15 de diciembre 2014 - 18:12

Macri, entre el sueño de la Rosada y la vuelta a casa

La carrera por la presidencia condiciona el futuro político del jefe de Gobierno porteño, que el próximo año inicia el último tramo de gestión y busca retener el poder y la injerencia territorial.

El año electoral pone a Macri en la encrucijada de ir por la Casa Rosada en 2015 o entregarse a un acotado descanso de la actividad política, pensando en otro turno de recambio de autoridades. Mientras tanto, se viene un verano de obras en la vía pública, no sólo para el desarrollo de una media docena de metrobuses electorales, sino también para reparación de calles, alumbrado y escenarios donde se vea al máximo su gestión.
El año electoral pone a Macri en la encrucijada de ir por la Casa Rosada en 2015 o entregarse a un acotado descanso de la actividad política, pensando en otro turno de recambio de autoridades. Mientras tanto, se viene un verano de obras en la vía pública, no sólo para el desarrollo de una media docena de metrobuses electorales, sino también para reparación de calles, alumbrado y escenarios donde se vea al máximo su gestión.
El fin de ciclo para Mauricio Macri será el próximo 2015, un simulador de un todo o nada. Si el jefe de Gobierno porteño retiene la Capital Federal a nombre de cualquiera de sus herederos -lo cual parece ahora muy probable-, pero pierde en la liga mayor, no será suficiente para que retenga la injerencia en el distrito que comandó por dos períodos consecutivos, con un Gobierno propio, pero sin escritura de su territorio.

El calendario lo coloca para acceder a la Casa Rosada o tal vez para entregarse a un año de descanso en la actividad política si insiste en anotarse para otro turno.

En la Capital Federal nadie se imagina, en el macrismo, a un sucesor propio que no quiera darle impronta singular a su gestión para luego continuar con el sueño que traman casi todos los inquilinos de Bolívar 1, cruzar la Plaza de Mayo con ilusiones de sentarse en el sillón mayor.

Será ese sucesor, entonces, quien maneje la lapicera y las cuentas con poder absoluto para no responder el teléfono, a menos que Macri quiera sentarse en algún lugar de privilegio en ese palacio mientras espera la próxima campaña electoral, pero no está hoy en los planes del PRO esa posibilidad.

Como sea, el macrismo enfrentará el año próximo el test más vertiginoso desde que comenzó a gobernar la Ciudad de Buenos Aires.

En carrera, el jefe de Gobierno ha mantenido en 2014 una estrategia de equilibrio para lograr posicionarse entre las mediciones de supuestos votos a manos de los encuestadores que lo sitúan participando de una supuesta terna de competidores para las elecciones nacionales.

Así, Macri verá si finalmente la clase política le sella definitivamente el pasaporte, a la vez que intentará vencer la adversidad en la tierra de su rival, Daniel Scioli.

El PRO no logra resolver la presencia en la provincia de Buenos Aires a pesar de la campaña de 24 horas que le dedica, pero donde no cuenta con intendentes propios -salvo su primo Jorge- ni estructura relevante y menos candidato potente, lo cual en las pasadas elecciones lo obligó a compartir boletas con Sergio Massa, para luego rápidamente despegarse de ese competidor.

Casi llega a 2015 con las mismas dificultades que comenzó 2014 para armar una boleta bonaerense, que no logró el PRO en el último año electoral.

Si hasta ahora esa puja con Massa le valió fugas cruzadas al PRO, los meses que restan para las urnas serán de mayor tensión hasta que Macri anuncie fórmula y dirima si tendrá o no aliados en su cruzada.

Por un lado el PRO sabe que sobrevivirá si se reafirma en la Ciudad de Buenos Aires, aún cuando los malabares de su jefe no le permitan acceder a más y participe los próximos dos años desde otro lugar, pero habrá que ver si es el propio Macri o su suceción el encargado de taponar la posibilidad de un éxodo importante.

La fórmula del Metrobus la replicará al por mayor el jefe porteño y casi no intentará más que esas obras que le resultan favorables en votos para trascender los límites de la Capital Federal, según creen en el PRO, buscando adhesiones en otras latitudes.

De ese modo, la otra disputa en la Ciudad de Buenos Aires se verá por el segundo puesto con un kirchnerismo que tiene dificultades para sostener poco más del 20% que se propone sin candidato fuerte, disperso entre la variedad de postulantes presidenciales y sólo con la expectativa de conseguir conservar algunas bancas en la Legislatura porteña.

Macri mira cómo se hace añicos el combo UNEN que le disputa una porción de votos, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires, con una Elisa Carrió que repuntó en adhesiones en el distrito donde, como a Macri, mejor le va, pero también es donde esa liga de partidos no quiere ceder en la competencia.

Mientras tanto, será un verano, el que se aproxima, de obras en la vía pública, según el presupuesto PRO, no sólo para el desarrollo de una media docena de metrobuses electorales, también para reparación de calles, alumbrado y escenarios donde se vea, lo máximo posible, la gestión de Macri. No es poco para el humor de los porteños, que vienen repitiendo desde 2007 su simpatía por el PRO y reafirmando su negativa al peronismo.

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