15 de diciembre 2014 - 07:50

"Los planes asistenciales no deben ir en contra del desarrollo productivo"

Los planes asistenciales no deben ir en contra del desarrollo productivo
Las políticas asistenciales "no deben ser diseñadas de manera tal que conspiren contra el desarrollo productivo o que la gente opte por este mecanismo porque le redunda en mejores beneficios que trabajar", sostuvo Nora Lustig, rectora de la Universidad de las Américas-Puebla, México, experta en temas de pobreza e inclusión social. Fue asesora senior y jefa de la Unidad de Pobreza y Desigualdad del BID. También fue senior fellow del Programa de Estudios de Política Exterior de la Brookings Institution y profesora de Economía en el Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México.

Durante la entrevista con Ámbito Biz se refirió a los planes asistenciales en la Argentina y consideró que los dos más importantes -la asignación universal y la moratoria previsional- "como programas no están mal", aunque advirtió que por "errores de diseño" "no cuidan que los recursos siempre vayan a los más pobres y que al mismo tiempo no creen desincentivos al trabajo, al ahorro o a la contribución previsional". La problemática de los Ni-Ni (que no trabajan ni estudian) y el flagelo del narcotráfico son algunos de los temas conversados.

Periodista: En la Argentina tenemos una vasta red de planes asistenciales; pero algunos cuestionan que los beneficiarios no son dotados de herramientas que les permitan insertarse en el mercado laboral. ¿Cuál es la experiencia internacional con este tipo de ayudas?

Nora Lustig.:
Hay dos tipos de programas sociales que se han puesto en marcha en la región con distintos montos. Las transferencias monetarias focalizadas y condicionadas y los planes de pensiones no contributivas (moratorias previsionales). En los primeros, lo que se enfatiza es que la transferencia sea acompañada de una corresponsabilidad o condiciones para que los destinatarios se comprometan a hacer algo. En los programas de transferencia focalizada aún no se ha podido comprobar si realmente generan la posibilidad de que la gente acceda a mejores trabajos. Lo que sí está claro es que en donde se llevaron a cabo bien, como es el caso de México, los indicadores de desempeño dan bien: no sólo las familias tienen más recursos, sino que también la gente que está en estos programas tiene mejores indicadores de salud, de nutrición y de asistencia escolar.

P.: ¿Pero estos programas ayudan a que luego se puedan incorporar al mercado laboral?

N.L.:
Ahí no está tan claro, no tenemos todavía evidencias de que este tipo de mecanismos permita hacer el puente de transferencia a una inserción laboral de largo plazo. Pero esto no quiere decir que no se deben aplicar. Porque mientras tanto están reduciendo la miseria de miles de familias y mejorando su nivel de vida, simplemente gente que antes no hubiera sobrevivido; fíjese que la mortalidad infantil bajó en la región.

P.: Muchos destinatarios de estos planes en la Argentina a veces prefieren no ingresar al mercado laboral formal por temor a perder este beneficio que lo ven como más estable y permanente en el tiempo, ¿cómo evalúa la situación?

N.L.:
En la Argentina los planes sociales no son condicionados, son transferencias pseudocondicionadas, es un problema de error de diseño (del plan). Una vulnerabilidad importante del combate a la pobreza es que no está enfocándose fuertemente en el desarrollo humano, sobre todo pensando qué debe pasar desde la primera infancia hasta que las personas están en condiciones de ingresar en el mercado de trabajo. Los dos programas que tiene la Argentina importantes, los de transferencias, la asignación universal y la moratoria previsional, como programas no están mal, pero debe de haber errores de diseño importantes tanto en cómo se define quiénes deben ser los beneficiarios hasta la fiscalización para ver si se cumplen los objetivos. La Argentina gasta bastante en pensiones no contributivas. Tuvieron la virtud de permitir que una gran cantidad de mujeres pudieron jubilarse, pero acá otra vez se está incentivado que alguien piense: "Si voy a tener pensión sin contribuir, para qué lo voy a hacer". No entiendo de dónde viene esta visión; estás yendo en contra de lo que querés lograr como sociedad que es la formalización y la integración al sistema de bienestar.

P.: Algunos sectores de la oposición sostienen que este tipo de programas incentiva el clientelismo político...

