4 de marzo 2009 - 00:00

Medidas anticrisis: nace un plan Marshall global

Una sorprendente coincidencia entre el primer ministro británico Gordon Brown y el Vaticano sobre cómo enfrentar la crisis financiera global podría hacer pensar que el remedio a la debacle será de inspiración divina. Cada día trae su lote de malas noticias: salvatajes fallidos, récords de pérdidas corporativas, economías cayendo una tras otra en recesión, etc. Sin embargo, no se trata aquí de creer que sólo un milagro detendría la caída, sino de una propuesta concreta y «revolucionaria», pues implica una total inversión de la lógica que inspiró hasta ahora las medidas anticrisis: apostar a que una colosal inversión de las economías centrales, no en sus propios mercados sino en favor del desarrollo de los países pobres, contribuya a determinado plazo a revertir la crisis en el centro del mundo. Un plan Marshall global.
El mismo día -19 de febrero pasado- en que era recibido por el papa Benedicto XVI, Gordon Brown publicó en el diario del Vaticano, L'Osservatore Romano, una columna titulada: «Un desafío global. Crisis económica y desarraigo de la pobreza». Allí sostiene que la crisis ha privado de financiamiento a «los países más pobres», lo que «significará hambre para millones de personas» y que «no podría haber razones morales más válidas» para encarar soluciones. «Por demasiado tiempo -escribe Brown- sólo los países ricos han estado en grado de introducir capital en sus economías en períodos difíciles. Esta vez debe ser diferente. Es hora de ver a los países en vías de desarrollo insertados en las soluciones internacionales». Y anuncia que ha «iniciado conversaciones con el FMI, el Banco Mundial y otros organismos» a fin de «introducir miles de millones de dólares en las economías de los países en desarrollo».
Llamado papal
Brown recuerda que «el Papa Benedicto» ha instado a «un plan de acción internacional concertado dirigido a liberar el mundo de la pobreza extrema». Y concluye: «Yo sostengo este llamado».
En este artículo, el premier británico estaba retomando una idea del banquero católico, Ettore Gotti Tedeschi, presidente para Italia del Banco Santander, publicada poco antes (30/01/2009) por el mismo diario vaticano: la de una «good bank» para favorecer el desarrollo. Gotti Tedeschi sostiene que, así como en los años 1930, «la tragedia de la guerra resolvió la desocupación» y «el plan Marshall los problemas de pobreza, garantizando la reconstrucción de Europa», hoy «la guerra que se debe financiar es la guerra contra la pobreza global y la reconstrucción que se tiene que garantizar es la de los países pobres».
No faltan las reacciones escépticas ante estos llamados a «moralizar» el capitalismo, pero vale recordar que de la crisis del 30 y de los errores de la primera posguerra surgieron el Estado de Bienestar e instituciones como Naciones Unidas y el FMI.
En esta crisis, la moral está en el banquillo, pero como afirma el propio Gotti Tedeschi, «el mundo rico no ha sido sólo egoísta: ha sido tonto».
Y si bien hoy los políticos coinciden en la condena al pecado capital de la «codicia», las motivaciones de Gordon Brown, así como las de Gotti Tedeschi, son tanto de orden moral como práctico. Este último se declara feliz de que «el premier de una gran Nación» haya reconocido «implícitamente lo insostenible de la autonomía moral de la economía», pero su plan tiene una finalidad bien material: «Buscar riquezas para compensar las pérdidas, allí donde hay potencial para hacerlo rápidamente». Y aventura que «quizá se habría podido evitar la crisis si la extensión de la riqueza hubiese alcanzado también al resto del planeta; así ha sido en los últimos 20 años en Asia, donde ahora hay economías que están incluso sosteniendo a las nuestras». Su conclusión: «La solidaridad paga». En su artículo, Gordon Brown dice que «el Reino Unido y la Santa Sede» comparten «valores religiosos, como la justicia y la solidaridad» pero agrega que «ya no se trata sólo de razones morales». Sin una respuesta global, «la recesión será más profunda».

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