20 de junio 2017 - 00:00

Los dilemas de un conflicto endiablado

Washington - Estados Unidos siempre quiso evitar una confrontación militar directa con el régimen de Damasco, contra el que no está en guerra. Sólo lo están, afirma, contra los yihadistas del Estado Islámico (EI). Sin embargo, las fuerzas en el terreno están autorizadas a defenderse de cualquier ataque del régimen o defender a las fuerzas locales a las que apoya. Eso fue lo que pasó cuando el avión sirio fue abatido (ver nota aparte).

Es también lo que ocurrió al menos en tres ocasiones desde el comienzo de mayo en la región de Al Tanaf, cerca de la frontera con Irak y Jordania, cuando las fuerzas estadounidenses bombardearon a las del Gobierno. "Probablemente no será la última vez, especialmente para protegerse a sí mismas y a sus aliados en el terreno", indicó ayer Luke Coffey, un analista militar de la fundación Heritage.

La administración de Donald Trump hizo lo que la de Barack Obama siempre se negó a hacer: atacar al régimen en respuesta al uso de armas químicas. El 7 de abril ordenó disparar misiles Tomahawk contra la base aérea de la que había partido el ataque.

Trump delegó además a los militares las decisiones operativas, dándoles mayor autonomía en la guerra contra el EI. Pero no modificó la orientación global de Obama: focalizarse en la derrota del EI y liberar Al Raqa, la capital autoproclamada de los yihadistas, apoyándose en los combates en tierra de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una coalición kurdo-árabe.

Hasta hace unos meses, las tropas de Bashar al Asad estaban enteramente dedicadas a combatir a los rebeldes en el oeste de Siria. La derrota de los rebeldes en Alepo y otros de sus bastiones permite a las fuerzas militares del régimen progresar hacia el este y entrar en contacto con las FDS y en zonas en las que Estados Unidos y la coalición internacional están activos.

Los enfrentamientos esporádicos entre las fuerzas de Al Asad y las de la coalición y sus socios parecen una prueba de Damasco sobre la determinación de Washington y la coalición para defender los territorios tomados al EI. Por falta de regulación política del conflicto, una cuestión crucial sigue sin respuesta: ¿quién va a controlar en el futuro esas zonas?

El Gobierno de Trump no quiere anunciar la cantidad de soldados que están desplegados en Siria, pero la cifra probablemente se acerca al millar. La administración autorizó la presencia permanente de unos 500 soldados de las fuerzas especiales para asesorar a las FDS y otros grupos que luchan contra el EI. Pero varios cientos de soldados extra son enviados para despliegues temporales, en particular para el apoyo a la artillería de las FDS cerca de Al Raqa.

Agencia AFP

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