N.L.:
Los programas de pensiones no contributivas, por eso proliferan mucho en el región, son políticamente muy rentables, esto es un hecho. No es casual, y la Argentina no está sola, lo están haciendo en varios países pero la Argentina está un poco en el extremo en cómo se ha implementado. Está bueno que ha permitido tener el acceso a mujeres de pocos recursos, pero también hay un desperdicio de recursos que va a los sectores no pobres. Para crear un Estado moderno, ésta no es la intervención que se debe fomentar. Lo que debe cambiar es que el monto debe ser más bajo. En la Argentina la distancia entre la pensión no contributiva y la contributiva es la más pequeña que hay en este tipo de programa. Si uno quiere dar combate a la pobreza con este mecanismo sería mejor focalizar más los recursos.

P.: Uno de los grandes dilemas de estos programas es qué político se va a atrever a quitarlos...

N.L.:
Es muy difícil. Creo que lo que tendrá que hacerse es un rediseño de las políticas mostrando dónde están sus efectos nocivos, si están fomentando al informal, etc. Se deben generar consensos ante recursos escasos para orientarlos hacia los que más los necesitan.

P.: En la Argentina se da la paradoja de que a veces una familia recibe más dinero por estos planes que otra que trabaja, ¿cómo se soluciona este problema?

N.L.:
La clave está en el diseño del programa, no son el tipo de programas, sino cómo se han diseñado. Desafortunadamente en la Argentina algunas de las características del diseño del plan no cuidan que los recursos siempre vayan a los más pobres y que al mismo tiempo no creen desincentivos al trabajo, al ahorro o a la contribución previsional.

P.: Algunos críticos consideran que la Argentina y Venezuela tienen políticas populistas justamente por la implementación de sus planes sociales, ¿qué opina al respecto?

N.L.:
La utilización de los programas, ya sea el de las pensiones o las transferencias focalizadas, no es populismo. Lo es si se hacen con recursos que no son sostenibles, esto es lo que hay que preguntarse. Y lo segundo es si se generan principalmente con una motivación política, sin prestar atención a ver cuáles pueden ser los efectos que distorsionen tus objetivos de largo plazo, de una sociedad con alta educación, buena salud e integrada en un esquema de bienestar social formal.

P.: ¿Es decir que el objetivo debería ser que estos planes puedan desaparecer en el tiempo?

N.L.:
Nunca vas a deshacerte de estas políticas porque siempre, desafortunadamente, va a haber una parte de la población que las va a necesitar, pero no deben ser diseñadas de manera tal que conspiren contra el desarrollo productivo o que la gente opte por este mecanismo porque le redunda en mejores beneficios que trabajar.

P.: En la Argentina ya hay casos de tres generaciones que viven de planes sociales, ¿se pueden llegar a incorporar al mercado laboral?

N.L.:
Es un desafío, pero creo que sí se puede porque la gente cuando no tiene acceso a otros recursos, va a trabajar. En México también ya hay varias generaciones que reciben transferencias, pero por sus montos no le alcanzan a la gente para que pueda vivir; ésta es la gran diferencia, es una ayuda, pero no un sustituto.

P.: En la Argentina, el narcotráfico lamentablemente encuentra bastante fácil captar jóvenes Ni Ni, es decir que no trabajan ni estudian, ¿cómo se combate este problema?

N.L.: Es una laguna en el menú de políticas sociales, no hay realmente un diseño de programas, hay algunos programas pequeños para que los jóvenes no se pierdan en la delincuencia, que no sea ése el camino que les dé inclusión social. Yo no sé cuál es la solución, es un desafío para los economistas, los sociólogos, los que están haciendo políticas públicas, pensar cómo encontramos un camino de inclusión social dentro de la legalidad. Lo que pasó en México es terrible.

P.: ¿Los organismos multilaterales de crédito, no debieran poner en su agenda el combate al narcotráfico para que la política se vea interesada en hacerlo?

N.L.: Definitivamente. Creo que los organismos deberían poner este tema, porque es una de las fuentes de degradación social y económica. Hay un desperdicio de recursos potenciales de gente que podría ser productiva, por la cantidad de recursos que se deben destinar a la seguridad, más el hecho de que está desincentivando la inversión en muchos lugares de manera muy marcada. México es un caso.

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