1 de julio 2009 - 00:00

“Me cansé de la mediatización que implica el hecho teatral”

Beatriz Mosquera: «Si el teatro es un conjunto de voces, un hecho social, colectivo, la novela es una voz más íntima».
Beatriz Mosquera: «Si el teatro es un conjunto de voces, un hecho social, colectivo, la novela es una voz más íntima».
«Si con el espectador se produce una ceremonia programada, con el lector es un encuentro furtivo, y ésa es una de las cosas que me atrajeron para contar la historia de tres mujeres de distintas generaciones», explica Beatriz Mosquera sobre la génesis de su primera novela, «No te suicides sin mí». Consagrada dramaturga, con numerosas obras premiadas, entre ellas «La luna en la taza», «El primer domingo», «La irredenta», Mosquera es profesora de Filosofía y actualmente vicepresidente de Argentores. Dialogamos con ella para saber cómo pasó de lo que denomina «realismo exasperado» al intimismo y juego de subjetividades de su primera novela.

Periodista: ¿Qué la llevó a pasar del teatro a la novela?

Beatriz Mosquera: Creo que, después de 30 obras estrenadas, me cansé de la mediatización que implica el teatro, que es un hecho artístico colectivo donde uno escribe un texto que pasa por la mirada de un director y luego por la mirada, la emoción y la sensibilidad de los actores. Hay momentos que, cuando esas tres cosas se conjugan, es un hecho totalizador; se vuelve un acontecimiento estético. Pero hay otros momentos en los que uno siente que hay una especie de residuo que no alcanza a manifestarse del texto que uno escribió. Ésta es una de las causas. Por otra parte, en este momento el teatro pasa por múltiples poéticas. Hay las que son más afines, y otras que a uno le son más difíciles de escribir.

P.: En la novela el autor tiene el dominio total...

B.M.: Es por eso que me fui a contar una historia sin mediaciones. Creo que todo comenzó por un curso que hice con Ana María Bovo sobre el narrador espontáneo, porque todos lo somos en algún momento del día, y eso me hizo volver de otra manera a hechos vividos por mí. A replantearme uno de los tantos modos de relato que ofrece la novelística. Después, eso quedó dobladito en mí hasta que me animé a desplegarlo.

P.: ¿Cuál fue el punto de partida?

B.M.:, Me fascinó que, si el teatro es un conjunto de voces, un hecho social, colectivo, y hay una ligazón entre los conflictos del autor y los que viven otros en ese momento histórico, la novela es una voz más íntima, un encuentro de a dos, la reunión del autor con una persona, con su lector. Esto permite bajar la voz, hablar sin una estricta lógica, sin cosas censuradas, de algún forma como si el escritor se estuviera confesando. Esto me provocó muchas modificaciones internas. En el libro el lector elige el momento del encuentro, que es como un encuentro furtivo, en tanto que el teatro es una ceremonia anunciada, donde todo se prepara para ese momento compartido. Todo esto me determinó mucho en el tipo de tema y en la manera del manejo de la palabra. Si en todo relato hay elementos autobiográficos, y en mi novela cuento la historia de tres mujeres en distintos momentos, puse mucho de mi vida.

P.: ¿Qué cuenta en «No te suicides sin mí»?

B.M.: Tres historias. La de una nena que no tiene nombre, que la nombran pero que ella no se puede nombrar. Y eso se debe a que ha vivido una situación muy traumática. Tiene que ver con los bloqueos, las censuras con que rodeaban las familias tradicionales ciertos hechos que consideraban que los chicos no podían entender y de los cuales hay que mantenerlos al margen. Eso estaba signado por la frase: de eso no se habla. Esto golpea dramáticamente en esa nena: vive una realidad que no puede entender porque le han omitido una parte esencial, algo tan fundamental como la muerte de su padre. Nadie le habló nunca de eso, y ella lo fue pensando como pudo. Y así, de algún modo, la condenaron a imaginar. Luego aparece la voz de Laura, una mujer joven que cuenta desde su casamiento a la muerte de su marido. Y va mostrando al pasar cómo lucha por ser ella, por no aceptar ni convenciones ni mandatos familiares. Se la ve parirse a sí misma en distintos momentos de su vida. Creo que esto provocará la identificación en mujeres de una generación que ha tenido que enfrentar un destino predeterminado. El otro personaje, la otra voz, es Mercedes, una vieja que empieza a sentir los estigmas internos y externos de la vejez, y como no los soporta termina de un modo especial rechazando todo eso. En definitiva, son tres mujeres que se expresan y luchan.

