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María Creuza: “El éxito tan precoz me costó caro”
María Creuza: «Mi llegada a edad tan temprana, apadrinada por Vinicius, generó muchos celos. Me llevó años y trabajo probar que valía y que tenía algún talento».
Periodista: Aquí se recuerda mucho aquel disco que grabara en La Fusa con Vinicius y Toquinho. ¿En su país también quedó como un disco clásico?
María Creuza: Sí, acá también lo consideran un álbum muy significativo, y por cierto ha marcado mi carrera posterior. Ese repertorio definió mi camino como cantante y de algún modo me puso en el lugar de principal intérprete de la obra del poeta y sus co-autores.
P.: Siendo muy joven fue apadrinada por uno de los mayores artistas de América Latina como Vinicius. ¿Qué aprendizajes le dejó aquel maestro?
M.C.: Vinicius tenía un olfato muy especial para elegir temas; y hasta hoy me ayuda a organizar una lista de canciones para un recital. Él fue quien me enseñó además a escuchar letra y melodía como un todo, a masticar las palabras para que lleguen bien a quién me escucha.
P.: ¿Tuvo alguna contraparte negativa el hecho de haberse convertido, tan prematuramente, en la niña mimada del poeta?
M.C.: Lo contraproducente fueron los celos de un determinado sector que no entendía que una chica que recién empezaba tuviera la gran oportunidad de ser «la voz» y parte de un grupo de amigos privilegiados. Después, me llevó años y trabajo probar que valía y que tenía algún talento. Me costó caro eso.
P.: ¿A eso se debió que su trabajo quedara siempre un poco en paralelo o por fuera de lo que sucedía con otras cantantes brasileñas?
M.C.: No es que mi obra y mi trabajo se hubieran mantenido circulando por carriles diferentes. Al contrario, yo hice el mismo camino que otras cantantes de mi generación. Sí puedo decir que tuve más dificultades por la importancia del padrino que tenía, y no siempre los medios me siguieron los pasos. El tiempo transcurrió y ahora, después de tantos años, pude seguir mi camino como intérprete sin tener que probar nada más. Calcule que tengo 21 discos en mi haber cantando a casi todos los compositores brasileños.
P.: Para los argentinos, su nombre es muy familiar y muy cercano. ¿Eso ha generado celos en su propio país?
M.C.: Realmente, son tantos años yendo y viniendo que en la Argentina me siento completamente en casa. Inclusive allí tengo amistades de toda la vida, como Amelita Baltar o Valeria Lynch, y hasta me casé con un cordobés de Villa Maria. Lo que me encanta es la fidelidad de mis fans argentinos. Es algo que se ha acrecentado, con los padres que me vieron desde chica y con los hijos curiosos por saber la historia de esa mujer que cantaba «Eu sei que vou te amar». Los celos brasileños existen, y hasta leí varias veces en alguna revista que no vivo más en Brasil. Por eso, para estar visible, siempre que no estoy en gira por otros lugares, hace doce años que canto y recibo en mi bar Vinicius, en Ipanema, justo en la esquina en donde el poeta y Tom Jobim compusieron la «Garota de Ipanema».
P.: Ya que menciona esa canción emblemática. ¿Le fatiga seguir cantando aquellos clásicos del repertorio brasileño que la hicieron popular en su juventud?
M.C.: No, para nada. Son clásicos y no me fatigan. Al contrario, siempre encuentro una forma de cantar diferente, una pausa, un nuevo fraseo.
P.: ¿También estarán esas canciones en su próximo concierto del ND/Ateneo?
M.C.: En el repertorio que estoy haciendo ahora no pueden faltar los temas más conocidos desde la época del disco de La Fusa. También voy a cantar dos piezas de Dorival Caymmi que hace mucho no hacia y algo de Jorge Benjor, como «Más que nada». Y como es habitual en mis shows, tendré un acompañamiento de bajo, piano, guitarra y batería.
Entrevista de Ricardo Salton


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