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“Lo único que cambia en los musicales es su tecnología”
Dunnley-Wendt: «Llevé esta obra por muchos países, pero la tecnología con la que contamos en Sudáfrica fue la mejor del mundo».
Con este reestreno la tradicional sala de Corrientes al 800 pasará a llamarse Teatro Citi, debido al aporte realizado por el Citibank para restaurar la arquitectura Art Decó de dicho edificio. Dialogamos con la directora y coreógrafa asociada Jacqueline Dunnley-Wendt (nacida en Birmingham, Inglaterra) para conocer algunos entretelones de la nueva puesta.
Periodista: ¿Por qué dejó de exhibirse en Broadway?
Jacqueline Dunnley-Wendt: Es algo propio del show business. Siempre hay nuevas producciones que como en el caso de «West Side Story», actualmente en cartel, provienen de grandes éxitos de los años 40 ó 50. Después de un tiempo de no hacerse, de pronto vuelven a Londres y a Broadway. Los show cumplen un ciclo por eso no me sorprendería que transcurridos unos años «La Bella y la Bestia» se reponga.
P.: ¿Qué difiere de la película la versión musical?
J.D.: Nuevas canciones, música en vivo, escenas de colorido y cuadros coreográficos vigorosos. Algunos son casi una pesadilla para el elenco, debido a su nivel de exigencia. Por ejemplo, la escena de la taberna, a donde va Gastón cuando Bella lo rechaza.
P.: El vestuario también juega un papel importante...
J.D.: Desde luego. Por este trabajo Ann Hould Ward fue nominada al premio Tony. El vestuario era un enorme desafío y hubo que probar muchas ideas. Algunas funcionaron y otras no, como por ejemplo el traje de «pileta de cocina» que fue descartado. Como todo el mundo sabe, los criados de la Bestia (un príncipe encantado) fueron convertidos en objetos a raíz del mismo hechizo y Ann diseñó sus trajes con mucha inteligencia. Adaptó ciertas partes del cuerpo para darle forma de utensilios y aún así los artistas pueden cantar y bailar con todos sus pertrechos, lo que no es tarea fácil.
P.: La historia de «La Bella y la Bestia» ha circulado durante siglos por toda Europa. El cuento, tal como lo conocemos hoy, fue publicado por primera vez en Francia promediando el siglo XVIII.
J.D.: La versión de Disney es muy distinta del libro original. Intervienen objetos humanizados y, a diferencia de otras adaptaciones que se hicieron anteriormente, ubica la acción en Francia e incluye personajes típicamente franceses como Lumière, Lefou y Ba
P: ¿Cómo definiría a la heroína de esta historia?
J.D.: En el pueblo la consideran una chica rara porque lee libros... Pero es una chica con los pies sobre la tierra. Honesta, fiel a su palabra y con una mente muy abierta. Por otro lado... ¿qué niña no sueña con tener un vestido de fiesta tan hermoso y brillante como el que luce Bella?
P.: Usted ya dirigió este show en Corea. ¿Fue un montaje más complicado que el de Buenos Aires?
J.D.: Sí. Por las diferencias idiomáticas y culturales. No es que yo hable español, pero como es un idioma que deriva del latín me resultó más cercano. La lengua coreana es muy diferente. Tres palabras en inglés equivalían a diez en coreano. Fue muy difícil ajustar las letras a la melodía. Pero al final lo logramos.
P.: ¿Y en Sudáfrica cómo le fue? ¿Se animó a trabajar con un elenco multirracial?
J.D.: Fue un tema que analizamos mucho con todo el equipo. Porque la historia del «apartheid» todavía es muy reciente. Ese pasado aún no fue superado. Pero, sí, tuvimos un elenco con gente blanca y negra que funcionó muy bien. Siempre funciona. Se trata de un tradicional cuento de hadas con sus aventuras y encantamientos, donde el amor del chico y la chica finalmente triunfa luego de haber atravesado una especie de montaña rusa.
P.: ¿El show es igual en cualquier punto del planeta?
J.D.: Así es, siempre se va a ver el mismo trabajo sobre el escenario. Lo que va variando es la tecnología que siempre va mejorando. La escenografía que van a ver en Buenos Aires ya estuvo en muchos lugares: Madrid, Corea, México, Sao Paulo. Ha sido la misma durante años. En cambio, la producción que se hizo en Sudáfrica, dos años atrás, ya contó con una tecnología más avanzada. Hace unos días tuve que parar un ensayo, durante unos segundos, para poder recordar con que escenografía estábamos trabajando si con la tradicional de gira o con la de Sudáfrica.
P.: ¿Tiene idea de cuánto costó esta producción?
J.D.: Cuanto se estrenó en 1994, se habló de unos diez millones de libras, el doble en dólares.
Entrevista de Patricia Espinosa


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