Periodista: ¿Cómo vive esta nueva etapa en el American Ballet?
Luciana París: Con mucha felicidad. De todas maneras es un poco contradictorio, porque siempre bailé mucho aun teniendo el título de "cuerpo de baile", pero de todas maneras es una gran satisfacción después de tantos años de trabajo. La respuesta del público y mis colegas fue también linda.
P.: Hubo además una renovación grande en la compañía.
L.P.: Sí, que aún no se siente, la sentiremos cuando volvamos de las vacaciones, pero va a ser un cambio importante para la compañía.
P.: ¿Qué papeles le tocan en la temporada que se inicia?
L.P.: En la temporada de otoño hacemos generalmente obras cortas, me toca hacer TwylaTharp, Paul Taylor, Balanchine, eso genera una versatilidad interesante en el programa. Yo siempre bailé de todo y es gratificante, y el aprendizaje de tantos lenguajes diferentes ayuda también para el abordaje de ballets más clásicos, inevitablemente uno acumula tanta información que la variación que hacía de cierta manera en una semana ahora se encara de otra manera.
P.: ¿Con qué lenguajes o estilos se siente más a gusto?
L.P.: Tengo la capacidad de acomodarme a los diferentes estilos. Lo que más me gusta es poder combinar las cosas más técnicas con lo artístico, si puede ser actuado, mejor y si no busco encontrarle, aunque sea exclusivamente técnico, algo más artístico al movimiento. Me siento bien bailando diferentes cosas. TwylaTharp, que cada vez que viene a la compañía me elige, Paul Taylor, JiriKylián... en general me gusta todo y la sensación de poder adaptarme a todo me llena.
P.: Usted ingresó al ABT hace 14 años, pero durante años fue partenaire de Julio Bocca en el Ballet Argentino. ¿Cómo fue ese cambio?
L.P.: Al principio fue brusco. Venía de hacer giras con Julio, y como en estos grupos pequeños no se para, yo era joven, de los 15 a los 19. Cuando entré al ABT pensé: "Ahora tengo que esperar porque hay un montón de gente que también es talentosa". Después entendí que había otro peso en lo que hacía y que también eso era importante. Me gusta muchísimo mirar, aprendo, y ahí sentía que aprendía todo el tiempo.
P.: Usted dio en una visita anterior clases y audiciones en Buenos Aires. ¿Qué impresión tuvo del nivel de los alumnos y aspirantes?
L.P.: Sí, di un par de clases, y audiciones para un curso de verano en Rochester. Las audiciones fueron bárbaras, vino gente del interior. Es importante que los bailarines tengan la posibilidad de viajar y tener contacto con otros maestros y también de estar relacionados con chicos de otros países. Cuando yo tenía 15 años y empecé a viajar con Bocca y el Ballet Argentino me nutrí de una manera increíble, eso ayuda al entrenamiento que el bailarín pueda tener en el salón. El nivel era parejo. Lo que hago es volver a mis años de aprendizaje. Yo fui parte del famoso curso de 1991 en el Colón, un curso grande y de un nivel altísimo: estaban Herman Cornejo, Marianela Núñez, Daniel Proietto, Luciana Barrirero y otra gente, y también en otros cursos el nivel era bueno. Esto estaba un poco más por debajo. Siempre es evidente quiénes están en el Colón y quiénes no, pero pensé que el nivel dentro de esas clases iba a ser más desparejo en general. Hay talento y eso inspira.
P.: ¿Tiene referentes en la danza actual o de otros tiempos?
L.P.: Alessandra Ferri siempre fue mi debilidad. Eso es lo que a mí me gusta ver en una bailarina, lo que me llega, y más de este momento, Polina Semionova me encanta porque tiene todo el costado técnico y también artístico. Tengo la suerte de estar cerca de ambas, las conozco como personas, aunque uno puede darse cuenta de la personalidad del artista cuando está en el escenario, porque el alma está entregada y uno está completamente desnudo, todo se ve y se palpa. Julio es otro referente, y haber compartido con él todo lo que compartí lo pone en otro nivel. Él me formó, en sus brazos aprendí un montón de cosas. En general cualquier artista que sea bien artista me llega. Me gusta ver la nobleza en el bailarín, que la energía de los ojos llegue sin que sea una postura de "ahora tengo que hacer de", y eso es algo que no se aprende, algo que viene de forma natural y es lindo de ver. El año pasado estuve mal de un pie durante las primeras semanas de la temporada en el MET, y vi de frente todas esas funciones, y aprendí muchísimo.
P.: ¿Qué aprendió, puntualmente?
L.P.: Cosas estratégicas, como qué se nota y qué no. Uno a veces tiene demasiado en cuenta ciertas cosas pensando que se ven más de lo que se ven, o viceversa. Aprendí qué es lo que el público quiere ver. En mi caso es raro que me sienta mal en el escenario, porque las cosas técnicas que pueden no salir perfectas, gracias a mis comienzos con Julio aprendí a que funcionen pese a todo. Y el público quiere ver eso, no quiere ver que uno se cayó y baja los ojos. Todas esas cosas las tienen naturalmente una minoría de bailarines, incluso los principales. El tema de los tiempos, de usar la música, no sólo estar en música sino la importancia de la frase: ver todo eso constituyó un aprendizaje valioso.
| Entrevista de Margarita Pollini |


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