La convicción la comparte el sciolismo. En ambos campamentos, el argumento es más psicológico que político: al tigrense le imputan falta de osadía, aunque en privado usan un término orillero y escatológico.
El convencimiento, que igual habilita acciones preventivas como mandar a armar cristinismo en dominios massistas como Pilar, San Martín y San Fernando, choca con la certidumbre de los que gastan a cuenta para cobrar para cuando Massa amenezca como candidato del Frente Renovador.
Los que tienen acciones clase A de Massa 2013 operan en diferentes niveles. El primer anillo político massista lo integran los alcaldes del Grupo de los 8 -De la Torre, Eseverri, Alegre, entre otros- al que, en 2011, se sumaron Gabriel Katopodis y Luis Andreotti, con quienes Massa hizo campaña en San Martín y en San Fernando.
En tanto, desde hace tres años, circula un grupo de referentes como Juan "Vasco" Amondarain, apoderado del Frente Renovador, y Sergio "Chino" Villordo, que hacen massismo explícito.
Pero el engorde mayor se registró en los últimos meses, y en particular en las semanas recientes. Añejos mecenas como Luis Barrionuevo y Graciela Camaño abandonaron el grupo Casa Córdoba, patrocinado por José Manuel de la Sota como peronismo anti-K, cuando el cordobés en una sobremesa en Casa Galicia, propuso no esperar más a Massa y girar hacia Francisco de Narváez.
Esa noche, a Barrionuevo todos los miraban con sorna cuando insistía con su mantra:
-No sean pelotudos; Sergio va a ser candidato.
Camaño no tiene que renovar banca, pero aspira a ubicar algún candidato en la boleta nacional del FR. Barrionuevo, en tanto, sería candidato a diputado por Catamarca en un ensamble con Compromiso Federal, el partido de los Rodríguez Saá.
A fines del año pasado, Felipe Solá se arrimó cuando la opción Massa era, todavía, hipotética. El exgobernador siempre descartó un acuerdo con el peronismo anti-K de De Narváez y rechazó volver a formar equipo con el diputado y Mauricio Macri como en 2009, experiencia que lo persigue como un estigma. En diciembre se queda sin banca al igual que sus dos laderos, Roberto Moullerón y Raúl Rivara, y estaría entre los primeros cuatro casilleros de la boleta.
El petrolero Alberto Roberti es otro de los que saltaron al massismo. Alguna vez protector de Felipe Solá, luego se asoció a De Narváez y meses atrás abandonó ese espacio para mutar en massista. Tiene una urgencia: a su mujer, Mónica López, se le termina el mandato bonaerense y tiene la imperiosa necesidad de renovarle la banca, a priori por la Tercera Sección.
Darío Giustozzi, intendente de Almirante Brown, formalizó su fusión con Massa la semana pasada, pero las conversaciones se remontan a dos meses atrás. Además del interés de aparecer en la vidriera provincial con visibilidad y juego, y juntar desencantos con la Casa Rosada, Giustozzi tiene que garantizar la butaca legislativa de Franco Caviglia, que quedó como coapoderado del FR, a quien se le termina en diciembre.
Algo similar ocurre con Jesús Cariglino, que el miércoles pasado rompió toda chance de ir a un acuerdo con De Narváez y mandó a su gente a anotarse en el frente massista. El intendente de Malvinas, además de preservar el territorio, quiere renovar la banca de senador bonaerense de su hermano Roque.
Parecida es la demanda de Luis Acuña, alcalde de Hurlingham, a quien el kirchnerismo le arma trinchera en el territorio, ordenada por Juan Zabaleta. El alcalde pretende que su mujer, Azucena Ehcosor, pueda seguir como legisladora, aunque saltaría de la provincia a la Nación como candidata a diputada.
| P.I. |


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