1 de junio 2010 - 00:00

Los excelentes Patitucci, Simon y Acuña, para pocos

El bajista y contrabajista norteamericano John Patitucci conformó con el pianista venezolano Ed Simon y el percusionista peruano Alex Acuña un trío que maravilló con su música a unos pocos privilegiados.
El bajista y contrabajista norteamericano John Patitucci conformó con el pianista venezolano Ed Simon y el percusionista peruano Alex Acuña un trío que maravilló con su música a unos pocos privilegiados.
Actuación de Alex Acuña (batería, congas, cajón), Ed Simon (piano) y John Patitucci (bajo, contrabajo). (Teatro ND/Ateneo; 30 de mayo).

Muy tarde en la noche del domingo y en una sala pequeña -todo menos ilustre de lo que hubieran merecido- nos encontramos con un trío multinacional de jazz que apabulló con su música a los afortunados que estaban allí.

El bajista y contrabajista John Patitucci es el único que nació en Estados Unidos, más precisamente en Brooklyn, aunque tiene ascendencia italiana (y en ese idioma elige comunicarse con el público argentino); Alex Acuña es peruano, y son muchos los que aseguran que es uno de los mayores percusionistas de la actualidad, capaz de recorrer con la misma eficacia todos los géneros. Por último, el pianista y compositor Edward Simon es venezolano y el más joven del trío -nació en Punta Cardón en 1969- y, a la vez, uno de los mejor formados desde el punto de vista académico.

La suma de estas tres individualidades sobresalientes da, en este caso, mucho más que un sencillo resultado matemático. Simon es el «técnico», el virtuoso de las teclas, el autor de la mayoría de las piezas que interpretan en 90 minutos de concierto, los pies sobre la tierra. Patitucci pasa del virtuosismo de las escalas (es igualmente hábil con el bajo de mano como con el contrabajo) a la dulzura del «canto», de la base sólida a la más absoluta libertad en las improvisaciones, de la formal presentación de los temas a una creatividad que siempre juega en los límites de las convenciones. Y el percusionista, con su simpatía latina que hasta le permite jugar algunos pasos de humor musical, y con una originalidad que nunca queda eclipsada por una técnica brillante, fue la frutilla de un postre muy sabroso.

Para cerrar con algunos datos, habría que decir que hicieron un repertorio en el que convivieron «standards» de orígenes diversos: «El día que me quieras» en una versión muy interesante; «Meditations» de John Coltrane, con un imponente solo del bajista, y temas de Patitucci y de Simon en los que tampoco faltaron los toques sudamericanos de la chacarera mezclados con el bebop más clásico.

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