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Luis Goytisolo: “La novela es hoy un género en extinción”
Luis Goytisolo: “Estamos frente a otro cambio semejante al de la imprenta, la gente muy joven deja de leer libros. Se cierran librerías, por más que una minoría, cosa que ocurrirá siempre, siga leyendo”.
Goytisolo ha escrito una veintena de libros (novelas, relatos, fábulas, y ensayos) y obtenido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura y de la Crítica. Es miembro de la Real Academia Española. De su novela "Antagonía" dijo Mario Varga Llosa que es "un experimento que intenta renovar el contenido y la forma de la novela tradicional, siguiendo aquellos paradigmas que revolucionaron el género de la novela o, al menos lo intentaron sobre todo Proust y Joyce, pero también James, Broch y Pavese-, sin renunciar a un cierto compromiso moral y cívico con la realidad histórica".
Dialogamos con él en Guadalajara:
Periodista: ¿Por qué considera que la novela ha entrado en irremediable declive?
Luis Goytisolo: Siempre ha sido así. Cuando una determinada forma de expresión artística entra en conflicto con la evolución de los hábitos sociales, su declive es cuestión de tiempo. Su nacimiento y período de máximo esplendor, en cuanto a su aceptación por parte del público, coincidieron con una coyuntura favorable, con un panorama que le fue propicio a su expansión. La literatura oral desapareció cuando apareció la imprenta. La novela, en el sentido actual, no era posible sin la imprenta, y sin la mayor libertad que propiciaron el Renacimiento y la paulatina pérdida de poder de la Iglesia. La imprenta permitió la lectura individual. Una cosa es escuchar a alguien que lee, y otra estar uno ante un libro. La Biblia aparece en lengua vulgar, se puede acceder a ella sin intermediarios. Montaigne escribe encerrado en su torre, habla en primera persona, y así inventa un género, el ensayo. Del mismo modo que Cervantes crea la novela.
P.: ¿Cómo diagnostica la situación actual?
L.G.:: Estamos frente a otro cambio semejante al de la imprenta, la gente muy joven deja de leer libros. Se cierran librerías, por más que una minoría, cosa que ocurrirá siempre, siga leyendo. Del mismo modo que nosotros leemos a Homero en formatos que él jamás hubiera imaginado, pasará algo semejante con la literatura que sobreviva en el futuro. Así como ha habido géneros que, por su propia naturaleza, y por la relación con los hábitos sociales imperantes en casa época, se quedaron sin cultores y sin público, por ejemplo los libros de caballería, que ya sólo leía Don Quijote, en nuestro tiempo hemos ido observando otras declinaciones. Y el declive que ya es un hecho en artes como la música y la pintura, y géneros literarios como la poesía, empieza a serlo en la novela, que durante el siglo XX se convirtió en algo expansivo. Tanto lo fue que aplastó a la poesía, que se dejó de leer, sin considerar que después de Eliot no surgió ningún gran poeta.
P: Usted habla de la declinación de la novela cuando hay algunas que venden millones de ejemplares.
L.G.: Ante la percepción de la crisis, el sector empresario del mundo editorial ha decidido suplantar el concepto de novela como denominación, como razón social, por lo que antes se denominaba novela popular, y hoy best-seller. En el siglo XIX y parte del siglo XX se los denominaba folletín, y era narrativa de consumo que no se consideraba literatura. Esas obras siguen contando con el interés del público con sus violencias seriales, misterios de templarios, secretos arcanos, saberes ocultos en bibliotecas o conventos, mundos mágicos poblados de brujos, dragones y elfos, y cosas así. Sumemos la novela negra, el típico folletín romántico, y últimamente la novela sexual escrita por mujeres. El gran temor en el mundo editorial es que la novela de tradición clásica, que aún se sigue produciendo, termine como la poesía, ocurriendo que quienes la cultivan son casi sus exclusivos consumidores.
P.: ¿Qué pasará entonces?
