14 de septiembre 2012 - 00:00

Lograda versión del Osborne más iracundo

Muy buenos intérpretes se entregan con gran compromiso físico a la dinámica puesta de Mónica Viñao de «Recordando con ira», la obra más famosa del británico John Osborne y también la más autobiográfica.
Muy buenos intérpretes se entregan con gran compromiso físico a la dinámica puesta de Mónica Viñao de «Recordando con ira», la obra más famosa del británico John Osborne y también la más autobiográfica.
«Recordando con ira» de J. Osborne. Trad. y Versión de M. Kartun. Dir.: M. Viñao. Int.: E. Meloni, R. Gaetani, G. Arengo y A. Bonelli. Esc. y Vest.: G. Galán. Ilum.: J. Pastorino. (Sala Casacuberta, TGSM). 

Fue y sigue siendo la obra más famosa de John Osborne y también la más autobiográfica. Su estreno, en 1956, fue revolucionario para la escena británica, que atravesaba un período de estancamiento y veía con recelo el gran ascenso del teatro norteamericano. Este representaba una nueva conciencia política y social, además de haber incorporado a la escena episodios de violencia doméstica y de alto voltaje erótico.

Osborne llevó este modelo a una posición más extrema: escribió «Recordando con ira» con toda la pasión y la furia de sus 25 años y en sólo 17 días. Si bien la obra recibió algunas acusaciones de misoginia, pudo más la franqueza de su protagonista y su certero diagnóstico social. Aunque también influyó la necesidad de consagrar a una figura que renovara el teatro británico.

La pieza se convirtió en el gran estandarte de los «angry young men» (grupo de escritores «iracundos» que se rebelaron contra una Gran Bretaña nostálgica de su pasado imperial y negadora de sus conflictos). Jimmy Porter, alter ego de Osborne tiene mucho del temperamental Kowalski de «Un tranvía llamado deseo» (1947). Aunque se trate de un universitario, su resentimiento social y sus impulsos brutales lo acercan, de algún modo, al personaje creado por que Tennessee Williams.

Es probable que el espectador actual se sienta más atraído por los conflictos afectivos de Jimmy (Esteban Meloni) que por sus críticas al statu quo británico. El enojo de este hombre se remonta a la infancia y empeora día a día ante la falta de horizontes. Aunque ama intensamente a su esposa Allison (Romina Gaetani), con la que tiene una fuerte conexión sexual, no puede deja de agredirla. Lo que más le molesta de ella es que siga vinculada a sus aristocráticos padres que siempre lo discriminaron por sus orígenes humildes.

La pareja convive con un amigo de Jimmy, el simpático Cliff (Guillermo Arengo), su socio en un puestito de golosinas y víctima también de sus reproches. En realidad, Jimmy no hace otra cosas que proyectar sus propias frustraciones. La llegada de Helena (Andrea Bonelli) una actriz amiga de Allison que necesita alojamiento, rompe con el equilibrio de esta conflictiva pareja que hasta ese momento contaba únicamente con la benéfica presencia de Cliff, un gran pacificador.

Ocurren muchas cosas a lo largo de la obra que mantienen muy atento al espectador. Hay discusiones, complicidades, alianzas cambiantes, bromas infantiles, encuentros eróticos, huidas y regresos y una trama que navega entre la violencia y el humor más ácido. Hay que estar muy atento a las diatribas del protagonista -no exentas de comicidad- para así poder descubrir qué verdades y qué heridas se ocultan detrás de tanta crueldad e irritación.

La puesta de Mónica Viñao expone con dinamismo una compleja red vincular animada por muy buenos intérpretes que dan credibilidad a estos roles con un gran compromiso físico.

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