10 de mayo 2010 - 00:00

Mejor el Páez músico que el divo mediático

Tras el cruce verbal con Ricardo Arjona por las entradas que vende cada uno (le gana lejos el guatemalteco), Fito Páez mostró en dos Luna Park no demasiado llenos que sigue siendo un buen músico.
Tras el cruce verbal con Ricardo Arjona por las entradas que vende cada uno (le gana lejos el guatemalteco), Fito Páez mostró en dos Luna Park no demasiado llenos que sigue siendo un buen músico.
Presentación de «Confiá». Fito Páez (voz, piano, guitarra). Con D. Olivero (teclados), C. Debernardi (guitarra), E. Quintana (bajo), G. Baremberg (batería), C. Vandera (guitarra), D. Espeche (guitarra) y J.P. Absatz (teclados). (Luna Park; 7 y 8 de mayo).

Sería mucho mejor para todos -pero sobre todo para él mismo-, si Fito Páez simplemente se dedicara a hacer canciones y a cantarlas sobre un escenario. La pelea verbal con Ricardo Arjona, por la cantidad de tickets vendidos y su relación con la sociedad actual, terminó dejándolo muy mal parado: porque Charly García -al que Páez usó como escudo- salió a desautorizarlo tras su Vélez colmado y porque el rosarino, en definitiva, no logró reventar sus Luna Park como sí, y por tantas noches, lo hiciera el meloso guatemalteco.

Y decimos que simplemente le convendría hacer su trabajo, porque es ahí donde la obra de Fito entra en la más alta competencia, donde su espacio está perfectamente ganado, más allá de los vaivenes del marketing. Y ni siquiera debería preocuparse tanto por su imagen -impecable combo de traje, corbata, camisa y zapatos blancos, a la manera de Goran Bregovic; peinado «de peluquería»-, porque lo lleva a un terreno frívolo que no lo favorece.

Con un disco recién editado -»Confiá»- que apunta a una moraleja desde su título y una de sus canciones, Páez llegó esta vez al Luna con una banda remozada. Tuvo su sostén principal en los teclados de Diego Olivero y Juan Absatz y en la guitarra de Dizzy Espeche. Hizo unos cuantos temas del nuevo álbum (con algunos cambios en la lista entre viernes y sábado). Y tuvo a Claudia Puyó como invitada.

Pero lo más importante, lo que pone al músico en la cresta de la ola, estuvo en el largo listado de clásicos propios que completaron los 27 títulos de sus shows. Desde «Follies verghet», de aquel recordado «La la la» compartido con Spinetta, hasta «Llueve sobre mojado» -»gracias Sabina», dijo, en relación al disco compartido-, pasó por «El chico de la tapa», «Circo beat» (uno de los momentos salientes de sus conciertos, del mismo modo que «Tumbas de la gloria»), «Cable a tierra», «El diablo en tu corazón», «Un vestido y un amor», «El amor después del amor», «Polaroid de locura ordinaria», «Ciudad de pobres corazones» (guitarra al hombro), «A rodar mi vida», «Giros», «Mariposa tecknicolor», etcétera.

Fue del sonido más furioso -aunque desde ese lugar glamoroso que ha elegido como lenguaje- a la balada y del pop al rock and roll. Se mostró feliz, disfrutando de este tiempo aunque no sea el de su mayor popularidad. «Estamos cantando frente al Luna Park, los hijos están bien de salud, qué más se le puede pedir a la vida», dijo promediando su show; y quizá ése sea un mensaje que lo favorezca mucho más que cualquier disputa.

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