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Mar del Plata: pocas figuras pero programa atractivo y variado
José Martínez Suárez, director del Festival de Mar del Plata: nunca se le agradecerá lo suficiente su apertura, concisa y sabia.
«Me da verguenza presentarla acá, porque soy un español mirando a la Argentina con insolencia, pero adviertan que también con ternura», se excusó el director, en una presentación de dos minutos que fue el discurso más largo de la noche. En efecto, esta vez, maravillosamente, ningún funcionario subió a hacer declamaciones, tampoco hubo números vivos, y el acto se resumió en un breve y sentido homenaje a Leonardo Favio, el agradable spot de Sebastián Hermida pu-blicitando el encuentro, la presentación de los jurados, y
el anuncio directo del maes-
tro José Martínez Suárez: «Señores, queda inaugurado el vigésimo séptimo Festival Internacional de Cine de Mar del Plata». Al fin alguien que recuerda los números ordinales.
Del resto, mucha gente joven de ropa informal, abundantes bocadillos, incluyendo sushi, y muy pocas figuras. Baste decir que los más fotografiados fueron Víctor Laplace (hoy presenta su «Puerta de hierro») y el ex jefe de gobierno porteño Jorge Telerman, hoy presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Pero también estaban Rich Moore (el director de «Los Simpson» que viene a presentar «Ralph el demoledor»), el director de terror Lamberto Bava, Moro Anghileri, Victoria Carreras, Juan Cruz Bordeau, Martín Piroyansky (anoche presentó su opera prima «Abril en New York»), y, disimulado dentro de una delegación enorme, Kim Eui-suk, presidente del Korean Film Council. Lo acompañaban siete realizadores jóvenes, otros tantos periodistas, y varias señoras y señoritas, seguramente actrices y secretarias, todos juntos, parece un tour.
La jornada también terminó con sonrisas, porque el festival ha previsto funciones de trasnoche para cultores de la sanguinolencia (el clásico «Demonios», el reciente «John Dies at the End», de Don Coscarelli, etc.) y el voyeurismo («King Kelly», una chica de su casa que afuera de casa es reina del porno amateur, el morbo de los 70 «La entrega», también llamado «El ojo detrás de las paredes», etc.).
Mar del Plata es así, bien variado. Hay clásicos recuperados como «Faraón», de Jerzy Kawalerowicz, y «Con el sudor de tu frente», con Armando Bo, piezas experimentales (anoche hubo un especial de Claudio Caldini, y antes una mesa de superochistas), «indies», programas de cortos para niños y para grandes (la gente de «El mate», de Olivos, está en los primeros), un envío de piezas inspiradas en Jorge Amado (ya se vieron las versiones brasileña y egipcia de «Quincas Berro dAgua»), obras políticas, producciones locales que nacieron en la web y acá pueden verse en pantalla grande, como «La educación prohibida», varias piezas argentinas que Martínez Suárez acoge «no porque sean argentinas sino porque se
lo merecen», y un largo etcétera.
Parte de la programación responde a cánones tradicionales del Festival, y es la que lleva más público. Otra parte tiende a convertir «esto» en un Bafici playero. Bueno, hay que pensar en la crítica snob. Las competencias también atienden gustos diversos. Por la oficial ya pasaron la mencionada «El muerto y ser feliz» (abundante en referencias cinéfilas, desde «El hombre que miente», de Alain Robbe-Grillet, en adelante), «Sightseers» (humor negro británico eficaz y con un lindo perrito blanco), y el turco «Noche de silencio» (una niña de 14 años procura dilatar la consumación de su matrimonio con un viejo feo de pasado carcelario, asunto bastante fuerte).
En la competencia latinoamericana, el potente, entretenido y muy bien hecho «7 cajas», de Paraguay (la aventura de un pibe en un mercado poco recomendable) y «El Bella Vista» (falso documental uruguayo donde veteranos reaccionarios recuperan las instalaciones de un club desplazando a los dulces travestis que lo habían convertido en lugar de citas). Y en la argentina, el documental «Calles de la memoria» (más bien veredas, porque muestra las baldosas artesanales que recuerdan graves hechos de los 70) y el fantasioso y antojadizo «Samurai», de excelente fotografía (el nieto de un guerrero japonés cabalga con un gaucho sin brazos, si uno cree que un gaucho sin brazos puede montar por sí solo a caballo ya puede creer todo lo demás).
En fin, esto recién empieza. Para el resto de la semana se esperan muchas más películas, y para el fin de semana, ay, muchísimos funcionarios dispuestos a tomar el micrófono.


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