• Un legislador cargó a los contribuyentes los u$s 47.200 que le costó construir una isla artificial con patos en su casa de campo.
• Otro se hizo reembolsar una hipoteca falsa.
Las revelaciones sobre la corrupción extendida en la clase política británica sorprende e indigna cada día a los ciudadanos. Los especialistas advierten sobre un voto castigo contra los partidos tradicionales en los comicios europeos del mes que viene.
Londres - Las cotidianas denuncias por gastos abusivos que castigan al Partido Laborista del primer ministro, Gordon Brown, recayeron ayer sobre los conservadores. Según informó el diario Daily Telegraph, los parlamentarios «tories» Bill Wiggin y Peters Viggers recibieron dinero público para una hipoteca «fantasma» y para cubrir gastos de jardinería, respectivamente.
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El periódico detalló que Viggers solicitó el reembolso de unas 30.000 libras esterlinas (u$s 47.200) por gastos de jardinería y 1.645 libras (u$s 2.600) por la construcción de una «isla flotante para patos» en su vivienda de campo. En el caso de la hipoteca, Wiggin alegó a la BBC que se había «equivocado al llenar el formulario», lo que provocó que una contribuyente llamara a la cadena para declarar que si un funcionario «no es capaz de llenar bien un formulario, ¿cómo se puede esperar que administre bien el país?».
Tras conocerse las acusaciones, el líder conservador David Cameron reiteró que los parlamentarios que abusaron del sistema no podrán presentarse como candidatos del partido en las próximas elecciones. Además, confirmó que un panel decidirá cuánto dinero deberán pagar Viggers y el resto de los diputados acusados.
La lista de los gastos excesivos reclamados por los legisladores británicos provoca asombro e indignación entre los contribuyentes británicos, que afrontan la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. Hasta el momento, las revelaciones del Daily Telegraph salpicaron a más de 170 diputados de todos los partidos y desacreditaron al Parlamento en su conjunto.
En los programas de radio y televisión se multiplican los llamados «a que rueden cabezas» y se reclama a los diputados -que usan el término de «honorable caballero» para dirigirse unos a otros en el Parlamento- que saquen sus chequeras y devuelvan al endeudado fisco el dinero con el que redondearon sus salarios.
El escándalo salpicó a todos: el ministro de Trabajo, James Purnell, y el de Transporte, Geoff Hoon, no pagaron impuestos sobre las grandes ganancias que obtuvieron al vender casas cuya compra había sido parcialmente financiada por los contribuyentes, y el ministro de Justicia, Jack Straw, reclamó el reembolso de un impuesto local que no había pagado.
Debido a la polémica -que puso en jaque a toda la clase política y ya provocó dimisiones-, los tres grandes partidos están de acuerdo en que es inevitable reformar el sistema de gastos de los diputados. Los laboristas, conservadores y liberal-demócratas acordaron acabar con la autogestión de la Cámara baja, transfiriendo a un organismo independiente su organización interna.
En ese marco, el presidente de los Liberales Democráticos, Chris Rennard, anunció ayer su renuncia al cargo, confirmó una portavoz de esa agrupación política. Su dimisión se conoce poco después que Rennard fuera acusado de cobrar 40.000 libras (u$s 63.000) por una segunda residencia en Londres, a pesar de ser propietario de un departamento a menos de tres kilómetros del Parlamento de Westminster. El político dijo en su momento que sus gastos parlamentarios habían sido aprobados por las autoridades de la Cámara de los Lores, donde ocupa una bancada. El pasado martes, el presidente de la Cámara de los Comunes, Michael Martin, anunció su renuncia tras quedar envuelto en el caso y se convirtió así en el primer «Speaker» en la historia británica en abandonar su cargo en más de 300 años de historia.
En tanto, al menos 15.000 ciudadanos se sumaron ayer a una campaña lanzada esta semana por el tabloides The Sun para exigirle a Brown adelantar las elecciones generales.
La campaña, que cuenta con el apoyo del Partido Conservador, demanda al jefe del Gobierno que llame a comicios para que los electores decidan en las urnas una nueva administración. Sin embargo, Brown rechazó el pedido por los comicios adelantados y dijo que permitir que los conservadores ganen en las urnas «llevará al caos».
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