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Marina Comparato, una soprano “por destino” en el Colón
Marina Comparato ensaya “El barbero de Sevilla”, de Gioacchino Rossini, en el Teatro Colón, segundo título de la temporada lírica oficial.
Las cinco funciones programadas serán mañana y el miércoles a las 20.30, el sábado 3 y martes 6 de mayo a las 20.30 y el domingo 4 de mayo a las 17. En cuatro de ellas el elenco estará integrado por los italianos Mario Cassi (Figaro), Carlo Lepore (Don Bartolo), Marina Comparato (Rosina) y Marco Spotti (Don Basilio), más el debut local del tenor platense de carrera europea Juan Francisco Gatell (Almaviva) y la actuación de Fernando Grassi (Fiorello) y Patricia González (Berta). La representación del 3 contará con un reparto integrado por Omar Carrión, Luis Gaeta, Eliana Bayón, Iván Maier, Sebastián Sorarrain, Lucas Debevec-Mayer y María Luján Mirabelli. Dialogamos con Comparato:
Periodista: Usted comenzó estudiando Ciencias Políticas. ¿Cómo se dio este viraje hacia una carrera en el canto lírico?
Marina Comparato: Empezó un poco por error, por azar. Mientras estudiaba Ciencias Políticas en Florencia empecé a cantar en un coro, después en otro, y en éste el director, que también hacía la preparación vocal, me preguntó por qué no estudiaba seriamente. Durante los últimos años en la universidad estudiaba en forma particular con este maestro y después de que me recibí él me preguntó: "¿Y ahora qué vas a hacer?". Yo le contesté: "No sé, buscar trabajo". Y me sugirió dar el examen de ingreso al conservatorio, anduvo bien, cursé los dos últimos años allí y después todo se sucedió muy rápidamente, una cosa después de la otra, sin que yo lo hubiera planeado. Los primeros concursos, mi primer agente, las primeras audiciones... Era un poco increíble para mí, no creía estar haciendo esta carrera.
P.: ¿Había tenido una aproximación previa a la música?
M.C.: Sí, había estudiado piano desde niña pero no pensaba cantar. Mi idea era combinar la música con los estudios políticos. Y finalmente me encontré siendo cantante lírica por destino.
P.: ¿Cuál fue su primer contacto con Rosina?
M.C.: Mi debut fue en Londres, en una pequeña sala, gracias a una pequeña audición que había hecho para otro trabajo en Florencia. El empresario me propuso ir a Londres, me preguntó si conocía "Barbiere", yo le dije que sí aunque en realidad no lo conocía. Y como faltaban sólo dos meses para el estreno me tuve que poner a estudiarlo y debuté así, en julio de 1996, hace casi veinte años. Antes de eso había hecho un pequeño papel, el primero, en "Elektra" con Claudio Abbado, por invitación del director artístico del Maggio Musicale Fiorentino, que fue una gran escuela. Para mí fue como si me hubieran arrojado ahí dentro, algo muy repentino. Por un lado comencé haciendo roles pequeños en grandes producciones, que me dieron la posibilidad de observar y aprender de grandes colegas; por el otro hacía papeles más importantes en teatros más chicos, lo que me permitía aprender el repertorio sin un riesgo tan grande.
P.: ¿Qué es lo que ha podido aprender de sus colegas en estas experiencias en grandes teatros?
M.C.: Sobre todo, cómo estar en el escenario y cómo interactuar con los colegas en ese lugar, encontrar la propia posición física y vocal dentro de un complejo de cantantes. Recuerdo un ejercicio grupal en el que debíamos imaginar estar en una plataforma circular sostenida en el centro por un solo punto de apoyo, que se movía dependiendo de dónde estuviéramos, para comprender la importancia de la relación con el otro en el equilibrio de la escena. Y por supuesto ver a mis colegas respirar, cantar, cuándo descansan, cuándo dan más...
P.: ¿Puede mencionar especialmente a alguno?
M.C.: Sí, Mariella Devia, antes que nada, para mí fue una enseñanza enorme. Y después tantos otros... Bueno, también Juan Diego Florez, que es para mí uno de los grandes tenores del siglo.
P.: ¿Qué elementos le aportaron a su profesión de cantante sus estudios universitarios?
M.C.: Sobre todo un método de estudio, un rigor en el afrontar un papel. Igual que cuando se estudia un libro de economía o de derecho se debe comprender el todo, no página por página, en el canto no se puede saber sólo página por página el propio papel: se debe conocer la ópera en su totalidad. Y, si se puede, saber de dónde vienen las influencias de la obra que se está estudiando, el contexto histórico en el que la obra fue compuesta, qué sucedía en ese momento, qué otros compositores producían por aquel entonces, qué hechos políticos tenían lugar mientras Rossini escribía el "Barbiere", o mientras Beethoven escribía la Quinta sinfonía. Beethoven vivió a caballo de dos siglos, en una época de revoluciones, de restauraciones, y también Rossini. Es interesante ver cómo los compositores y los artistas reflejan la sociedad de su época.
P.: ¿Y en el caso del "Barbiere"?
M.C.: Nace claramente de la obra de Beaumarchais, y como tal está ligada a los estereotipos literarios de la Francia prerrevolucionaria. Pienso que el hecho de que Rossini osara afrontar este texto luego de que lo había puesto en música Paisiello da cuenta de un gran coraje por parte de este joven compositor, ya conocido pero no tan notable como Paisiello. Fue un desafío enorme para él. Y también pienso que llevó a la dramaturgia teatral del "Barbiere" una influencia más moderna, no digo romántica, pero sí que el hecho de que Rossini haya vivido en una época de transformaciones se siente en su música. Los cánones estructurales clásicos no existen más en el "Barbiere". Hay una impronta personal que no se puede encontrar en sus contemporáneos.
P.: ¿Cómo encara hoy este papel a casi veinte años de aquel debut?
M.C.: Todavía estoy intentando comprender cómo es Rosina. La concibo joven, como una adolescente en búsqueda de sí misma, como nos sentimos todas a los 17 o 18 años, cuando ya no se es una niña aunque se quiera será, pero tampoco se es una mujer. Es la edad de pasaje en la que se abre al mundo, y se cree ser invencible. Rosina no tiene tantas dudas como suelen tener los adolescentes. Ella representa el costado de la adolescencia que busca descubrir. Es una muchacha un poco caprichosa, un poco amorosa pero desafiante, ingeniosa.
P.: ¿Cómo se desarrolló el trabajo en esta producción?
M.C.: Muy bien. Cuando uno cantó un papel tantas veces es difícil llegar a una nueva producción y despojarse totalmente de lo que uno había hecho previamente. Pero Wainrot nos está ayudando muchísimo. Él nos observa y recoge lo que proponemos, aportando cosas propias. Pienso que advirtió enseguida que tenemos soltura escénica. Y me gusta muchísimo trabajar con bailarines, estoy siempre muy atenta a la importancia del cuerpo, del movimiento, y de cómo el cuerpo puede hablar. El cuerpo es mi instrumento musical, pero también mi instrumento de representación, no soy una cantante que hace sólo conciertos. Somos cantantes que actúan, y por eso trabajar con bailarines nos enseña muchísimo. Y en un teatro grande, además de la capacidad de proyectar el sonido, es importantísimo agrandar cada movimiento, alargarlo, como hacen los bailarines.
Entrevista d Margarita Pollini

