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Meloso drama que pudo ser un buen film fantástico
Lo gracioso del asunto es que las bebidas alcohólicas acentúan sus idas y venidas en el tiempo, que para colmo ocurren sin ropa, o sea que puede reaparecer en cualquier lado y en cualquier época del año, siempre desnudo, lo que lo convierte en todo un experto en hurtos de ropa, mantas o cualquier cosa que sirva para que la policía no lo detenga ipso facto.
La vida del viajero en el tiempo será dura, pero al menos incluye la posibilidad de hablarle desnudo a niñas pequeñas escondido detrás de unos arbustos, y convencerlas de que cuando crezcan serán marido y mujer. Así es como, ya adulta, Rachel McAdams está convencida de que su destino está escrito, y locamente enamorada se las ingenia para armarse toda una vida alrededor de este marido.
Bruce Joel Rubin intenta armar un romance mezclado con elementos fantásticos, fórmula con la que le fue más que bien en «Ghost, la sombra del amor», pero esta adaptación de la novela de Audrey Niffenegger hace agua por varios lados, empezando por la falta de lógica en los detalles de los viajes en el tiempo del protagonista y, sobre todo, en el tono de melodrama almibarado, medio pesado y pretencioso que el film va tomando en su tercio final. Una pena, ya que hay imágenes lindas y buenas actuaciones de la pareja protagónica. El asunto daba para algo más que la típica peliculita romántica destinada a aparecer y desaparecer en interminables tardes lluviosas de un zapping de TV por cable.


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