15 de enero 2009 - 00:00

Más extras para la película de Chávez

El cineasta Oliver Stone se reunió ayer con Cristina y Néstor Kirchner en la residencia de Olivos. En el encuentro se hicieron algunas de las tomas de la película que el estadounidense filma sobre la «revolución sudamericana».
El cineasta Oliver Stone se reunió ayer con Cristina y Néstor Kirchner en la residencia de Olivos. En el encuentro se hicieron algunas de las tomas de la película que el estadounidense filma sobre la «revolución sudamericana».
Corrían los últimos días del año 2007 cuando, en Villavicencio, al pie de las selváticas montañas colombianas, el escenario natural y el político estaban listos para el rodaje de lo que sería un nuevo film épico del varias veces galardonado director de cine norteamericano, Oliver Stone. Se trataba de registrar, en vivo, la operación de rescate -en realidad, entrega- de tres rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), piloteada por el presidente venezolano Hugo Chávez, elegido por la guerrilla colombiana como destinatario de ese premio mayor que, de paso, le permitiría al bolivariano borrar la imagen de su reciente derrota en un plebiscito con el que buscaba abrir la puerta a su reelección indefinida.
Por esos tiempos, Néstor Kirchner estrenaba su flamante condición de ex mandatario e, invitado por el presidente francés Nicolas Sarkozy -interesado en la liberación de la rehén franco-colombiana Ingrid Betancourt-, se sumaba al operativo chavista en calidad de comisionado, con la idea de iniciar una carrera internacional; la misma que hoy lo lleva a aspirar a la presidencia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), razón por la cual los cortes de puentes hacia el Uruguay, ayer tolerados, hoy se han vuelto una urticante molestia.
Vestuario
Pero todo salió mal. Y el cineasta Stone y su elenco no pudieron ir más allá de las pruebas de vestuario -ropa clara y deportiva para soportar el calor y los mosquitos- y del repaso del guión -estudio de mapas e instrucciones verbales del comandante Chávez.
Las FARC no dieron señales de vida y luego de tres días de sofocante espera, las cámaras fueron guardadas y el set desmantelado. Los frustrados comisionados insinuaron un boicot del presidente colombiano, Álvaro Uribe. Es posible. En todo caso, estaba en su derecho. ¿Por qué facilitar lo que, antes que un operativo humanitario, era una maniobra destinada a darle protagonismo a un grupo insurgente y a promocionar a Hugo Chávez, quien hacía del ataque al gobierno colombiano una constante de su discurso?
Ahora bien, Uribe había tenido la deferencia de avisarle a la recién asumida Presidente argentina -antes de que Néstor Kirchner emprendiera el viaje-, de que el operativo fracasaría porque las FARC no cumplirían con su parte. La respuesta de Cristina Fernández fue: «Sería un escándalo internacional si no cumplieran. No pueden hacer eso».
En definitiva, la decisión de sumar al ex mandatario a la operación fue improvisada.
Hechos posteriores fortalecieron la posición del Gobierno colombiano: la muerte de varios referentes históricos de las FARC -entre ellos, el jefe, Raúl Reyes- y el espectacular rescate de Ingrid Betancourt y otros 20 rehenes, entre otros.
Pero Hollywood se especializa en tratar de ganar en la pantalla lo que se ha perdido en la realidad. Con una seguidilla de «Rambos», por ejemplo, se quiso dar vuelta la imagen desastrosa que dejó la guerra en Vietnam. Con el mismo espíritu, vuelve hoy Oliver Stone por sus fueros, con un documental centrado en la figura de Hugo Chávez y cuyo tema es «La revolución en Sudamérica». Se trata de la misma película que no pudo filmar en la selva colombiana, pero con un guión remozado. Además, se han sumado caras nuevas, como la del presidente ecuatoriano Rafael Correa y su par del Paraguay, Fernando Lugo, al elenco de figuras admiradas por Stone, que ya integraban Evo Morales de Bolivia y Castro (Raúl, a falta de Fidel) de Cuba. El cineasta ya grabó con cada uno de ellos media hora de película. Faltaban los Kirchner.
Eso sí, a Chávez le dedicó más tiempo. El pasado 8 de enero viajó con él al Estado venezolano de Barinas, en una suerte de peregrinación al sitio que lo vio nacer.
Como si la experiencia de diciembre de 2007 no hubiese servido para nada, nuevamente el Gobierno argentino acepta el papel de extra en una película cuyos beneficios de taquilla, si los tiene, serán cobrados por otros. ¿No hay en su entorno algún Uribe que advierta sobre los riesgos de prenderse como furgón de cola de iniciativas promovidas por otros?

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