L.G.: Los hábitos sociales terminarán de orientarse a lo que ofrecen las nuevas tecnologías, y eso provocará cambios. Un género entra en vías de extinción cuando se convierte en otra cosa. Parecería que la novela ha dejado de renovarse, de abrir nuevas sendas, y quienes toma el relevo suelen repetir fórmulas con mayor o menor talento. No es imposible que alguien escriba una gran novela, pero tan improbable acaso como que alguien componga una sinfonía equiparable a las de Beethoven. La novela lleva ya unos cuatro siglos, y creo que por la naturaleza de su contenido, que es el secreto de las grandes novelas, parecieran garantizar que mantendrán su vigencia en un público, minoritario si se quiere, pero firme, que va en busca de esa verdad incuestionable que hay en ciertas páginas y que no puede dejar de afectar a quien las lea.
P.: Usted marcó un camino innovador en la novela de lengua española. Luego de dos novelas de realismo crítico, en 1973, con "Antagonía", se volcó a una narrativa experimental, donde adelantó lo que hoy se llama literatura del yo, la superposición de puntos de vista y la mezcla de géneros. Algo que recién ahora comienza a ser reconocido.
L.G.: Hubo un momento muy brillante en España que coincidió más o menos con el boom latinoamericano, y que fue de cierto modo apagado por el boom, que era más mediático. Pero hay algunas obras que tienen la misma altura que muchas obras del boom. En el boom hay de todo. Se habla del realismo mágico; yo prefiero a Juan Rulfo, que no necesitó de ese epíteto porque "Pedro Páramo" está por encima de cualquier realismo mágico. El boom fue un fenómeno, en gran parte, comercial. El centro editorial era Barcelona, las agencias también. Eso apagó la renovación profundísima que se produjo en la novela española con los dos Juanes y los dos Luises, Juan Benet y Juan Goytisolo, y Luis Martín Santos y Luis Goytisolo. No se qué pasa releídos hoy. Sé que mis novelas han ido ganando con el tiempo. En "Antagonía" rompí con la tradición española, no soy un novelista español, no hago referencia a los problemas de España, busco que las guerras civiles no se identifiquen, no me interesa lo testimonial. Me planteé una renovación estructural, temática y estilística. El protagonista cuenta experiencias que yo he tenido, pero yo no soy Raúl Ferrer Gaminde. Recuerda cosas que cualquier niño de mi edad habría tenido. Y la cárcel, sí, estuve una meses en Carabanchel, como otros. Está la libertad sexual de Barcelona que impusimos los de mi generación. La convertimos en una ciudad muy abierta, y eso hizo que todos quisieran venir a Barcelona, como antes nosotros íbamos a París. Ese niño Raúl, que decide ser escritor, en la segunda parte es lo que vive y escribe sus sueños y fantasías. En la tercera parte es convertido en personaje por una prima lejana suya, con la que tuvo una relación, que lo mete en una novela que ha escrito ella. En la última parte, Teoría del Conocimiento, Raúl se ha convertido en autor y reelabora todo lo vivido anteriormente convertido en literatura. Antes se presentaba como tetralogía, en cuatro volúmenes. Ahora ha salido en uno solo, y se ha entendido. Han aparecido críticas en todo el mundo, y me ha permitido darme cuenta de eso.
P.: ¿Qué estás escribiendo ahora?
L.G.: Acabo de terminar una fábula, "El atasco", que será editada junto a las de "Ojos, círculos, búhos", "Devoraciones", y "Una sonrisa a través de una lágrima". Son todas muy actuales en relación a este mundo horroroso que estamos viviendo. Ahora estoy escribiendo sobre la novela y el subconsciente, aquellos elementos que aparecen en la narración y de los que el autor no es consciente. Se llamará "El sueño de San Luis" porque es un sueño que tuve el día de mi santo, y que me aclaró muchos otros sueños que he tenido a lo largo de los años. Ese sueño me dio la clave de cosas que estaban en mis novelas. Al final hago una especie de addenda en donde, si bien no puedo hablar de ellos como de mí mismo, no puedo meterme en su subconsciente, hablo de los que han influido en mí, como Hemingway en el tiempo de mi novela "Las afueras", Faulkner, Joyce y Proust. Destaco aquellas cosas que me han llamado la atención como lector y como escritor.
(*) Enviado especial


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