hay que recurrir a políticas fiscales para estimular la economía. Es lo que dice el manual. Bernanke ya no da abasto. Ayer igual en las mesas fue una jornada en la que se festejó que la caída haya sido del 0,6% en medio del clima negativo existente. Aun así hay que tener en cuenta que los grandes jugadores del exterior estas semanas están de vacaciones de verano (en el hemisferio Norte). Por ello es que no son jornadas de alta intensidad, más allá de la gran cantidad de noticias circulando. En la semana se vio por despachos oficiales a un contingente de inversores que trajo el Deutsche Bank. Otro banco extranjero está planeando llevar a Bariloche a una delegación, con economistas incluidos. Todos los operadores están pendientes de la reaparición de la Argentina en setiembre en el mercado voluntario de crédito. La respuesta que siguen dando Hernán Lorenzino y Adrián Cosentino, cabezas de la Secretaría de Finanzas, a todo el que se acerca al 10º piso del Ministerio de Economía es la misma siempre: «No tenemos apuro por emitir». Hasta ya deben tener grabada esa respuesta de tantas veces que la usan. Adivinanza entre operadores: ¿qué importante abogado de la plaza le está haciendo un juicio a un banco extranjero por una transacción financiera, no menor por cierto, cerrada recientemente en la que quedaron comisiones en el camino?

Lo que está claro es que el mercado ya no tiene fácil pronóstico. Está muy opinado. «Se vio un revalúo de las acciones con un crecimiento de EE.UU. que será menor al previsto. Tan simple como eso», dijo un experto, mitad economista, mitad operador, de un banco argentino. No hay pánico ni señales de alta incertidumbre. La Libor está bajando, lo que muestra que la liquidez no es inconveniente. Parece un dato menor, pero cuando se desató la tragedia griega no hacía más que subir.

¿Qué pasará en el BCRA? Nada está decidido hasta ahora en Olivos. Las chances de que siga Mercedes Marcó del Pont son bajas, más si no logra cumplir con el Programa Monetario. Ayer compró más de u$s 150 millones, lo que alimenta ese incumplimiento. ¿Hay alguna sanción por ello? En realidad ninguna, sólo el escarmiento esperado desde el Congreso para Marcó del Pont. Nunca desde 2003 se incumplieron esas metas, pero ello no fue por la buena performance de los anteriores presidentes del BCRA. Si las metas se las fija quien las tiene que cumplir, es obvio que siempre serán muy fáciles. Muchos están repasando las normas del Central. En ese sentido se baraja esta hipótesis: el Gobierno puede enviar un pliego en setiembre para la aprobación del Senado mientras designa a ese candidato a presidir el BCRA en comisión. Si el Senado no lo rechaza puede seguir cómodamente hasta las elecciones de 2011 en comisión. Sería una salida elegante, tanto para el Gobierno como para la oposición sobre el BCRA. La entidad monetaria tendría su presidente y directorio conformado y el nuevo presidente en 2011 podría asumir y designar formalmente a quienes ocuparán las sillas en el BCRA. Suena todo correcto pero es lo inverso de lo que acontece en los países desarrollados. Precisamente siempre lo que se quiso hacer es aislar al BCRA de los vaivenes políticos. Acá se designa a los funcionarios ya soslayando avales técnicos y apuntando más a fidelidades.

Ayer tuvo lugar la presentación de un libro del economista Matías Kulfas en un reducto poco afín con el mercado financiero: el Centro Cultural de la Cooperación en la avenida Corrientes. Asistieron el ex ministro Miguel Peirano, Juan Carlos Fábrega, titular del Banco Nación (algunos irónicamente le dicen presidente del BCRA), Martín Abeles, Bernardo Kosacoff entre otros baluartes de la heterodoxia. Allí se comentó que la provincia de Buenos Aires está esperando para emitir su bono (lo hará de la mano del Deutsche Bank) a que lo haga el Gobierno nacional. Pero si éste se demora, en octubre a más tardar lo hará. En el caso del Bono de Chávez que se cierra en las próximas horas hay que tener en cuenta un dato no menor: se usa la emisión para hacerse de dólares por las regulaciones existentes en la República Bolivariana. Es decir, que ese lanzamiento es una suerte de «Truman Show», con u$s 3.000 millones de demanda de inversores por ese papel, más por una cuestión de salvoconducto que por el atractivo de posicionarse en activos chavistas.