26 de octubre 2012 - 00:00

Los cítricos pierden el jugo

Los cítricos pierden el jugo
Con costos crecientes, muchas veces dolarizados, como en insumos y servicios, fletes largos que más de una vez sacan de mercado a las producciones más alejadas, demandas salariales mayores, un mercado interno entre estancado y debilitado y con el principal importador -la Unión Europea-, con sus compras acotadas debido a su propia crisis económica, la citricultura local con más de 3,6 millones de toneladas logradas el año pasado (por lo que supera el 60% del total de 6 millones de toneladas de frutas que produce anualmente la Argentina), enfrenta hoy una de sus mayores encrucijadas.

Jaqueada por el clima en ciclos anteriores, el año pasado, sin embargo, la actividad logró cierta reacción positiva que casi con seguridad se volverá a perder en esta campaña debido al daño que ya recibieron las plantaciones en el NEA (Entre Ríos y Corrientes) a causa de las muy fuertes heladas (comparables a las de 1930), y mangas de piedras, mientras que en el NOA todavía esperan las lluvias que se les niegan desde hace casi 20 meses.

Aunque en general, el Gobierno prefiere minimizar estos efectos, esta vez debió declarar emergencia y desastre agropecuario hasta 2013, pues el daño causado a las plantas incluirá pérdidas también de la próxima campaña, al punto que en la Mesopotamia algunos estiman que en 2013 se obtendrá no más del 40%-50% del potencial.

«Estamos muy preocupados por lo que puede pasar. Necesitamos recuperar competitividad en forma urgente, y todavía no tenemos respuesta oficial a nuestros planteos, tanto a nivel provincial como nacional. Nuestros márgenes de acción se achican en forma alarmante», reconocía el titular de la Cámara Citrícola de Tucumán, Roberto Sánchez Loria.

Y no es para menos. Aunque pocos se animan a plantearlo de frente, se sabe que mientras el dólar mantiene su valor casi estancado, los costos suben por el ascensor. De hecho, se estima que sólo en fletes y sueldos el incremento fue de por lo menos 25% en menos de un año. Un ejemplo concreto de la actividad, las cajas de cartón, pasaron de u$s 1-1,10 a alrededor de u$s 1,50 la unidad, una suba del 36%.

Además, e igual que en otras actividades, tampoco la devolución de los IVA técnicos y los reintegros a la exportación llegan en tiempo y forma, lo que suma un costo y una asfixia financiera que no todos están en condiciones de afrontar.

Para completar el panorama, a la caída de la demanda internacional y, por ende, los menores precios, se suma el debilitamiento también del consumo doméstico que, vale decirlo, no es tan nuevo. Ahora, sin embargo, se acentuó la caída en parte, por sustitución por otros tipos de frutas y mayor diversificación de las dietas, pero también, porque se está comiendo mucho menos, a pesar de la recuperación relativa que se había registrado el año pasado.

Y tanto es así que en los últimos meses, a pesar de que los ingresos de fruta del noroeste ya se acabaron, y la oferta del NEA fue jaqueada por los fuertes daños que recibió la producción este otoño-invierno (que hicieron caer hasta el 70% la oferta), los precios internos casi no se movieron debido al debilitamiento de la demanda.

«Hoy estamos peor que con el 1 a 1. No hay rentabilidad, ni apoyo crediticio, y faltarían entre u$s 500-600 millones para poder aguantar hasta que comience la recuperación, o la crisis será mucho mayor. Esta es una actividad de mano de obra intensiva y con alto impacto social», reconocía por su parte, Mariano Caprarulo, director ejecutivo de la Cámara de Exportadores Citrícolas del NEA.

Según los analistas, la citricultura local merecería un tratamiento similar al que está recibiendo en Uruguay, con créditos con tasa subsidiada y, al menos, 2 años de gracia, como para «aguantar» hasta la recuperación de los mercados internacionales. Caso contrario, dicen, no sólo desaparecerán productores sino que se estima que de no mediar cambios, de acá a diciembre, comenzarán a cerrar también, empaques, jugueras y hasta exportadores.

En el caso argentino, con el agravante del daño climático de los últimos ciclos que justificó el «apoyo» oficial por $ 30 millones para Entre Ríos y $ 10 millones para Corrientes.

De todos modos, y aunque el panorama es más que sombrío, las distintas partes mantienen alguna expectativa que les permita sobreponerse a la crisis y recuperar terreno. Para eso desarrollaron, incluso, un plan estratégico sectorial, en el que se trabajó más de un año y que abarca la totalidad de la problemática, además de los «20 temas» que tienen en espera para plantear a las autoridades nacionales y también las provinciales, especialmente de Tucumán y de Entre Ríos, que con casi 40.000 y 42.000 hectáreas, respectivamente, ocupan casi el 60% del total de la superficie citrícola argentina.

De todos modos, a la hora de priorizar, la demanda crediticia se impone por goleada. «Este tema es excluyente. Necesitamos urgente un plan de riego (sólo el 20%-25% del Litoral, por ejemplo, cuenta con esta tecnología), un nuevo plan de trabajo, y también, hay que encarar la reconversión citrícola en forma urgente», reconoce Caprarulo.

De hecho, hoy, son muy pocas las variedades con alguna rentabilidad positiva. Tanto así que en naranja, donde hay más de 14 variedades comerciales prácticamente ninguna pasa la prueba.

Casi un «jaque», para una de las actividades más antiguas del país.

Dejá tu comentario