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Los Kirchner y la CGT, jaqueados por basistas
Daniel Scioli
El jefe de la CGT vio, antes, lo que la Casa Rosada tardó en detectar: que el conflicto, sin una mediación, terminaba de la peor manera, porque pasados 30 días -cuando ocurrió el desalojo iban 37-, en vez de agotarse, la protesta sumaba cada día más virulencia.
Pero, en algún punto, Moyano sacó su tajada: la crisis de Kraft, motivada por sectores sindicales de la izquierda, refuerza su rol de «garante» de un sindicalismo más proclive a la negociación, aun entre tironeos, que a la confrontación definitiva.
El riesgo, de todos modos, subyace. En Pacheco, otra vez, el soporte del sindicalismo peronista fue superado, en parte por la crisis interna del gremio de la Alimentación, por el basismo que cree ver en cada episodio rebelde la semilla de la revolución siempre frustrada.
El Gobierno, inactivo en todos los planos, tardó todo lo que sabe tardar y esperó, sin motivos, que la crisis se encauce sola. Pagó la demora: tuvo que ordenar el desaloje urgido más por el malestar en el tránsito que por el conflicto sindical en sí.
La conciliación obligatoria que se prenuncia debió operar -como mínimo- una semana atrás. La tardanza le estallará hoy a Cristina de Kirchner, recién llegada de una de esas giras internacionales que le fascinan, al barro local con marcha ruidosa en Plaza de Mayo.
Lo macro, otra vez, le impide ver lo micro. La batalla por la Ley de Medios, a la que el eje Casa Rosada-Olivos le dedica todo su tiempo, lo subsumió al punto de impedirle comprobar que el caso Kraft, con 156 despedidos, iba inevitablemente a estallar.
El día no va a ser fácil. El basismo, que tiene soporte del Partido Obrero, el MST y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), brazo piquetero y gremial del PCR, promete una asamblea de madrugada para impedir que la empresa comience a trabajar, ahora liberada.
Después la marcha con críticas al Gobierno, no sólo por la inacción para resolver el conflicto, sino por el modo en que realizó el desalojo. Daniel Scioli pagó ese costo; hoy irán a tocar el bombo frente al despacho de la Presidente. Lo que el Gobierno creyó que clausuraba el viernes, sembró la historia que comenzará hoy, bien temprano, en la puerta de la planta de Kraft en General Pacheco.


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