30 de diciembre 2009 - 00:00

Macri cree que ya pasó la peor crisis de gestión

Mauricio Macri ayer junto al grupo de representantes de la ONG Marcha Mundial por la Paz, a quienes recibió en el Salón Blanco del Palacio de Gobierno porteño.
Mauricio Macri ayer junto al grupo de representantes de la ONG Marcha Mundial por la Paz, a quienes recibió en el Salón Blanco del Palacio de Gobierno porteño.
Mauricio Macri encabezó el lunes por la noche una cena de fin de año que dedicó a sus ministros y esposas en el Museo Sívori de la Ciudad de Buenos Aires. Con algunas ausencias en el staff y otros invitados, como asesores y legisladores, en la velada el único discurso fue el del jefe porteño, con una suerte de resumen sobre los dos años de mandato.

Los funcionarios no requerían mayores discusiones porque ya habían hecho su propia catarsis durante el retiro espiritual al que se entregaron antes de la Navidad. Allí, en las mesas de trabajo las conclusiones coincidieron en alentar los proyectos para el distrito durante 2010, pero también en admitir «debilidad política» y «estar en crisis». Esa convulsión la atribuyen al caso del espía Ciro James, que le costó el puesto al ministro de Educación, Mariano Narodowski, y también a la designación fallida de Abel Posse como su reemplazante, como temas principales.

Algo de eso reconoció Macri durante la cena festiva, pero aseguró que los «errores» que cometió su Gobierno no fueron «irreversibles». De ese modo trasmitió el malestar de su tropa, dividida en su momento tanto por el nombramiento de Posse como por el permiso al casamiento gay, también luego truncado. En las mesas estaban también Gabriela Michetti; el titular de la Legislatura, Oscar Moscariello; el auditor Santiago de Estrada; el ex procurador Pablo Tonelli (junto a Macri) y, entre otros, el asesor José Torello. Además, todos los ministros y sus esposas -Macri junto a Malala Groba- excepto el de Seguridad, Guillermo Montenegro, y el de Hacienda, Néstor Grindetti. Tampoco participó el jefe de la Policía Metropolitana, Eugenio Burzaco.

Michetti distendió la tenida cuando la hijita de Horacio Rodríguez Larreta corrió a abrazarla y se aferró a ella, provocando que los invitados la acusaran con ironía de protagonizar una foto de campaña y justo con la niña de su rival en la competencia por suceder a Macri en el sillón porteño.

Si bien estuvo el ex abogado de la Ciudad, Tonelli, no fue invitado en cambio el ex de Educación, Narodowski, sobre quien se dijo permanece disgustado por su salida y por considerar que pagó un precio alto por tener contratado al espía Ciro James, aunque nada tendría que ver con las escuchas que le adjudican a ese detenido.

Repetición

Macri llegaba de grabar un programa de televisión y sin más inspiración anunció que repetiría lo que venía de decir ante las cámaras.

«La gente me votó para que haga un Gobierno de innovación en la Ciudad basado en la transparencia y la eficacia. La transparencia está, la eficacia es perfectible», arrancó y le confió a su gabinete que «hay mucho por cambiar».

Consideró que «lo importante es que los errores que cometimos no son irreversibles y hay que reconocer que el oficialismo se empecina, se encapricha, y dice: 'Profundizo el modelo'».

A modo de crítica interna sostuvo que «hubo una idealización al PRO y a esa idealización no se le perdonan los errores», dijo para referirse a que tal vez el público elector esperaba más.

Después habló de lo que considera «la ferocidad» de la oposición hacia su gestión y concluyó con que «esos ataques son por el miedo a una propuesta innovadora».

«Nos pegan tanto que no nos dejan ver nuestros aciertos, pero hay que ponerse a pensar en todo lo que hicimos»
, siguió Macri mientras se servían los postres, tarteletas de membrillo con helados, tras los platos de lomo y salmón ahumado.

«Se acabó la era de las promesas. Voy a mejorar la calidad de vida de los vecinos. Voy a seguir dando la batalla. No vine a la política para preservar el poder», entusiasmó, para rematar, acerca de su carrera presidencial cuando comenzaba la ronda de café.

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