19 de febrero 2014 - 00:00

“Me identifico con Leopoldo Marechal por su veta popular”

Acosta: “Aunque la novela está enmarcada en los años noventa, en la época de Menem (y eso tiene un relativo peso), lo que me interesó fue retratar dramas, dilemas y afanes humanos que son permanentes”.
Acosta: “Aunque la novela está enmarcada en los años noventa, en la época de Menem (y eso tiene un relativo peso), lo que me interesó fue retratar dramas, dilemas y afanes humanos que son permanentes”.
Un mediocre visitador médico, Vito Vila, recibe sorpresivamente una herencia que lo vuelve millonario, pero para poder materializar esa fortuna debe cumplir una cláusula que lo lleva en brazos de una mujer fea que le cambiará la vida con intensas dosis de sexo. A partir de esa idea central, Julio Acosta escribió "En brazos de una mujer fea" que fue finalista en un concurso internacional y acaba de publicar Seix Barral. Con anterioridad, Acosta escribió los poemas de "Pequeñas cobardias", los relatos de "Vino para contarnos", la novela "Y la muerte llenaba la casa" y numerosas obras como ghost writer. Acosta colaboró como editor en diversas editoriales de primera línea, se graduó de licenciado en Letras en la Universidad del Salvador, donde fue docente y abandonó a los dos meses "porque en ese lugar la gente que iba a estudiar literatura, no leía". Fue un premiado guionista y dialoguista de cine, ha escrito para televisión y actualmente dicta clases en la Universidad Nacional de Avellaneda en la cátedra de Guión de Cine. Dialogamos con él.

Periodista: Tratándose de una novela que trata de una pasión inesperada, que habla de música, de política, de medicina, de sucesos culturales, de emociones y sentimientos,¿a qué género considera que pertenece "En brazos de una mujer fea"?

Julio Acosta:
En principio busqué que fuera una novela coral, rechazando la estricta filiación que veo en la actualidad de desarrollar una novelística ligada a los histórico, como si eso fuera una certificado de autenticidad de la novela, a recrear sólo un mito a regodearse en la más absoluta subjetividad, en el contarse a sí mismo. A mí lo que me interesó, por más que "En brazos de una mujer fea" esté enmarcada en los años noventa, en la época de Menem (y eso tiene un relativo peso), es retratar dramas, dilemas y afanes humanos que son permanentes. Es por eso que Eros y Tanatos, el amor contra la muerte, están muy metidos en la novela. Está como otro tema fundamental la superación de los prejuicios. Vito Vila, el protagonista central, está muy atado a lo cotidiano, acata las reglas que le impone la sociedad, y de golpe se encuentra con una mujer que por estar muy próxima a la muerte, tiene otra conciencia de lo que es la vida. En definitiva, creo que se trata de una novela de aprendizaje, pero en un hombre de 56 años.

P.: Un tema que a usted le interesa especialmente.

J.A.: Es cierto, mi primera novela, "Y la muerte llenaba la casa", fue una novela de aprendizaje, pero el protagonista tenía 17 años, como suele tener el común de los personajes de las novelas de iniciación. En el caso de "En brazos de una mujer fea" es una novela de iniciación tardía.

P.: ¿Qué significa para usted "aprendizaje tardío"?

J.A.:
Es lo que le sucede a Vito Vila, que tiene que aprender a vivir a partir de otro personaje, que tiene mucho para dar, que tiene mucha vida porque precisamente su vida está colindando con la muerte. Ella, Eme, tiene las fauces de la muerte permanentemente detrás de ella, es una mujer enferma que debe hacer diálisis. Y se ve en las guerras donde junto a los feroces conflictos hay una enorme actividad sexual, y nacen muchos chicos. Esa atadura con la existencia, ese impulso vital, crecen en el momento en que se considera que se puede perder la vida. Vito no tiene esa amenaza, ni siquiera conoce que hay otro aspecto de la vida. Incluso, si se acerca a ella, es forzado por una cuestión económica, y descubre todo un nuevo mundo, que después, cuando se aleja de ella, se va a dar cuenta que ahí, en esos setenta días que vivió con esa mujer, está lo más intenso que vivió en su vida. Allí está su tardío aprendizaje, y si sobre el final no vemos aún a Vito transformado podemos intuirlo sobre las últimas de las 310 páginas que tiene la novela.

P.: ¿Cómo apareció en usted ese tema?

