17 de abril 2013 - 00:00

Los Richards, emblema del dolor de un país

El rostro de Martin Richards recorrió ayer las redes sociales. Suhermana de seis años perdió una pierna y su madre está grave.
El rostro de Martin Richards recorrió ayer las redes sociales. Su hermana de seis años perdió una pierna y su madre está grave.
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Alessandra Baldini



Nueva York - Martin Richards, de ocho años, corría a abrazar a su papá, Bill, en la meta de la maratón de Boston cuando dos bombas, artesanales pero potentes, detuvieron su camino: el pequeño se convirtió en el símbolo del último alocado acto de violencia en la historia de Estados Unidos.

Martin, cuya imagen con una sonrisa desdentada se repite en los televisores del país, es uno de los tres muertos en los atentados del lunes. La suya es una familia destruida en el día que debía representar un pequeño triunfo para el papá.

A Jane, de seis años, la hermana pequeña de Martin, le fue amputada una de sus piernas y se encuentra grave, mientras la mamá, Denise, que dirige una guardería en el barrio de Dorchester, se debate entre la vida y la muerte con esquirlas en el cerebro. Un capricho del destino, la cita con la tragedia, los sorprendió en el epicentro del atentado, donde la fuerza de la deflagración fue tremenda. Cerca de ellos estaban dos hermanos de 31 y 33 años que habían ido a abrazar a un amigo que corría la maratón y cada uno de ellos perdió una pierna.

Bill Richardson volvió a su casa anoche, llevando todavía la bata del hospital. De su linda familia sólo salió ileso Henry, el mayor de los tres hermanos, que cursa quinto grado de primaria. "Parecía un muerto viviente", relató un vecino. Martin era un niño alegre, que sacaba buenas notas y que amaba la paz. "Basta de hacer daño a la gente", había escrito en un póster mostrado orgullosamente a sus compañeros en una foto tomada en clase y que ayer fue colgada en Facebook.

Alguien escribió la palabra "Peace", paz, en mayúsculas con tiza fuera de la casa familiar en Dorchester.

Ante la puerta de entrada dejaron flores, osos de peluche y velas.

Para el presidente Barack Obama se trata de la segunda matanza desde su reelección a la Casa Blanca que ha segado la vida de niños. A la primera, la perpetrada en la escuela de Newtown, Connecticut, estaba dedicada la última milla de la maratón, la carrera más antigua del mundo en cuyo recorrido se amontonaban cientos de miles de personas, entre las cuales, quizás, el responsable de los atentados.

Además de Martin y su hermana, otros niños resultaron heridos, dos de los cuales se encuentran aún graves. El hospital infantil de la ciudad, entre los mejores hospitales pediátricos del mundo, informó, sin revelar su identidad, que ingresaron siete pequeños pacientes, entre los cuales uno de 2 años, herido en la cabeza, ahora está mejor.

Otra niña de nueve años con una herida grave en una pierna pasó el lunes horas en el quirófano. Y para Aaron Hern, de 11 años, que había viajado desde California para aplaudir a su mamá en la línea de meta, empezó un largo calvario: después de una primera intervención para extraer las esquirlas de una pierna, el niño tendrá que someterse a otras operaciones.

Agencia ANSA