31 de diciembre 2008 - 00:00

Maradona ya tiene quien lo ayude

Maradona ya tiene quien lo ayude
Ya no quedaba nadie. El enjambre de mosquitos del predio de Ezeiza era testigo involuntario, pero no prestaba atención a la entrada incesante de autos que iban hasta el fondo, al edificio que tiene el comedor que usa el plantel cuando está concentrado. Sin embargo, sólo quedaba un par de empleados de la AFA, que realiza las tareas en el predio. Eran las 20 horas del lunes 29, Diego llegó entre los primeros, la cercanía de su casa lo ayudó a ser madrugador para la reunión pautada con Carlos Bilardo y Humbertito Grondona. Luego arribaron Oscar Garré, Alejandro Mancuso y Miguel Ángel Lemme. De los convocados, Oscar Ruggeri, acompañado por Galíndez, el otrora masajista de México 86, fue el más demorado para la cita. Batista, Brown, Olarticoechea y el «Negro» Enrique se sumaron en el momento de culminar la práctica con la Sub-20.
Fue una charla que duró casi dos horas, en la que se habló de lo que necesitaba Diego Maradona y, sobre todo, Carlos Bilardo. El nombramiento de Batista, las declaraciones cruzadas entre integrantes del plantel campeón del mundo 1986 y la indefinición de la llegada de Ruggeri al cuerpo técnico eran tópicos obligados de la cumbre. La presencia de Humbertito le daba al encuentro calidad de «oficial»; a pesar de que Julio Grondona no estuvo en cuerpo, sí lo estuvo en alma. El presidente, y principal opositor al desembarco de Ruggeri en el grupo de trabajo de Maradona, dejó en manos de su hijo mayor y de Bilardo que le dejen bien en claro al ex defensor que aceptaría sólo si existe de su parte una actitud de agradecimiento, sea pública o puertas adentro. Y Ruggeri aceptó.
El siguiente paso era juntar a Grondona con Ruggeri. Ayer, alrededor de las 16:30, con la escenografía tradicional de Puerto Madero, en la casa del presidente se vieron las caras. Hubo retos, hubo cabezas grandes mirando hacia el piso, pero al fin de cuentas habían acordado la incorporación de Ruggeri al grupo de trabajo. Pero con una pequeña salvedad, Grondona no estaba convencido plenamente, sólo aceptó el insistente pedido de Humberto hijo, hombre clave para que haya pulgar arriba de la mano que tiene el anillo que reza ni más ni menos que la frase que servirá de resumen del armado del cuerpo técnico de Diego: «Todo pasa».

Dejá tu comentario