4 de mayo 2018 - 22:52

“Los chicos no pierden nunca el asombro”

Única sala dedicada exclusivamente al teatro infantil y juvenil, se renueva sin perder su identidad original.

Héctor Presa. El fundador de La Galera Encantada insiste en que la tecnología y las redes no vulneraron el asombro de los chicos.
Héctor Presa. El fundador de La Galera Encantada insiste en que la tecnología y las redes no vulneraron el asombro de los chicos.
No son muchos los espacios teatrales que funcionan de manera ininterrumpida durante cuatro décadas. Fundado en 1978, La Galera Encantada celebra 40 años, y es la única sala en el país dedicada exclusivamente a chicos y jóvenes, con obras casi siempre basadas en clásicos, con el rasgo personal y guiños a la platea adulta de Héctor Presa, también fundador y director.

A partir de este mes se ha montado un mural de 12 metros de largo por 2.2 metros, con más de 300 fotos que cuentan la historia del Grupo La Galera. Allí hay 297 personas que fueron parte y representan a las más de 500 entre actores, escenógrafos, músicos, coreógrafos, vestuaristas, asistentes, etc. Hay representadas 93 obras aunque fueron más de 140 las que la sala ha estrenado hasta el presente. Fueron vistas por tres generaciones que ocuparon los diferentes teatros hasta recalar primero en La Galera de la calle Corrientes y desde hace 21 años en la sala de la calle Humboldt.

La programación para mayo va desde sus obras más clásicas "Hansel y Gretel", "Blancanieves y los 8 enanitos", "Lindo, el patito feo", "María Elena" o "Maléfica", entre otras, hasta su nuevo espectáculo "Había una vez... una canción". Dialogamos con Presa.

Periodista: Pasaron ya tres generaciones por la sala, ¿qué cambió y qué permanece?

Héctor Presa: Vienen muchos abuelos con sus nietos y nos cuentan que habían venido hace 20 años con sus hijos, es un espacio habitual de encuentro con aquellas familias que nos eligen. Lo primero que varió sustancialmente fue que nacimos en dictadura, con lo que padecíamos la no libertad inicial para poder escribir, trabajar o desarrollar lo que uno quería. A partir de ahí aparece la autorrepresión y el intento de soltarse, tras largos años de acostumbramiento a estar escondido y tocando temas de manera bastante oculta.

P.: ¿Han variado los temas de las obras para chicos en estos 40 años?

H.P.: Siempre nos hemos caracterizado por tocar todo tipo de temas, pero los chicos se siguen preocupando por las mismas cuestiones de siempre, por sus héroes y por los conflictos arriba escenario como si fueran verdad. Ese es el verdadero compromiso que tenemos con el espectador que cree y que se involucra con lo que está pasando. Ese espectador que está en proceso de crecimiento debe recibir un cuidadoso tratamiento del lenguaje y de lo que mostramos. El adulto desecha, sabe cómo diferenciar, el chico absorbe.

P.: ¿Qué opina de otras propuestas infantiles, más masivas o comerciales, que no tienen al lenguaje o a los guiones como prioridad?

H.P.: Las grandes producciones o algunas ofrecen mucho tul y lentejuelas, lo que habría que preguntarse es dónde está el verdadero brillo, que es lo que nosotros perseguimos e intentamos día a día encontrar en cada obra. Hay que pensar qué pasa con los lenguajes y los contenidos, ahí está el secreto. No importa cuán moderno o antiguo sea, importa cómo transmitimos. La gran preocupación es ver gente sobre el escenario hablando mal, con libros paupérrimos o contenidos que no corresponden para una platea infantil. Con un lenguaje tan maravilloso en acepciones y sinónimos es lamentable escuchar guiones donde hablan siempre igual. Ahí está nuestro plus.

P.: ¿Cómo logró hacer subsistir una sala de teatro infantil cuando fueron muchas más las que cerraron o quebraron?

H.P.: Ningún teatro se puede mantener sólo con espectáculos los fines de semana, todas las salas buscamos salidas y nosotros la encontramos con las funciones semanales a escuelas. Hacemos un trabajo muy grande para acercarnos a los colegios.

P.: ¿Cómo es el vínculo de la tecnología con los chicos y con su teatro?

H.P.: La consideramos una opción, no reniego de teléfonos, tablets o internet pero debe haber opciones, tiempos para cada cosa, porque nadie nos podrá quitar el valor impresionante que tiene el uno a uno, el vivo, el aquí y en este momento, esa experiencia no se iguala a nada, más allá de que te digan que en el teléfono se tiene lo que se quiere con sólo un click. Sin embargo, la emoción de cada función particular e irrepetible no podrá ser jamás equiparada a la tecnología.

P.: ¿Qué tiene en cuenta para acercarse a los chicos de hoy día?

H.P.: Ellos están más informados, más próximos a redes sociales que los aggiornan, pero no dejan de perder lo que dije, esa capacidad de asombro. Pasan los años pero por fortuna eso no cambia.

Dejá tu comentario