“Argentina salvaje” se refiere a la decreciente fauna animal que busca diariamente su comida, o evita que la coman, en los inmensos parques nacionales y provinciales, y en algunas estancias de espíritu ecologista. Pumas, zorros y cóndores ante una misma cena, gaviotas cocineras picando el lomo de un ballenato en busca de grasa, una tarántula macho en guardia contra las ocultas intenciones de la hembra, orcas al acecho de inocentes lobitos marinos y lobas que salen victoriosamente en defensa de sus crías, la lista no termina ahí. Camarógrafos especializados de cuatro países estuvieron pacientemente a lo largo de tres años, a la espera del momento justo, para registrar, por ejemplo, un nido de vencejos en las rocas, detrás del torrente de agua de una de las cataratas del Iguazú, o -un ejemplo más grave- la forzada y riesgosa convivencia de carpinchos y yacarés sobrevivientes de la sequía y el incendio de los Esteros del Iberá, catástrofes que pueden repetirse el próximo verano.

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