21 de junio 2010 - 00:31

Marx: "Canje debería ser como convocatoria"

• «Los que adhieran después deberían perder cupón PBI», sostuvo el ex viceministro de Economía

«La política monetaria no fue tan expansiva en los últimos meses. El problema es la demanda de dinero para transacciones y no como reserva de valor», dijo Marx.
«La política monetaria no fue tan expansiva en los últimos meses. El problema es la demanda de dinero para transacciones y no como reserva de valor», dijo Marx.
El ex viceministro de Economía Daniel Marx cree que en vez de postergar el canje de deuda sería más adecuado que el Gobierno comience con la emisión de títulos y deje abierta la posibilidad de que algunos bonistas adhieran más tarde, perdiendo ciertos beneficios, como los bonos del PBI.

Marx, secretario de Finanzas en la gestión De la Rúa, es director ejecutivo de la consultora Quantum Finanzas. Dijo además que «en la Argentina hay un problema concreto. Tenemos demanda de dinero transaccional, pero no de reserva de valor. Hacen falta credibilidad e institucionalidad para cambiarlo. El hecho de manejar día a día y discrecionalmente el acceso al mercado de cambio y a las exportaciones está mostrando esta falencia y generando mayor incertidumbre en el mediano plazo», aseguró.

Periodista: ¿Cómo analiza la evolución del canje de deuda?

Daniel Marx:
El impacto de la crisis europea no es tan fuerte. Si bien bajaron los precios de los títulos de la Argentina, al tratarse de un canje no importa tanto cuánto cayeron, sino el valor relativo de uno que no tiene cotización y otro que la va a tener. Esa relación sigue siendo atractiva, salvo para aquellos que sepan que les irá bien si siguen litigando. Lo que más perjudica al país es el valor del dinero nuevo, para el que inicialmente hubo una ampliación de spread muy superior a los de otros países emergentes vecinos. En esto pudo haber tenido que ver una situación general internacional, pero también una particular de la Argentina. Nuestro país, comparado con Brasil o Grecia a plazos similares, sigue teniendo tasas muy altas.

P.: ¿A qué factores locales atribuye que esto suceda?

D.M.:
La institucionalidad de la Argentina, incluyendo la credibilidad del INDEC. También la falta de previsibilidad de las reglas de juego fiscales y monetaria, donde se encuadra la inflación. Y la inserción argentina en el mundo es fundamental. Además, el deterioro fiscal efectivamente existió. La vulnerabilidad está hoy en el sostenimiento de los ingresos sobre el gasto público. Esto se hace más complicado cuando hay recursos que afectan la competitividad o están sólo apoyados en términos de intercambio internacional favorables.

P.: El gasto igualmente ya no aumenta como hace unos meses.

D.M.:
Sí, pero aún está en un nivel muy alto y con algunos temas estructurales incorporados como el de las jubilaciones que pasaron a ser estatales.

P.: ¿Por el lado de los ingresos podría haber un deterioro?

D.M.:
No, este año viene bien, sobre todo por todo lo vinculado al comercio exterior. Pero hay que ver si lo que hoy es favorable, es sostenible a mediado y largo plazo. Lo ideal sería ir reemplazando ingresos que afectan a la competitividad argentina por otros que tienen que ver más con tasas de crecimiento futuro.

P.: ¿Cree que sería una decisión acertada postergar el cierre del canje?

D.M.:
Si se lograra algo más prorrogándolo, está bien. Mi sugerencia, igualmente, es distinta. No postergar los plazos de emisión de títulos del canje, pero estudiar seriamente cómo seguir. Creo que hay que plantear el caso de un cramdown internacional, igual a una consolidación de deuda local apoyado en las mayorías que ya se obtienen. Es toda una gestión que no es fácil, y se necesita aumentar la credibilidad local para lograr éxitos. Hacer como en una convocatoria: aquel que quiera adherir más tarde va perdiendo los bonos del PBI, pero puede entrar.

P.: Como está planteado hoy, ¿quedará un monto importante de deuda sin entrar al canje?

D.M.:
Es un número no menor y todavía está pendiente la deuda con el Club de París.

P.: ¿Es preocupante la evolución de la inflación?

D.M.:
La inflación marca un desequilibro. A nivel macro, hay una demanda agregada que hay que ver si es sostenible y que está mostrando que los valores nominales no eran los reales. Después hay que pensar cómo se arman incrementos sostenibles de oferta. A todos nos gusta no bajar el nivel de ingreso, pero hay que justificarlo.

P.: ¿A través de la política monetaria?

D.M.:
En estos últimos meses no ha sido tan expansiva como se suponía, hubo algún grado de cautela. Lo que pasa es que no se sabe si va a seguir así. Tenemos demanda de dinero transaccional, pero no de reserva de valor. A eso me refería con la credibilidad y la institucionalidad que hacen falta. El hecho de manejar día a día y discrecionalmente el acceso al mercado de cambio y a las exportaciones está mostrando esta falencia y generando mayor incertidumbre en el mediano plazo. Se cae la inversión y hay problemas de oferta y confianza. Los controles que se impusieron a la compra de dólares sólo aumentaron el spreed entre el mercado oficial y el contado con liqui.

P.: ¿Se puede transformar repentinamente al peso como reserva de valor?

D.M.:
Varios países encararon este plan a través de la desinflación. Pero esto tiene que ver con la protección del ahorrista y de las inversiones con contratos de mediano plazo destinados a áreas que no dispersen y contagien la inflación futura. Ha tenido éxito en Chile o en Brasil.

P.: ¿Qué opina de la estrategia productivista de la que se habla en el BCRA?

D.M.:
Los bancos centrales tienen un rol que tiene que ver con lo monetario y la supervisión del sistema financiero. El rol de prestar directamente a usuarios finales le escapa a la entidad monetaria. Se pueden hacer asignaciones a los otros actores del sistema financiero o presupuestarias. Pero determinar los límites del Central es más asunto del Congreso, que una decisión de tomárselos directamente.

Entrevista de Florencia Lendoiro