14 de diciembre 2009 - 00:00

Los descreídos sellarán la contienda

Captar los votos del independiente Marco Enríquez-Ominami y del izquierdista Jorge Arrate (fotos) es la única esperanza de Eduardo Frei para frenar el avance de Sebastián Piñera al palacio presidencial de La Moneda.
Captar los votos del independiente Marco Enríquez-Ominami y del izquierdista Jorge Arrate (fotos) es la única esperanza de Eduardo Frei para frenar el avance de Sebastián Piñera al palacio presidencial de La Moneda.
Santiago (enviado especial) - Sebastián Piñera tiene motivos para verse en La Moneda a partir de marzo próximo. La brecha considerable con su principal contrincante podría ser indescontable, no sólo por lo amplia, sino también por el desgaste del postulante oficialista Eduardo Frei, que deberá perforar ahora un voto aideológico, descreído, que en parte optó por el tercer candidato en liza, Marco Enríquez-Ominami.

Sin embargo, a la luz de las encuestas preelectorales, la noche podría haber sido más amarga para la Concertación que lideran socialistas y democratacristianos, y que, a veinte años de su creación, demostró que su maquinaria y lo que representa están un poco más aceitados que lo pensado.

Menos votos

Con los resultados en la mano, desde el Gobierno de Michelle Bachelet se empeñaban anoche en hacerle ver al candidato de la derecha la mitad vacía del vaso. Piñera acababa de obtener una elección inferior a la conseguida por la alianza conservadora en 1999 y a la suma de los dos postulantes que presentó en 2005. En ambos casos, el sector casi se encontró con su techo en primera vuelta.

Todo indica que este leve descenso de Piñera podría ser atribuido al emergente Enríquez-Ominami, que, a caballo de un discurso algo difuso, arrebató votos al oficialismo (la mayoría), pero también a la derecha. Es decir que el candidato opositor tiene espacio para subir unos puntos más el 17 de enero.

Para luchar contra la abstención o el voto nulo, Frei ya puso en marcha una ofensiva de seducción de cara a los escépticos, al amparo de la popularidad de Bachelet. Ya lo había hecho en el último tramo de la campaña, y lo profundizó en el llamado que hizo anoche a los votantes de los dos candidatos que quedaron fuera de la segunda vuelta. Un mensaje «tremendamente progresista», definían en el oficialismo.

Antecedentes

Los anteriores balotajes que consagraron a Ricardo Lagos en 2000 y a Bachelet en 2005 demostraron que la Concertación logró sumar casi íntegramente el apoyo conseguido por la izquierda extraparlamentaria de Juntos Podemos, y que en esta oportunidad presentó al socialista allendista Jorge Arrate. Este candidato y el Partido Comunista ya hicieron pública su intención de bloquearle el paso a Piñera sellando un pacto con la Concertación. Si bien Frei significa un escollo mayor para un votante de izquierda crítico, podría suponerse que el porcentaje de Arrate se sumará al de Frei.

Distinto es el caso de los seguidores de Enríquez-Ominami. Lo obtenido por este disidente socialista es algo inferior a lo que indicaban las encuestas, una buena noticia para Frei. Enríquez-Ominami enfrenta la inexorable ruptura de su electorado, al que dejó en libertad de acción.

Negociaciones

El padre adoptivo del candidato, el histórico socialista Carlos Ominami, encabeza la ofensiva para establecer negociaciones con la Concertación, de la que fue miembro fundador. Pero quien iba a ser su ministro de Economía, el joven empresario liberal Paul Fontaine, dio como un hecho en diálogo con Ámbito Financiero que aceptará sumarse a la campaña de Piñera.

«Se hace imposible que abuse de la confienza que me han dado. No tengo ninguna posibilidad, porque

me nace del alma, de llamar a endosar votos a otro candidato. No lo haré, y no lo haremos por respeto a los más pobres y desamparados», dijo el joven de 36 años tras reconocer los resultados.

Así las cosas, Piñera tiene una chance de oro. Será la última. Aunque el poder desgasta, Giulio Andreotti ya aclaró alguna vez que más desgasta al que no lo tiene.

Dejá tu comentario