Ayer lo hizo en el almuerzo que organiza el CICyP ante muchos de los empresarios que lo escuchaban y esperaban, era obvio, una definición suya sobre el rumbo que seguirá en el balotaje. Como suele hacer el tigrense, bromeó con su posición, prometió apoyar reformas, reconoció que "ningún Gobierno puede ganar una elección en base al miedo", cuestionó el avance desmedido del Estado en estos años, pero al final anunció que ya compró palitos, chizitos y bebidas ligth (demasiada prolijidad este final) para ver el debate presidencial del 15 de noviembre y allí decidir su apoyo personal. Fue en respuesta a una pregunta de Eduardo Santamarina sobre "¿cuál de los dos candidatos está más cerca de tu proyecto?" A continuación vino la obvia aclaración de Massa sobre su creencia personal de no poder dirigir hacia uno u otro el voto de quienes lo siguieron a él en la primera vuelta y el camino de salida, por allí, a una definición que demora en uso de un tiempismo político básico del que hoy depende cuánto logrará negociar con el que gane la presidencial y quién será en el futuro de la política argentina.
Demostró que es todo un showman a la hora de mantener la atención del público hasta último momento con esa decisión, la más importante que el electorado le pidió en su vida, y de ubicarse en el futuro político. Al punto que se dio el lujo ayer Massa de desafiar al propio Eurnekian, que en tono de halago lo puso en el rol del gran árbitro futuro de la política argentina, al contestarle en el inicio de su discurso que "no nos imaginamos árbitros sino autores centrales".
Massa habló en ese convite, arreglado desde antes de la elección del 25 de octubre, después de una presentación que hizo Eduardo Eurnekian en términos más duros que los habituales.
"Será importante contar con el aplomo de la clase política, que evite sumarse a campañas dudosas o aprovecharse de ellas, y terminar por esa vía alterando el orden público".
El equilibrio del organizador fue seguido por el resto de los empresarios. Estaba claro que el ambiente indicaba balanza a favor de la creencia que Massa se inclinaría por Macri, pero no hubo demasiadas preguntas de los empresarios presentes, menos de la mesa principal, sobre a qué candidato apoyará sino más bien sobre temas de la economía. Los apuros quedaron para el final, por ejemplo, cuando Jorge Asís le preguntó si pensaba que "para salvar al peronismo tiene que estar derrotado".
Esquivó otra vez una definición cuando respondió: "Mal puedo sentarme a acordar cargos con alguien que no ganó una elección. Entre los cargos y al agenda yo me quedo con la agenda", se pavoneó.
Por lo demás, Massa se definió ayer sobre el futuro del país en los mismos términos que lo hizo el Frente Renovador cuando emitió el listado de poliíicas de Estado que reclamará cumplir a Macri o Scioli como condición para darles apoyo. Ambos presidenciables, de hecho, le contestaron tacitamente haciendo campaña con algunas de esas propuestas como un camino en espera de la respuesta final del tigrense.
Massa se definió entonces ante los empresarios sobre YPF: "La Argentina tiene que resolver qué hace con YPF", arrancó ante miradas azoradas. "Junto con Enarsa son una herramienta importante, pero eficiencia es prima hermana de transparencia. Y nosotros fuimos críticos de la transparencia en la gestión de YPF".
Tambien pidió reformar el sistema politico: "No más reelecciones indefinidas en Argentina", con aplauso general como premio.
Y se llevó otro hurra cuando pidió para el Banco Central: "Volver a la anterior Carta Orgánica; hoy es simplemente un agente de financiamiento del Tesoro". Fue un festejo tan aufórico como el que había obtenido cuando anunció que el próximo presidente debería derogar inmediatamente la Ley de Abastecimiento.
| Rubén Rabanal |


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