J.A.:
Hay personajes que no saben que la vida es mucho más rica de lo que ellos creen. Que eso se lo enseñe alguien que está por morir, es un tema que ya estaba en mi primera novela, que trataba de un hijo y un hombre, que desconocía que era su padre. Para mí es un misterio cómo fue surgiendo "En brazos de una mujer fea". Hubo una elaboración previa de tres años, y una escritura que me llevó dos. Trabajé principalmente con la historia de Vito y Eme, después lo enriquecí con la historia de un laboratorio medicinal, y su lado oscuro. Luego me dediqué a la parte poética, que son los monólogos de ella, donde me di el gusto de jugar con el ritmo y la música de las palabras. Finalmente vino la mezcla, que construyó la novela coral, y que me llevó bastante. Saber, por ejemplo, el momento en que podía abusar de la paciencia del lector contándole circunstancias políticas para volver a la historia central. A veces era para dar información imprescindible y otras para instalar un efecto, eso también lo tenemos los escritores.

P.: Usted hace bella e intensa a la que califica de mujer fea.

J.A.:
Así como Flaubert dijo "Madame Bovary soy yo", yo podría decir que el personaje con el que me identifico es con Eme, la protagonista. Es Eme quien sacude a Vito como a mí me gustaría sacudir a un pequeño burgués, y decirle no, la vida no es eso qué creés, tiene otros valores y otra dimensión. Somos carne, y por la carne podemos tener una ascensión. Como Eme prefiero una visión poética y riesgosa de la vida a la edulcorada y acomodada, supuestamente sin riesgos, vida de Vito Vila. Yo heredé de mi padre una formación moral muy rígida, pero de mi madre un gran erotismo y un gran hedonismo, eso me hizo identificarme mucho con Eme. La presencia de la muerte la tengo siempre cerca, soy el único sobreviviente de mi familia básica, digamos que dialogo más con muertos que con vivos, en términos familiares. Y las mayores emociones estéticas las viví escribiendo los monólogos de la señorita Eme.

P.: Que no se priva de nada, pero no cae en la pornografía.

J.A.:
Es que la pornografía es mostrar el sexo por mostrarlo, sin emoción, y en mi novela, el sexo está como una pulsión de vida. Es esto que tenemos los humanos, y nos aferramos a esto. La señorita Eme dice: "yo no sé si existe Dios, pero conozco la inmediatez de la carne, me reclama en el dolor o en la urgencia del sexo, y yo me aferro a esta certeza; esto soy yo, y esto sí sé que soy yo". En el tiempo en que yo no sabía qué iba a pasar con esta novela, que me demandó tanto esfuerzo, cuando la envié al Concurso Seix Barral, sin esperar demasiado, mi ánimo se estimulaba cuando leía de corrido todos los monólogos de la señorita Eme. Cómo todo el mundo me conocía en la Argentina como editor, fue por eso que mandé la novela al concurso que se hacía en Barcelona. Cuando salió finalista me llamaban para preguntarme si ese Julio Acosta era yo.

P.: Para su protagonista lo que le ocurre tiene mucho de tragedia.

J.A.: Tiene mucho de lo que los místicos llaman ascesis, que es una especie de purificación, una subida al monte de la purificación. Tiene que conocer el goce, el dolor, otra perspectiva de la vida. Quizá me ensañé un poco con él porque es de esa gente que cree que en la vida sólo hay blancos y negros, hasta que le toca vivir grises.

P.: Su novela comienza citando al un poco olvidado Leopoldo Marechal.

J.A.:
Esa es la literatura para mí, la literatura de los olvidados. Acaso porque yo quiero escribir en español pero que me reconozcan como un novelista argentino. Si cito a Marechal es porque me identifico con él por su veta esencialmente popular sin renunciar a todo su bagaje clásico. En "Megafón" después de revivir a Platón y al mundo griego dice "sacudime la persiana que allá viene doña Juana". Pensé en llamar a mi novela "Con el número dos nace la pena", frase que le hubiera robado a Marechal, y que ahora cito. Creo que Marechal está esperando una gran reivindicación como autor.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

J.A.:
Una versión, también en los años noventa, que es un homenaje evidente a "La celestina", texto fundamental de la lengua española, y casi secreto a mi madre, una correntina medio bruja, y a quien encuentro muchos parecidos con la Celestina. Eso está creciendo y me estoy divirtiendo muchísimo, me río muchísimo, y ahí mezclo algunas palabras en un guaraní fonético, que son recuerdo de mi infancia.

Entrevista de Máximo Soto

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