8 de febrero 2012 - 00:00

“Me propuse alejarme del costumbrismo a ultranza”

Tras cerrar con «Jardín», la próxima semana, la trilogía de Alan Ayckbourn, Martínez se dispone a actuar en un film de Duprat y Kohn y a volver a la TV con «Condicionados», una serie sobre el mundo de la pornografía.
Tras cerrar con «Jardín», la próxima semana, la trilogía de Alan Ayckbourn, Martínez se dispone a actuar en un film de Duprat y Kohn y a volver a la TV con «Condicionados», una serie sobre el mundo de la pornografía.
Hoy a las 21, Oscar Martínez estrenará «Living» en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza. Es el segundo título de la trilogía «Todos felices», del dramaturgo inglés Alan Ayckbourn, que se inició días pasados con el estreno de «Comedor» y se completará la semana próxima con «Jardín». El elenco está integrado por: Carola Reyna (Sara); Muriel Santa Ana (Ani); Carlos Portaluppi (Leo); Peto Menahem (Charlie); Juan Minujin (Daniel) y Silvina Bosco (Eva).

Cada obra concentra la acción en un determinado ambiente de la casa y aunque las tres fueron escritas como espectáculos autónomos, se las aprecia mejor en su totalidad, dado que la acción transcurre en distintos espacios de una casa, pero en el mismo lapso temporal (un fin de semana de 1968). Allí se desarrolla un conflictivo encuentro entre hermanos y cuñados -más un vecino- que pese a sus esfuerzos no logran ponerse de acuerdo en nada.

A Martínez se lo ve exhausto después de tanto trajín y a la vez satisfecho por los resultados: «Me alegra que los que vieron Comedor la hayan tomado como una sitcom, porque eso fue lo que nos propusimos: una comedia con cierta artificialidad y alejada del costumbrismo a ultranza».

Periodista: Qué difícil es explicar este espectáculo en el que cada una de las partes va mostrando lo que no se vio en las otras.

O.M.: El mismo dilema tuvieron los productores, la gente de prensa y yo también. Me preguntan: ¿Son tres puntos de vista distintos sobre el mismo hecho? No. Son una serie de situaciones que se desarrollan en tres ámbitos y que hacen a la totalidad de la historia.

P.: La versión de la TV inglesa resultó muy abu

O.M.: Creo que es de fines de los 70. El productor Pablo Kompel me pasó los DVDs y sólo vi dos minutos y dejé porque me pareció horrible, carente de humor y de una lentitud insoportable. Tengo entendido que cuando la reestrenaron en el Old Vic (2008), y luego en Broadway, hicieron otra cosa.

P.: Usted ubicó la acción a fines de los 60 y le agregó una banda musical muy pop con temas de Palito Ortega y otros hits de la época.

O.M.: La pieza es de 1975, y no daba para ubicarla en la Argentina en esa década espantosa, de explosión de la violencia antes, durante y después de la dictadura. La versión que me llegó transcurría en la actualidad, pero algunas situaciones resultaban poco creíbles. En cambio, la década del 60 le va mejor por ser una época más inocente y esperanzada. Fue la época del mayo francés, del hippismo, de la liberación sexual, del movimiento feminista con Simone de Beauvoir a la cabeza, y también fue la época de mi adolescencia. Me resultó muy fácil trabajar en ese contexto, que además tiene el ingrediente adicional de una estética muy atractiva en los peinados, la ropa, los objetos y hasta en el léxico utilizado. Para las escenografías optamos por un tratamiento no realista, queríamos que se parecieran a los antiguos decorados de televisión.

P.: Además del cuñado picaflor que quiere hacer felices a las mujeres de la familia y sólo arma enredos, los demás personajes tampoco pueden concretar sus deseos, no se sabe si por desidia o por estupidez.

O.M.: La verdad es que son todos desdichados y buscan la felicidad con la ceguera y necedad con que muchas veces lo hemos hecho todos. Son tan patéticos como cualquiera de nosotros. Uno de afuera lo ve con mucha claridad y se ríe, pero nadie se reiría de no haber algo en ellos con lo que el público se identifica. Me alegra que haya pasado esto. Hay que tener cierta grandeza como espectador para reconocerse en esta gente. El riesgo de la puesta era estigmatizar a los personajes. Yo me ocupé de hacerlos muy humanos y de evitar la caricatura, sino son un coro de estúpidos y te vas diciendo qué pedazo de tarados, sin dejar que sus conductas te rocen.

P.: ¿Tiene algún otro proyecto teatral?

O.M.: No. Cuando pase este estreno voy a trabajar en «Ciudadano ilustre», la nueva película de Gastón Duprat y Mariano Cohn (los directores de «El hombre de al lado»). Se trata de un famoso escritor argentino, radicado hace cuarenta años en Europa y Premio Nobel de Literatura, que viene al país porque le van a hacer un homenaje en su pequeño pueblo natal.

P.: También vuelve a la televisión con una ficción de trece capítulos.

O.M.: Sí. El 28 de febrero empezamos a grabar «Condicionados» con Soledad Silveyra, Leticia Bredice, Gerardo Romano, Ana María Picchio, Fabio Posca. Tiene un elenco importante y se emitirá por canal 13.

P.: Es sobre el negocio de la pornografía ¿Ya sabe qué enfoque le van a dar a este tema tan complicado?

O.M.: Ya leí varios capítulos y creo que el tema está manejado con bastante astucia y altura. Más que nada, es la historia de una familia común que está metida en ese negocio. Soledad y yo somos un matrimonio, casado hace muchos años. El es director de cine porno, ella fue una actriz de cine porno y tienen un hijo, una hija y una empresa a punto de quebrarse. El matrimonio atraviesa una crisis tremenda en la que entran a jugar terceros, tanto de un lado como del otro. El unitario no va a estar tan focalizado en la industria porno, salvo en los primeros capítulos.

P.: ¿Sigue escribiendo teatro?

O.M.: Por ahora no. Me encantaría, pero lamentablemente necesito mucho tiempo y hasta ahora no lo tuve. Montar estas tres obras fue un laburo enorme, también para los actores. Ensayamos cuatro meses y antes de eso tuve que traba-jar exhaustivamente con el texto.

Entrevista de Patricia Espinosa

Dejá tu comentario