No hace falta ser un genio para sospechar que a medida que más sube el precio del petróleo (el viernes quedó en u$s 109,16 por barril, una suba del 31% en el año), menos lo hace su demanda. De hecho, mientras el año pasado el consumo creció el 3,4%, en los primeros tres meses de 2011 apenas si aumentó el 2,6% (frente al 4,1% del último trimestre de 2010), y de seguir esta tendencia se espera que la variación anual apenas ronde el 1,6% (menor que el promedio 2001-2007 y no el mejor augurio de expansión económica). Claro que el aumento de la demanda no es parejo: en Europa prácticamente se estancó, en los EE.UU. trepó el 2,9% y en China voló un 9,6%. Sin minimizar el peso del resto de los emergentes, la duda es hasta qué punto China seguirá siendo el motor del consumo -mundial de commodities- y cuándo comenzarán a sentirse las medidas que viene tomando ese Gobierno para contener la inflación (en realidad, lo que se quiere contener es el malestar social derivado de la suba de precios). Hasta ahora el Gobierno en Pekín no ha tenido demasiado éxito, a pesar de que el domingo dispusieron el cuarto incremento del año de las reservas del sistema bancario (al 20,5% y a 12 días del último aumento de tasas -se espera otro en breve-); pero es claro que en algún momento estas medidas tendrán algún efecto. Pero no fue esto, ni la situación política (que está pesando y mucho) ni la geopolítica lo que mas pesó para que el Dow perdiera el 0,31% en la semana (si bien el viernes trepó el 0.46%, a 12.341,83 puntos), sino los balances arribados, cuyas ganancias estuvieron un 3,5% debajo de lo que esperaban los analistas (algunos nombres: Alcoa, Bank of America, Google, etc.). Esto no debe sorprender demasiado porque si bien las ganancias totales reportadas por las empresas superaron las proyecciones de los analistas en los últimos ocho trimestres, la proporción de empresas que lo hicieron viene cayendo en los últimos tres.
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