P.: ¿Eso es lo que le atrajo de sus personajes?

B.M.: La nena es la más cercana a mi corazón por el desamparo que sufre, aunque esté bien cuidada y llena de cosas que no necesita. Me pareció que en ese sector me imponía el desafío de no olvidar al niño que llevamos dentro. De Laura me gusta la firmeza de sus elecciones, y la capacidad de reconocerse de varias formas en distintos momentos de su vida, de ir eligiendo la que reconoce como más auténtico, a veces en medio de grandes confusiones. Mercedes es la máscara que se dibuja cada mañana y el rostro que no quiere mostrar, aún próxima a morir, que se vuelca a dialogar con su finitud. Con su humor corrosivo me hizo comprender, aún desde sus carencias, que hasta las más extremas imposibilidades abren otras posibilidades y que hay que estar atento para no dejarlas pasar sin vivirlas. No sólo el lector aprende de los personajes, también le sucede al autor cuando los deja hacer y hablar.

P.: ¿A qué se refiere el título?

B.M.: A los pequeños suicidios que realizamos contra nosotros mismos, que cometemos a lo largo de la vida. Las equivocaciones en que caemos por no escuchar la voz interior que nos previene: no lo hagas, no es el momento, esperá, y sin embargo uno lo hace. Para explorar esto en la novela están esas tres historias de mujeres que se meten en los recovecos de la memoria, del olvido. Hay vínculos entre ellas al punto de que abren interrogantes, intrigas. ¿Quién escribe, describe, a quién? ¿Quién recuerda a quién? ¿Quién le pide a quién: no te suicides sin mí? Cada lector arma la historia, su historia. Cuando busqué el título, dudé mucho. Si dejé el que tiene es porque tiene múltiples significaciones.

P.: ¿Cómo vincula la historia de esas tres mujeres?

B.M.: Las voces están entremezcladas, una voz lleva a la otra, para volver a otra. Podría haber hecho una cronología, pero no me resultó estimulante sino, en este caso, convencional.

P.: ¿En el fondo las tres no son la misma persona?

B.M.: Para dar respuesta a eso hay que leer la novela. El lector hará su propia interpretación. Hay quienes dicen que son matices de una sola voz, que es una sola mujer, otros que son dos, y las que encuentran a las tres. El lector se enfrenta a un conjunto de fragmentos de historias que va armando dentro de sí. Eso es una de las cosas que más me interesaron al ponerme a escribir. Uno es «uno, nessuno e centomila», como dijo Pirandello.

P.: Al entrar en la novelística, ¿qué autores influyeron en usted?

B.M.: Hay muchos que me gustan, Pirandello, Proust, Borges, Cortázar, Rivera, pero no sé si me influenciaron, porque el proceso de construcción de «No te suicides sin mí» fue más inconsciente que consciente, más desde la lógica del cuerpo donde quedan las huellas de lo sucedido que desde un racionalismo estructurante, y me alegro enormemente, porque una dificultad en mi dramaturgia, en mi teatro, es que nunca me pude sacar a Aristóteles de la cabeza. En mi novela pude dejar de lado lo que aprendí en la facultad, pude abandonar un poco lo que va de los clásicos a Derrida o Foucault. Al decir esto veo que claramente he tenido una mayor influencia de los pensadores, de los ensayistas, de los dramaturgos que de los narradores. El teatro impone límites, en la novela cabe todo, uno puede dejarse fluir.

P.: ¿Qué escribe ahora?

B.M.: Otra novela, que ya tiene título, aunque después acaso lo cambie; se llama «La mentira perfecta». No es fácil cuando uno tiene todo un camino recorrido lanzarse a la aventura y sorprenderse con gran felicidad investigando un nuevo espacio, otro aspecto de la creación.

Entrevista de Máximo Soto

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