Hace dos años el petróleo se cotizaba en u$s 100 el barril. Actualmente está apenas por encima de los u$s 20. La inestabilidad del mercado petrolero no parece tener fondo y el Gobierno tiene pendiente este año el pago de más de u$s 10.000 millones por compromisos de la deuda soberana y de la petrolera PDVSA. La escasez de dólares está golpeando severamente un país que hace una década, con el comandante Hugo Chávez al frente, se ofrecía como el gran financiador en la región: creó la alianza energética Petrocaribe, impulsó la creación del Banco del Sur, apoyó proyectos en Bolivia, Nicaragua, Ecuador y Cuba.
Chávez incluso ideó un programa para financiar energía para calefacción en EE.UU., respaldó la construcción de viviendas y hospitales en varias islas del Caribe y planteó un proyecto que algunos consideraron irrealizable: un gasoducto desde Venezuela hasta la Argentina.
Desde que Maduro asumió el poder en abril de 2013, el barril petrolero no detiene su descenso, y arrastra a la par las dificultades para los venezolanos. En los últimos tres años, las filas para comprar productos escasos, incluyendo medicamentos, se tornaron cotidianas y se multiplicaron.
Esta semana la asociación de panaderos advirtió que las existencias de harina de trigo, que Venezuela tiene que importar en su totalidad, llegaron a un nivel crítico. La consecuencia fue que aparecieron carteles que agobian a los consumidores: "Por falta de harina no hay pan".
Maduro anunció el miércoles el aumento de los precios del combustible, que era el más barato del mundo, a fin de recortar el subsidio anual estatal, que superaba los u$s 12.000 millones. La nafta de mayor precio, de 95 octanos, se comenzó a cobrar a seis bolívares a fin de reducir la compra de productos para la mezcla, que supera, según Maduro, 1.000 millones de dólares al año. El combustible sigue siendo barato después de que el Gobierno acompañara la medida con una devaluación del cambio preferencia de 6,30 a 10 bolívares y unificara en una tasa los cambios de 12 y 200 bolívares en uno solo, que comenzará en 200 bolívares.
Analistas sugieren al Gobierno que acuerde un programa de ajustes con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para obtener dinero de respaldo, pero Maduro mantiene una actitud hostil hacia el organismo. Como alternativa a la escasez de bienes de consumo, el Gobierno creó el Ministerio de Agricultura Urbana, con la idea de que en los balcones comiencen a florecer cultivos de tomate y otros vegetales.
Istúriz comparte con Maduro la tarea de convencer a los venezolanos de que el rentismo petrolero, luego de 100 años, se agotó y que es necesario buscar un modelo productivo distinto dentro del socialismo que pregona la revolución bolivariana. La oposición considera que el país no tiene salida, e impulsa un movimiento para poner fin adelantado al mandato de Maduro.
| Agencia DPA |


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