La gestión de Pacheco en el Malba se destaca porque supo poner en marcha una poderosa y definida línea de acción, tendiente a rescatar y brindarles la mayor visibilidad local e internacional a figuras clave del arte argentino. En alguna medida, Xul Solar, Jorge De la Vega, Oscar Boni, Víctor Grippo o Marta Minujín, ingresaron en el circuito internacional con el apoyo de Malba.
Luego, como historiador e investigador incisivo, con su primer libro «Coleccionismo artístico en Buenos Aires, del Virreinato al Centenario», un texto insoslayable publicado en el año 2011, Pacheco descubre un país que comenzaba a poblarse de arte. Ese libro demuestra con documentos irrefutables las omisiones y errores cometidos por varios historiadores del arte, dato que acaso explique su escasa difusión. Al leer que Eduardo Schiaffino, artista, crítico y primer director del Museo Nacional de Bellas Artes, hace desaparecer de la escena a Guerrico, «donante fundador del MNBA» a quien debía dinero porque «sus gastos excedían sus ingresos», se entiende la resistencia a cambiar el perfil de éste y otros próceres del arte. Pacheco, entre otros temas cruciales, enfrenta los discursos sobre el coleccionismo porteño y abre el debate sobre las pinturas de Goya que posee el MNBA, una discusión central, ya que todavía "está en juego la autenticidad de cuatro piezas clave del patrimonio nacional".
El nuevo libro, "Coleccionismo de arte en Buenos Aires 1924- 1942" editado por El Ateneo, desde ya, merece una lectura detenida de sus 380 páginas de tipografía menuda, publicadas gracias al apoyo de Teresa Grüneisen. En el prólogo el autor relata el nacimiento de su amor por el arte que conoció en la infancia, en las casas de su familia.
Por otra parte, el Malba reconoce adeudarle a Pacheco su conexión con las instituciones del interior del país y algunas de los grandes centros del mundo. En efecto, la relación más cercana es Mari Carmen Ramírez, curadora del Museo de Bellas Artes de Houston, quien prepara una gran muestra de Berni junto con Pacheco que puede colocar al rosarino en la cumbre de Latinoamérica. Entretanto, mientras parte de la colección de Malba recorre las provincias argentinas con el Plan Federal motorizado por Pacheco, el Museo profundiza una política de franca apertura al exterior. El inminente arribo de la excéntrica japonesa Yayoi Kusama, artista ya entrada en años que acaba de conquistar el público de los grandes museos de Europa, consolida la gestión del curador de las muestras llegadas del extranjero, Philipe Larratt Smith. Los cambios acrecientan las dudas sobre la continuidad de las exhibiciones de arte argentino. Este año llegará una muestra de Liliana Porter y hay un proyecto para exhibir en el futuro las últimas obras de Guillermo Kuitca. Pero artistas geniales como Emilio Renart, Marta Boto o Leopoldo Maler, por mencionar sólo tres, permanecen casi en el anonimato. Y los museos argentinos permanecen indiferentes.
El Malba "no puede hacerlo todo", decía Pacheco con el Museo en plena ampliación para exhibir la colección de arte contemporáneo que creció con él.
Luego, ¿cómo comprender el afán argentino por un fenómeno como el arte de Kusama? Más allá de ser una de las "marcas" del arte internacional, basta una anécdota de la última Feria arte BA: Malba tenía un stand anunciando la muestra de Kusama, con grandes afiches con sus obras coloridas y radiantes. Al verlo, un comprador deslumbrado recorrió toda la Feria, quería llevarse algo tan estimulante como las imágenes de la japonesa. Y no encontró nada.
Precisamente, en el nuevo libro de Pacheco figuran las contiendas determinadas por el gusto de los coleccionistas, personajes que, como bien se sabe, ejercen una decisiva influencia en la gente de su tiempo.
| A.M.Q. |


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