23 de mayo 2013 - 00:00

Mazzei, un asombroso Jesucristo

Mariano Mazzei pone en juego su enorme carisma y seducción, realzados por una apariencia que remite a las tradicionales representaciones del Mesías en “Jesucristo”, .pieza en la que prevalece la humanidad de un héroe trágico que conmueve con sus enseñanzas y su grandeza espiritual.
Mariano Mazzei pone en juego su enorme carisma y seducción, realzados por una apariencia que remite a las tradicionales representaciones del Mesías en “Jesucristo”, .pieza en la que prevalece la humanidad de un héroe trágico que conmueve con sus enseñanzas y su grandeza espiritual.
"Jesucristo". Libro y Dir.: M.Moro. Int.: M.Mazzei. Esc.: E.Aguilar, Vest.: E.Aguilar y A.K.González. Ilum.: C. del Bianco. (Teatro La Comedia)

Humilde y mordaz, manso e impetuoso, ascético y sensual, así es el Jesucristo que Mariano Mazzei interpreta con notable convicción. El actor brinda un asombroso tour de force que introduce al público en un espacio de amable recogimiento. Su presencia no deja a nadie indiferente: los creyentes reconocen en él al Cristo de la fe, y los más escépticos siguen con interés su discurso, en el que confluye el ímpetu revolucionario, la trascendencia espiritual y el misterio divino.

Habla de su vida familiar ("Mi madre nunca dejó de ser una niña"), analiza la tradición que lo precedió, cita proverbios, confiesa sus dudas y temores y se muestra como un hombre sobrepasado por su misión ("Yo soy tonto a veces. Sé lo que quiere Satán de mí, no siempre lo que Dios quiere de mí). Y además pone especial énfasis en honrar al prójimo y protegerlo.

Los textos del dramaturgo y director Mariano Moro reflejan un profundo conocimiento de la Biblia y de la figura de Jesucristo, a quien el autor define en el programa de mano como "un cordero, un hombre, un dios para leprosos, esclavos y prostitutas". Moro le atribuye a este gran maestro y predicador un lenguaje poético: "Sobre las aguas yo camino a veces. El alma no pesa y no sabe hundirse", además de otras expresiones más pragmáticas e incluso irónicas que no contradicen su infinita piedad ante las miserias humanas.

Apenas entra en escena, Mazzei pone en juego su enorme carisma y seducción, realzados por una apariencia que remite a las tradicionales representaciones del Mesías. A lo largo del espectáculo y sin presionar a nadie- el protagonista estrecha manos, da algunos abrazos y hasta reparte pan y vino entre el público asistente con absoluta naturalidad. También, se desdobla en varios personajes de la historia bíblica haciendo gala de su versatilidad y destreza física. Sobre todo cuando se transforma en un diabólico simio, de voz tenebrosa, que acecha a Jesucristo en el desierto.

Algunas escenas de la obra remitan específicamente a la liturgia cristiana (incluida la crucifixión), pero lo que prevalece en escena es la humanidad de un héroe trágico que conmueve con sus sabias enseñanzas y su grandeza espiritual.

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