El joven legislador hispano, de 44 años, se hizo con el ansiado impulso que atrae la atención de los medios y los donantes y puede cambiarlo todo. Rubio estaba tercero en los sondeos, 7 puntos por detrás del senador Ted Cruz y a 11 del magnate Donald Trump, pero dio la sorpresa al terminar a una diferencia de apenas un punto del multimillonario, que tuvo que lidiar con el título que más detesta, el de perdedor.
Trump, favorito en todos los sondeos desde hace meses, quedó segundo, tres puntos por debajo de Ted Cruz, que "se ganó su victoria en Iowa, como ayer coincidían rivales y editorialistas, con la campaña más organizada en un estado que se disputa en el puerta a puerta.
Cruz, un ultraconservador alejado del "establishment" del partido, supo dirigirse a los republicanos de Iowa en su idioma, el de los valores conservadores, e hizo suya la base que marcó en los últimos años los caucus (asambleas vecinales) republicanos: los votantes evangélicos.
Trump, divorciado varias veces y del que se cuestiona su conservadurismo social, quiso ganar en Iowa saltándose las reglas de la campaña cercana y no le funcionó. Su casi total silencio tras conocerse los resultados, más allá de una escueta declaración obligada de dos minutos, fue revelador.
El magnate no invirtió tanto como sus rivales en Iowa, y sus "valores neoyorquinos", la frase que usa Cruz para recordarle al país que el magnate no es suficientemente conservador, pueden haber jugado en su contra en un estado que se toma muy en serio su papel de primero en escudriñar a los candidatos presidenciales.
Los caucus republicanos de Iowa, dominados por el voto evangélico, no apuntaron bien en las últimas dos ediciones, cuando ni Micke Huckabee (2008) ni Rick Santorum (2012) lograron la nominación del partido. Por eso ayer, aunque Cruz ganó, todos los ojos miraron a Marco Rubio, que pasó en menos de seis años de ser un senador "junior" impulsado por los ultraconservadores del Tea Party a convertirse en la mejor esperanza del aparato del partido para recuperar la Casa Blanca.
Rubio se presenta como el puente que puede "unir al partido y al movimiento conservador", como dijo el lunes, victorioso, en un discurso que algunos medios compararon con el que Obama dio tras vencer a Hillary en los caucus de 2008.
El influyente The Wall Street Journal predijo ayer que el "momentum" de Rubio va a traducirse inmediatamente en un aumento de los aportes a su campaña de los grandes donantes republicanos, para quienes anoche se confirmó que el senador por Florida es la alternativa del "establishment" ante Cruz y Trump, candidatos considerados demasiado extremos para ganar unas presidenciales.
Rubio relegó, por muy amplio margen, al candidato que en enero de 2015 era el gran favorito del aparato del partido, su otrora mentor Jeb Bush, exgobernador de Florida e hijo y hermano de expresidentes, que a pesar de la gran inversión que hizo en Iowa quedó sexto con un paupérrimo 2,8% de los votos.
El "momentum", en tanto, se le escapó entre los dedos a Bernie Sanders, que salió derrotado por una mínima diferencia frente a Hillary Clinton en los caucus demócratas más disputados de la historia.
Los analistas coinciden en que Sanders fue sin duda uno de los ganadores de la noche, ya que nadie esperaba hace unos meses que pudiera quedar tan cerca de la gran favorita, pero todos opinan también que necesitaba algo más que ese empate virtual para que su campaña lograra un impulso definitivo.
Sanders parte ahora como favorito para las siguientes primarias, las del día 9 en New Hampshire, un estado con más del 90% de población blanca y vecino a Vermont, su estado.
Clinton aparece en la lista de ganadores. Su victoria fue pírrica, pero evitó la peor pesadilla de su campaña: perder en Iowa y New Hampshire, algo de lo que sólo pudo recuperarse un candidato, su marido Bill Clinton, en 1992.
| Agencia EFE |
