Además de la venta de contratos a futuro, el Gobierno decidió mantener un estricto control de las operaciones cambiarias a través de mecanismos ya conocidos, aunque poco ortodoxos. La AFIP despliega su arsenal de inspectores en casas de cambio y ahora también en las últimas 72 horas sobre cooperativas que se dedican a la venta de dólares en el mercado informal, a lo que se le suman los inspectores del Banco Central, que envía «puntos fijos» para monitorear las operaciones cambiarias que realizan las principales mesas de dinero de los bancos.
Estos «controles administrativos» que ya llevan una semana, al menos en forma mucho más intensa, buscan disminuir todo lo posible la actividad cambiaria. El monitoreo llega incluso hasta las pizarras electrónicas de las casas de cambio. Casi todas las entidades recibieron llamados de las autoridades en los últimos días advirtiendo sobre los «valores máximos» a los que podían salir a vender dólares a través del mercado oficial. «Nos pedían que el valor de venta no lo subamos de $ 4,235, pero como no conseguíamos dólares en la otra punta a un precio menor, directamente tuvimos que dejar de vender», confesó uno de los principales cambistas locales. Además, el férreo control sobre la actividad informal mantiene los precios del dólar «blue» bien por encima de $ 4,42 y con una brecha creciente en relación con el dólar en el mercado formal. En realidad, casi toda la artillería desplegada en esta oportunidad para contener al dólar ya se utilizó durante la crisis de 2008, especialmente luego del nerviosismo que generó la decisión del Gobierno de estatizar el sistema previsional.
Pero en el mercado formal también se nota un claro descenso de las operaciones. Ayer se operaron apenas u$s 195 millones en el Forex (es decir el mercado de cambios formal para el sector mayorista), cuando por lo general se transan más de u$s 400 millones.
Pero además fue un día en el que cayeron fuerte los bonos en pesos, reflejo de que se mantiene la incertidumbre cambiaria. Lo mismo sucedió con los cupones PBI, ante el temor de que la economía argentina crezca menos del 3,26% mínimo que exige el instrumento en 2012 para habilitar un nuevo pago al año siguiente.
Éstos son otros aspectos relacionados con la evolución de los activos argentinos que se comentaban ayer en el mercado local:
La suba de Wall Street no impulsó las cotizaciones locales. En parte porque los bonos argentinos no habían caído tanto la semana pasada. Pero además se registraron algunas órdenes de venta importantes de fondos internacionales que no son precisamente especulativos. «Si Grecia se va al default y no se sabe qué pasará con otros países de Europa, es lógico que a la Argentina le pidan una mayor prima de riesgo», razonaba ayer un operador de bonos de un banco extranjero.
La suba de los rendimientos en los títulos locales en dólares es un arma de doble filo. Si bien un título que rinde ahora más del 10%, como sucede con el Global 2017, puede lucir atractivo, al mismo tiempo refleja que el país no tiene acceso al financiamiento externo. Por lo tanto, es más rentable pero la contracara es que el país tiene menos acceso a dólares.
El voto en contra de los Estados Unidos ante el Banco Mundial también representa una complicación. Primero porque podría trabar nuevos desembolsos de organismos multilaterales, pero también porque no tener al Gobierno norteamericano a favor también juega en contra de un acuerdo con el Club de París. Ambos aspectos demoran la normalización de la Argentina ante los mercados financieros.
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